Andrés Scheck: es nieto de uno de los creadores de Telecataplum, se recibió de ingeniero, pero decidió volcarse a su otra pasión, el teatro
Entre su pasión por la escritura y la tecnología estrenó su primera obra de humor en la cartelera porteña, Casi cielo
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Su abuelo y su tío abuelo forjaron el humor rioplatense de toda una generación. Daniel y Jorge Scheck, conocidos artísticamente con el seudónimo de “Los lobizones”, fueron los creadores del legendario programa Telecataplum, aquel que desde 1962 marcó el puntapié inicial de una serie de ciclos televisivos que hicieron reír a argentinos y uruguayos por igual. Sin embargo, esa veta artística de la famila Scheck se mantuvo en pausa durante una generación hasta resurgir de la mano de Andrés, nieto de Daniel, que estudió Ingeniería Civil pero encontró en la escritura su más arraigada pasión.

De los cuentos que creaba cuando era chico a las sátiras que hacía sobre sus profesores de la universidad para entretener a sus amigos y compañeros de clase, en 2019 Andrés Scheck, de 31 años, se animó a darle vida a su primera obra para microteatro: Casi cielo, una comedia negra que apela al “humor cotidiano, el absurdo y la incomodidad para explorar la banalidad de la estupidez”.
La obra, cuya versión extendida se está presentando en el Teatro Buenos Aires hasta el viernes 27 con la producción de La Matrera, sigue a Bartolomé (Mateo Ricci), un joven inmaduro que muere de forma ridícula y debe convencer a Dios (interpretado por Renato Consa, actor de División Palermo) de que merece entrar al cielo. A través de flashbacks, la historia recorre su relación con su novia Anastasia (Agustina Camus) y su familia, en una pieza que, sin dejar de divertir, reflexiona sobre el arrepentimiento, la identidad y el peligro de no haber estado realmente presente mientras se estaba vivo.
-¿Qué tanto resuenan en tu vida los temas que toca Casi cielo, tu primera obra como autor?
-Son temas que, me parece, cruzan a cualquier ser humano en cualquier punto de la vida. Yo los estaba sintiendo en cierta forma y quise combinar eso con una historia absurda y graciosa. A mí lo que me gusta es usar el humor para contar algo detrás, y un poco la inspiración de esta historia fue usar la comedia para contar esta sensación de sentirse un boludo o de que no estaba aprovechando del todo ciertos aspectos de la vida que debía estar disfrutando más. Es una trama un poco bizarra, la idea no era tratar todos estos temas y que se hiciera denso, por eso tiene elementos muy dinámicos y distintos. Si la gente busca una obra para divertirse y que al final también pueda tener una pequeña reflexión, entonces creo que esta historia es ideal. Eso sí, no me gusta dar moralejas o lecciones, sino simplemente que la obra dispare una reflexión genuina en el espectador.
-¿En qué momento te empezaste a relacionar con la escritura?
-La pasión por la escritura la tuve desde siempre, desde que era chico. Recuerdo estar sentado en mi casa escribiendo cuentos, ya sean historias de misterio o cualquier cosa, y me encantaba compartírselas a mis hermanos y a mis padres. Después, en el liceo, la abandoné un poco por la etapa de la adolescencia y en la facultad la retomé para hacer humor. Las primeras experiencias fueron haciendo parodias y sátiras de personajes y maestros de la carrera que estaba cursando y a mis amigos les encantaba y se reían, y eso me daban ganas de querer escribir o de querer hacer algo más grande. Fue gracias a esas experiencias que después surgió la oportunidad de escribir una obra de microteatro.

-¿Qué encontraste en el humor que te gustó desarrollarte en ese género?
-El humor siempre me llamó la atención, no sé si está en el ADN por mi abuelo, pero es el género que más me interesa porque siento que es la forma más sutil de poder contar cosas profundas de una forma diferente. Ese juego que tiene el humor de querer decir algo oscuro, que no es tan correcto, y transmitirlo de una forma que haga reír a la gente pero que a su vez incomode y haga pensar; me parece un juego superinteresante. Por ejemplo, más allá del humor de Telecataplum, Monty Python o La pistola desnuda, me gusta un guionista de cine que se llama Charlie Kaufman [¿Quieres ser John Malkovich?, Eterno resplandor de una mente sin recuerdos] que trata temas existenciales con un tono cómico y bizarro de fondo.
-Cuando eras chico, ¿veías lo que había hecho tu abuelo o lo descubriste de más grande?
-Más que nada me contaba mi padre porque, lamentablemente, mi abuelo tuvo un ACV cuando yo era chico, nunca tuve la oportunidad de conversarlo con él. Siempre supe que era un genio del humor y pude ver algunas cosas que había en YouTube de Telecataplum, Plop! y otros de sus trabajos, pero la verdad es que me quedé con ganas de tener una conversación con él. Todas las historias que tengo suyas, de lo que escribía y de cómo hacía reír son más que nada a través de mi padre, y él siempre me incentivó a escribir porque siento que ve en mí esa misma faceta que tenía mi abuelo.
-¿Qué te dijo tu papá cuando empezaste a escribir?
-Cuando le compartí a mi padre por primera vez que había hecho Casi cielo quedó muy sorprendido. Le encantó y me dijo: “Sé que el abuelo estaría superorgulloso”. También sé que a él lo llevó en un viaje nostálgico hacia eso y a partir de ahí me dio siempre para adelante. Antes, las cosas que hacía, las parodias y sátiras con personas de la facultad, jamás se las había mostrado.
-¿Sentiste en algún momento el peso de que pudieran compararte con tu abuelo?
-No, jamás sentí eso como si fuera un peso, al revés, es algo de lo que estoy superorgulloso. Como cualquier persona te podría decir que me gustaría destacarme como guionista de obras de comedia, que se potencie mi carrera, que me reconozcan por mi trabajo y que Casi cielo sea el comienzo de algo más grande, pero eso no quita que estoy superorgulloso de ser nieto de uno de los guionistas de Telecataplum.
-¿Y qué pasó con tu carrera de ingeniero civil?
-La ingeniería me encanta. Me recibí, trabajé cuatro años como ingeniero, estudié dos años de software y trabajé dos años de eso. Ahí cofundé con un amigo de la infancia una productora audiovisual. Mi verdadera pasión es escribir, pero la matemática, la ingeniería y la tecnología también me gustan mucho y en este momento, además de mi carrera autoral, mezclo mi veta creativa con lo tecnológico en esta empresa que tenemos. Sé que es un camino muy extraño pero mi yo ingeniero no desapareció por completo, simplemente mutó en algo nuevo.
-¿Sentís que encontraste en la escritura una forma de plasmar tu verdadera esencia?
-Sí, cien por ciento. Tengo un poco de tartamudez. Antes era más cerrado, más reservado, más tímido y todo el tema de la escritura, más allá de que me encanta, se convirtió en un canal para expresarme de forma más fácil. Formo parte de la comisión directiva de la Asociación Uruguaya de Tartamudez y es un espacio que también me ayudó a expresarme. Lo mismo me pasa a medida que voy haciendo más y más guiones, voy ganando confianza en mí mismo. Igual, más allá de la tartamudez, escribir me permite soltar todas las ideas que tengo en mi cabeza y ahí me parece que es donde reside mi verdadero yo.
Casi cielo, de Andrés Scheck. Funciones: 20 y 27 de marzo, a las 22.30. Sala: Teatro Buenos Aires, Rodríguez Peña 411
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