Su batalla contra la enfermedad
Aún limitado, no perdió su pasión
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En los últimos años, Javier Portales fue protagonista de una lucha dura e ingrata contra la enfermedad. Hace una década, con un resbalón sufrido una tarde de verano en su quinta, se inició para el actor un auténtico calvario que soportaba desde una silla de ruedas y con movimientos muy restringidos debido a las dolorosas secuelas de una serie de operaciones en la columna, al quedar dañada la espina dorsal. Inclusive, llegó a viajar a Cuba para pasar allí una etapa de su rehabilitación.
Ese cuadro sumió a un actor acostumbrado en sus años felices a la actitud vital, simpática y desenvuelta en un estado de tristeza y melancolía. Esto fue visible, sobre todo, en aquellas cuestiones que involucraban a su más cercano entorno familiar y que cada tanto reaparecían, por lo general con un perfil escandaloso, en varios ciclos de TV dedicados a los chimentos.
El abatimiento que afectaba a Portales en esas circunstancias sólo lograba modificarse cada vez que algún proyecto escénico o televisivo lo tenía en cuenta. El actor imaginaba que de esa manera podría llegar a mitigar crecientes dificultades físicas y económicas que cada vez le costaba más sobrellevar. En los últimos años pudo por fin darse el gusto de dirigir teatro (primero, en 1999, con "La importancia de ser ladrón", y un año después con "¡Jettatore!", ambas en el Regio), pero la mayoría de esos planes se truncó.
Ayer por la tarde, Javier Portales falleció en una clínica de esta capital -donde se encontraba internado- a raíz de un paro cardiorrespiratorio provocado por el agravamiento del cuadro de diabetes que lo afectaba desde hacía tiempo. Sus restos eran velados desde anoche en Acevedo 1120 y recibirán sepultura hoy, a las 11, en el Panteón de Actores del cementerio de la Chacarita.





