Alcón-Francella: amigos son los amigos
En Los reyes de la risa, dos actores emblemáticos se ven las caras lidiando con un texto que no parece haber sido la mejor elección
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Los reyes de la risa , de Neil Simon. Con Alfredo Alcón, Guillermo Francella y Peto Menahem. Escenografía: Alberto Negrín. Iluminación: Eli Sirlin. Vestuario: Lorena Díaz. Productores generales: Pablo Kompel y Adrián Suar. Dirección: Daniel Veronese. Duración: 90 minutos. Teatro Metropolitan. Nuestra opinión: buena.
Manuel (Alfredo Alcón) y Goyo (Guillermo Francella) son dos grandes comediantes que trabajaron juntos durante 25 años ("25 años y dos meses", corrige el personaje de Alcón a su sobrino, papel a cargo de Peto Menahem). En sus días de gloria, uno de ellos, abruptamente, dijo basta. Las diferencias de arrastre, producto de sus personalidades distintas, más la falta de explicación del motivo de la separación hicieron que naciera entre ellos el silencio y el rencor.
Vueltas de la vida, luego de diez años, se vuelven a encontrar porque un programa de TV quiere rescatarlos del olvido (aunque Manuel, muy de vez en cuando, haga algún bolo por ahí, que mantiene viva su ilusión). De buenas a primeras, no les queda otro remedio que procesar el rencor, ponerle palabra a lo no dicho y superar el pasado. El costo es alto. Más teniendo en cuenta que el presente no les sonríe y el futuro es un mañana con luces que se van apagando.
Así se podría sintetizar la columna vertebral de Los reyes de la comedia. En esta comedia dramática de Neil Simon, se abordan las típicas situaciones de teatro dentro del teatro y la no menos típica, compleja y melancólica situación de la tercera edad en medio de algunos diálogos muy logrados y un final previsible porque, de última, amigos son los amigos.
El personaje de Alfredo Alcón es el verdadero protagonista. Está todo el tiempo en escena y la composición que realiza de su Manuel (con una amplia batería de tildes, ñañas de viejos, achaques corporales y cierta maliciosidad al acecho) sostiene la acción en un trabajo que está, sencillamente, a la altura de su trayectoria. Un contenido Guillermo Francella también les hace honor a los recursos que se le conocen, pero lo suyo son chispazos.
El contrapunto entre Manuel y Goyo se potencia con algunos guiños que dan cuenta del poder simbólico que tiene para el público tener frente a frente a estas dos figuras del espectáculo. De todos modos, el personaje de Francella termina desdibujándose porque es poco creíble que su Goyo sea un viejito que está quemando sus últimos cartuchos. De hecho, en las dos versiones teatrales que ya se hicieron de esta obra, en 1972 y en 1997, los actores que los componían estaban en los 70 años y la diferencia de edad entre los dos protagonistas no superaba los tres años. En el montaje local, Francella no da una persona de esa edad y la diferencia de edad entre ellos ronda los 25 años. Eso, en teatro, puede ser un dato insalvable, porque en juego está la posibilidad de creer la mentira constitutiva del hecho escénico.
Quienes conocen a Daniel Veronese de la época de El Periférico de Objetos y quieren ver cómo resuelve un montaje comercial teniendo en sus manos una comedia dramática liviana saldrán desilusionados. Su puesta se limita a una correcta marcación actoral sobre tres intérpretes muy sólidos y un dispositivo escénico a la altura de una producción de este tipo.
Los reyes de la risa está montada sobre el indiscutible peso de dos indiscutibles y, seguramente, será un éxito. Sin embargo, parece ser un trabajo sin riesgos. Aunque ellos dos juntos deberían ser dinamita, aunque esté Veronese, aunque tengan toda la producción imaginable. ¿Será la obra correcta?



