
Actor y director en acción
Tony Lestingi se afianza en la dirección y está de estreno
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Tony Lestingi es de esos artistas tan versátiles que sería difícil decir de qué corriente vienen. Se formó como actor con Luis Agustoni y Carlos Gandolfo, pero también como clown con Cristina Moreira, y en canto con Laura Liss y Nicolás Amato. Es que, aunque los años 80 lo agarraron bailando en comedias musicales de la calle Corrientes, fue uno de los fundadores de La Banda de la Risa, para pasar a ser uno de los actores más recurrentes de los teatros oficiales y un afiatado director del under porteño.
Está pronto a darse con un gusto especial: dirigir a su esposa, Natacha Córdoba y a Julio Feld, en la obra "Caramelos para el viaje", de Graciela Sverdlick, con música de Lito Vitale, en El Piccolino.
El año pasado, su amigo Néstor Sánchez -otro viejo lobo de teatro- le contaba la experiencia que estaba viviendo con su primer trabajo como director. Además de tener un afecto especial dentro del proyecto, Lestingi lo abrazó con cariño. Sobre todo cuando a Sánchez le surgió la posibilidad de trabajar en "Lisandro", este año en el San Martín. Ya no iba a poder seguir ocupándose como antes, así que le propuso codirigir "Caramelos para el viaje". "Me uní al proyecto con un entusiasmo enorme porque lo fui viviendo desde que se comenzó a gestar. Además, me tocó el mejor trabajo. Lo más feo de esto es lo del principio: que los actores se aprendan la letra. Ahora me tocó la mejor parte: charlar con ellos, ver hacia dónde van... Es una obra que parece simple y quisiera siempre hacer este tipo de teatro", explica el director. "Esta pieza me hizo acordar al béisbol. Tiene cuatro reglas básicas. Parece un juego aburrido, pero entre cada una de esas reglas, pasan infinidad de cosas y empecé a darme cuenta de que eso es lo que genera ese evento multitudinario. Esta obra me dio esa sensación. Entre situación y situación pasan muchas cosas. Y como es muy argentina, uno empieza a descubrir gestos, actitudes, miradas, y un final muy bueno".
La obra de Graciela Sverdlick, que se estrenará el viernes próximo, habla del deseo, la represión, el miedo y la libertad, con humor, a través de una historia sencilla. Un hombre "recreísta" (es decir, de esos que se dedican a animar fiestas infantiles) y una abogada se conocen en un ómnibus de larga distancia, viajando a San Clemente del Tuyú. El lleva una guitarrita y todo su equipaje en bolsas de supermercado. Viaja porque lo mandan a animar un cumpleaños. Ella, correcta y dura, está allí para entregar personalmente sus tarjetas de casamiento. "Refleja cómo un simple viaje puede cambiarte la vida", resume Lestingi.
Actor y director
No deja que un papel se coma al otro. Le gustan ambos. Mientras prepara la conformación de la Compañía Alegría, de clowns (falta algo de producción y dinero), se entusiasma con su trabajo como actor en "Antígona furiosa", de Griselda Gambaro, para mediados de año.
"Hace años me hice director ["A lo loco", "Abasto en sangre", "El caso Pignataro Sánchez", "Sueño con sirenas"] porque sentía que no había directores que trabajaran con el actor: se ocupaban más de la puesta. Generalmente, apuesto al actor, a que pueda contar y arme él mismo la puesta. Esto lo decía también (Carlos) Gandolfo. Lo que hace el director es estar atento a lo que hace el actor para potenciarlo en pos del personaje. Va pasando el tiempo y como actor cada vez me siento mejor. Y es bueno también estar del lado de afuera. Te ponés menos pesado. Eso sí, no me atrevería a actuar y dirigir en la misma obra", concluye.






