
Alfredo Alcón y Elena Tasisto evocan a Ibsen y a su tiempo
Recital Ibsen (fragmentos, cartas, misceláneas), dramaturgia de Alejandro Tantanian y Nicolás Schuff. Con Alfredo Alcón y Elena Tasisto. Efectos sonoros: Iván Grigoriev. Escenografía, vestuario e iluminación: Oria Puppo. Musicalización y dirección: Alejandro Tantanian. Duración: 60 minutos. En el Teatro San Martín.
Nuestra opinión: bueno
"Vivir es luchar contra los demonios del corazón y del cerebro", dijo alguna vez Henrik Ibsen. Así, entre palabras que se debaten entre su propio corazón y su propio cerebro, se arma Recital Ibsen (fragmentos, cartas, misceláneas). El espectáculo está "zurcido" a partir de sus poemas, cartas y obras (Peer Gynt, Un enemigo del pueblo, Cuando los muertos despertemos, Brand)) junto a otros textos en un trabajo de dramaturgia a cargo de Nicolás Schuff y Alejandro Tantanian, encargado también de la dirección.
Si en algunas notas periodísticas los artífices del montaje vincularon esta experiencia con un semimontado, lo que se estrenó anteayer tuvo poco de la frescura que caracteriza al teatro leído. Un tono que Tantanian demostró conocer a la perfección cuando hace unos años presentó una obra en el ciclo de semimontado del Instituto Goethe. Y si en otro momento se habló de Recital Ibsen como algo "casi informal", la misma grandilocuencia de la sala Casacuberta habitada por dos actores de una tremenda significación en el medio atenta contra esa informalidad.
Así es que el concepto de un recitado tradicional se impone. Recital Ibsen se trata de una lectura de una hora durante la cual los dos actores se convierten en el sustento fundamental de una experiencia basada en la producción dramática de este autor del cual se cumplen 100 años de su muerte.
Manipuladores de poéticas
Como Alcón ya lo demostró con la poética de García Lorca y la misma Tasisto supo adueñarse de la palabra de Tony Kushner en el extenso monólogo inicial de En casa/En Kabul, en esta oportunidad ellos se transforman en intensos manipuladores de las voces ajenas y de los silencios propios. Entre esos climas aparece un Ibsen al borde de la muerte que se evoca. En ese recorrido, por momentos de un fuerte carácter autorrefencial, disecciona y alumbra los conflictos políticos y sociales del siglo pasado. Ahí es cuando el recitado crece, se expande, cobra vida, emociona.
Claro que, si en otro plano, era interesante observar el resultado del encuentro entre estos prestigiosos actores y Tantanian, una de las figuras importantes de la escena alternativa, poco se observa de ese cruce. Ahí es cuando el montaje en su totalidad se resiente, cuando no sorprende al espectador.
En algunos pocos climas musicales, en el diseño de la mesa de líneas puras que propone la escenógrafa Oria Puppo (mesa con muchas posibilidades de articulación que los actores nunca usan) o en cierto trabajo dramatúrgico que evitó lo didáctico, uno podría percibir la mano de Tantanian y su equipo.
El resto, en lo actoral, Alfredo Alcón y Elena Tasisto no defraudan.






