Almorzando con Arnold Wesker
Almorcé con Arnold Wesker en Londres, su ciudad natal (1932), un mediodía de octubre, 44 años atrás. Yo recorría Inglaterra, enviado por Primera Plana y auspiciado por el Consejo Británico, para contar qué pasaba en la "swinging London" (Los Beatles, Mary Quant y compañía) y entrevistar a los nuevos dramaturgos ingleses, que empezaban a conocerse en Buenos Aires. El único de los autores previstos que accedió de buen grado a recibirme fue Pinter.
Con Wesker fue distinto. Porque no vaciló en decirme, en cuanto nos sentamos a la mesa de un restaurante italiano, que si había accedido a verme era por la presión ejercida por la ministra inglesa de Cultura de aquella época, la viuda del conocido líder laborista Aneurin Bevan. Dama, al parecer, bastante temible. Le agradecí la deferencia y de a poco el hielo empezó a disolverse. No tanto como para que Wesker (el más vigoroso representante del "drama de la pileta de la cocina", según lo definieron los críticos ingleses) se abstuviera de señalarme, con alguna pedantería, que yo estaba cometiendo una gaffe imperdonable al comer langostinos con vino tinto, en vez de blanco.
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Me contó de sus padres, judíos, dedicados a la sastrería, y de la variedad de actividades que había ejercido: ebanista, librero, plomero, conscripto en la RAF (de ahí vino su primer éxito, Chips with Everything , 1962), viajante de comercio, repostero en un restaurante en París. De esta última andanza nació La cocina (escrita en 1957, estrenada en 1962), que aquí dirigió Jorge Hacker y que pronto veremos, en nueva versión, en una sala del Complejo; así como Raíces acaba de estrenarse en el Regina, dirigida por Luciano Suardi. Se interesó mucho por el éxito de sus obras en Buenos Aires, del que me dijo, bastante enojado, que no tenía ni idea: "No he visto un penique de mis derechos". Después de almorzar me llevó a conocer la sala que regenteaba, un antiguo taller ferroviario.
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Aquí se conoció a Wesker bastante temprano. Nuevo Teatro le estrenó las dos primeras obras de su famosa trilogía, Sopa de pollo con cebada y Raíces . La tercera, Hablo de Jerusalén , hubo de presentarse en el teatro Florida, de la Galería Güemes, cuando lo tomó Osvaldo Terranova, pero éste tuvo un entredicho con el director, Roberto Durán, y no se llegó a nada. Wesker ha escrito 42 obras de teatro (seis de ellas "para una mujer"), cuatro libros de cuentos, ensayos y una autobiografía. En 2006 fue designado sir por la reina Isabel II.





