
Spinetta, con el poder de la palabra
Nuestra opinión: excelente. Teatro Gran Rex. Funciones: hoy, a las 21, y viernes 14 y sábado 15, a las 22.
1 minuto de lectura'

Recital de Spinetta y Los socios del Desierto, integrado por Luis Alberto Spinetta (guitarra, voz), Marcelo Torres (bajo) y Daniel Wirtz (batería). Invitados: Mono Fontana (teclados) y Nico Cota (percusión). Las estrellitas que se ven más arriba están de más. Podría no haber ninguna o llenar esta página de ellas. No importa. Basta decir que toca Luis Alberto Spinetta. Que el artista está en un punto de madurez creativa que, por supuesto, también le es útil para recorrer casi treinta años de carrera.
No sirven las estrellas. Sobre el escenario está el artista y su obra. Ni siquiera importan los nombres de los temas. Si toca un rock and roll o una balada. Si hay una guitarra furiosa o apenas un teclado que apoye la melodía.
Como un restaurador de tormentas, Spinetta regala palabras desde una poética del asombro y la plegaria, de la luz y la sombra, de todo aquello que se pueda conjugar para conformar una obra. Ahí radica lo más fuerte de esta renovada etapa del flaco acompañado por músicos sensiblemente virtuosos.
No importa que la primera hora haya sido acústica, con versiones de canciones de sus varias etapas, como "Durazno sangrando", "Credulidad", "Lago de forma mía", "Ludmila" o "Jardín de gente". Hay para todos. Tema más, tema menos.
Tampoco es necesario que hable. Se molesta cuando le piden temas. "¡Flaco, tocá La serpiente viaja...!" El contesta: "En el Tren de la Costa". O "Tocá El monstruo de la laguna". Respuesta: "Andá a Chascomús", para cerrar el ping-pong: "No dialoguemos. Estoy para tocar".
Y entonces sigue la música. Pero después de una hora, deja la acústica y se calza la eléctrica. Es decir, se viene el rock and roll: "Bosnia", el nuevo "Piluso" (dedicado al personaje de Olmedo), "Chaques", "La luz te fue", "Estrella" (de Ratones Paranoicos), "Ana no duerme". Mucha distorsión. Mucha furia desatada como para ser nada más que un trío. Entonces vuelve la calma. Todos dejan el escenario y sólo queda Spinetta, que invita nuevamente al Mono Fontana, ese exquisito.
Y sigue la sutil "Laura va". Muchos veteranos lagrimean. No está mal. Sobre todo, porque este tema del primer álbum de Almendra tiene una íntima conexión (coherencia) con los temas que aún no se editaron.
Y "Los libros de la buena memoria" vuelven a estar presentes para confirmar, tal vez, que la historia de este artista no es casual. Que su poesía no tiene una edad determinada ni cumple un papel por alguna "necesidad" del mercado o las urgencias de los años.
Ahí está Luis Alberto Spinetta. Un hacedor de canciones. Melodías que arman un camino de incertidumbres e iluminaciones. Hay desgarramiento y hay luz. Hay amor y silencio.
No importa que toque dos horas y todos quieran más. Igual, es suficiente. Podrían haber sido otros temas, pero con eso no cambia mucho la cosa. La lista es apenas una posibilidad para asumir este reencuentro siempre apasionado.
No en vano en la puerta muchos se encontraban y decían: "Venimos a misa". Hay una comunión. Un gesto de complicidad del que disfrutan los que están sobre el escenario y los de abajo, por más que El Flaco se niegue a tocar lo que le piden. Esa es una actitud que todos conocen y, por esas cosas extrañas que suceden entre los seres humanos, se aceptan con el propio reclamo.
1
2Amó con el corazón pero la vida le pegó duro: las dos muertes que marcaron para siempre a Pierce Brosnan
3Los imperdibles de 2026: de Adrián Suar, Guillermo Francella y Marianela Núñez a Bridgerton y AC/DC
4Carli Jiménez: el bullying por ser “el hijo de La Mona”, el papá que no conoció de chico y el artista al que maneja de grande


