Sólo chispazos de Chicago
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"Festival de Rhythm & Blues", con las Blacanblús; el pianista Johnnie Johnson y el guitarrista Bo Diddley, acompañdospor la Debbie Hastings Band. En el Gran Rex. Nuestra opinión: bueno
Un festival de rhythm & blues con altibajos fue el que reunió anteanoche a Las Blacanblús con el legendario Bo Diddley y el ex pianista de Chuck Berry Johnnie Johnson, que resultó lo mejor de la noche, en un Gran Rex sólo poblado en los sectores de localidades más económicas.
Por cierto, parte de la responsabilidad en ese claroscuro musical fue la Debbie Hastings Band, de floja performance, defendida sólo por el bajo de la propia Deborah Hastings, quien luchó a acorde partido con el baterista, un tal David Johnson (sin parentesco, claro con Johnnie), quien parecía hasta desconocer los temas.
Abren el encuentro Las Blacanblús con un tema a capella donde la voz de mezzosoprano de Debbie Dixon lució por su fuerza.
Luego llega el primer blues, "Maxi", en la voz de Cristina Dall, un tema sentido pero que suena vacío sin una banda que lo respalde. Títulos como "No quiero tu dinero, sólo tu amor" o "Un maldito piano" tendrán al bajo y hasta a la batería grabadas, algo que ciertamente resta calidad a la interpretación.
Hubo aplausos para esta banda con hinchada propia que se autodefine como "incondicional seguidora de Johnnie Johnson" y son Dall y Dixon quienes lo presentan.
El mejor momento
A paso lento, afectado por sus problemas de salud, Johnson camina hasta un sencillo piano eléctrico, donde desde el mismo inicio arrancó las melodías más tradicionales del rhythm & blues.
Conocedor de cuanto yeite se hace en un piano, Johnson hace una deliciosa versión de un clásico, "Stormy Monday", que suena excelente en su voz gastada, aguardentosa y tan mimetizada con el espíritu blusero. Frasea lento, mientras su mano izquierda mantiene un strike impecable.
Sus solos combinan acordes con arpegios tan pegadizos que son una invitación al movimiento.
Llega "Kansas City" y nuevamente su voz se destaca como un sonido a rumor callejero; se come los finales de cada palabra en busca de no perder ese swing, que ni los años ni la enfermedad onsiguen quitarle.
Sencillo, con una sobriedad a prueba de balas, Johnson, tras una rumba blues, ataca "Route 66", que canta con convicción, exento de pose.
Finaliza su show y se retira con un auditorio que lo despide de pie. Vuelve para hacer "Tanqueray", un tema a medio tiempo, que tan bien maneja este músico que ya superó los 70 años y que compuso junto a Keith Richards temas para el excelente álbum "Johnnie B. Bad".
El esperado Bo Diddley
Johnson se despide en medio de una ovación para dar paso a Bo Diddley, quien junto a su legendaria guitarra cuadrada y su sombrero negro realizó un show mediocre, aunque nadie discuta sus aportes al rhythm & blues con temas como "I´m a Man"y "Mona", que pusieron de pie al público que acompañó con palmas buena parte del concierto de este baluarte de Chicago.
Baila con su llamativo traje rojo, acompañado por una camisa negra y se muestra más dicharachero que en su show del día anterior en el Hard Rock Café, aunque musicalmente no haya mucho más.
Casi obsesivo en esos arreglos de mantener la misma nota durante vueltas y vueltas y que francamente aburren ante la falta de matices del guitarrista Nuncio Signore, otro integrante de la desajustada Debbie Hastings Band.
Luego pasaron un respetable "Crackin´Up" con partes rapeadas, "Who do you love" y, para el final, su "Bo Diddley", despedido de pie por el público, que gracias a no exigir mucho la pasó muy bien.





