Tan arriesgada como caótica
"Perdita Durango" (Idem, España-México-Estados Unidos/1997). Producción hablada en inglés, presentada por Eurocine. Fotografía: Flavio Martínez Labiano. Música: Simon Boswell. Intérpretes: Javier Bardem, Rosie Pérez, James Gandolfini, Screamin´ Jay Hawkins, Harley Cross, Aimee Graham, Carlos Bardem, Santiago Segura y Alex Cox. Guión: Barry Gifford, Jorge Guerricaechevarría, David Trueba y Alex de la Iglesia, basado en la novela "Perdita Durango" ("59º and Raining: The Story of Perdita Durango"), de Barry Gifford. Dirección: Alex de la Iglesia. 126 minutos. Para mayores de 18 años. Nuestra opinión: regular.
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Con sólo dos largometrajes ("Acción mutante" y "El Día de la Bestia"), el director vasco Alex de la Iglesia se convirtió en la gran esperanza del cine español de los años 90.
Esas dos comedias bizarras, que jugaban con elementos arquetípicos del cine fantástico y de terror, encontraron una entusiasta respuesta en el público juvenil: por fin había aparecido un realizador talentoso dispuesto a divertir a través de la provocación, a apostar por los excesos sin amilanarse frente a los límites preconcebidos de la corrección política.
El siguiente, inevitable paso fue "Perdita Durango", un ambicioso proyecto de 10 millones de dólares de costo, rodado en los Estados Unidos y en inglés, a partir del best-séller de Barry Gifford (colaborador de David Lynch en "Corazón salvaje" y "Carretera perdida").
Sin caer en reduccionismos del tipo "director joven y exitoso es tentado para filmar en la meca del cine, recibe presiones varias y termina sucumbiendo moral y artísticamente" (aunque bastante de eso hubo en este caso), queda claro después de ver el resultado de esta experiencia norteamericana que poco y nada de la solidez, la simpleza y el desparpajo de sus films anteriores reaparecen en "Perdita Durango".
Proyecto largamente amasado (Bigas Luna estuvo a punto de filmarlo), "Perdita Durango" esta basado en una violenta y pintoresca historia real ocurrida en México y convenientemente recargada por la pluma de Barry Gifford.
El personaje de Perdita (que ya había aparecido en "Corazón salvaje", interpretado por Isabella Rossellini) y el de su compañero Romeo Dolorosa, mezcla de asesinos seriales, narcotraficantes, cultores del vudú y dueños de una existencia desenfrenada, se convirtieron en objeto de culto, ya no sólo para los seguidores de la obra de Gifford o del cine de Lynch y De la Iglesia, sino para todos aquellos que gustan escarbar en la mitología popular, en los antihéroes que se han destacado por romper la mayor cantidad posible de códigos de convivencia y buenas costumbres.
Una dimensión mítica
No contentos con el tenor y radicalidad de su material, De la Iglesia y sus tres guionistas (todos talentosos) decidieron redoblar la apuesta y otorgarle al relato una dimensión mítica que se propone como contracara del american way of life : Los Angeles, entonces, fue sustituida por Las Vegas (seguramente la ciudad con mayor simbología dentro de los Estados Unidos) y se acentuó el contraste entre los dos desquiciados mexicanos y sus víctimas, una parejita de inocentes y bien parecidos adolescentes rubios de clase media. Con un impresionante despliegue de escenas de acción y de sobrecogedores rituales y sacrificios propios de la magia negra, ambientados en más de cien locaciones, "Perdita Durango" no es más que una sumatoria de situaciones forzadas, de clisés típicos de un género como el de las road-movies, en las que se satura al espectador con escenas de sadismo gratuito.
De la Iglesia, por primera vez en su carrera, parece regodearse con la violencia, cuando la psicología de los personajes y las situaciones que atraviesan ya resultaban suficientemente explícitas y contundentes.
Pero, más allá de la evidente apuesta a provocar por medio de los excesos (una propuesta que puede interesar a cierto sector del público), lo que no admite justificativos de ninguna clase son los baches de un relato en el que las distintas líneas narrativas y los flashbacks que describen el pasado de Romeo se desdibujan hasta perderse definitivamente.
A esta falta de rigor formal hay que agregarle cierta incapacidad por parte del director para sostener a sus personajes. Si De la Iglesia optó por no desarrollar demasiado los roles secundarios (y eso que contó con ese gran actor de complemento que es James Gandolfini, con el hilarante Santiago Segura y con el mítico cantante Screamin´ Jay Hawkins), tampoco consiguió realzar a su heroína: increíblemente, esa gran actriz que es Rosie Pérez entrega aquí un estereotipado y desvaído retrato de una psicópata, que no asusta ni conmueve.
Por eso, más que en Perdita Durango, la película se apoya en Romeo Dolorosa. La entrega, la siempre poderosa presencia de Javier Bardem, permite olvidar por momentos los desajustes de una película tan arriesgada como caótica. Un film que por momentos resulta un caprichoso intento de un buen director español por demostrar que puede describir mejor que nadie el otro lado del sueño americano. No lo logró.






