
Antonio Gasalla, lo mejor de la revista de Nito
Un espectáculo que por momentos se vuelve caótico
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- Cristina en el país de las maravillas. Guión: Aníbal Litvin. Dirección general: Nito Artaza. Dirección artística: Flavio Mendoza. Con: Antonio Gasalla, Nito Artaza, Luciana Salazar, Roberto Peña, Alberto Bianco, Sebastián Borrás, Daniela Palacios, Paulo Pedernera, María Merolla, Gustavo Pechetto, María Cattalini, Flavio Mendoza, Gisella Bernal, Andrea Pueyrredón, Adrián Kiss, Martín Whitentamp. Escenografía: Martín de los Santos. Coreografía: Flavio Mendoza y Romina Propato. Dirección musical: Andrés Grant y Federico Villas. Vestuario: F. Mendoza y Marcelo Pendola. Luces: Fabio Cuello. Stage manager: Martín de los Santos. Producción: Roby Carreras, Daniel Gauna y Sapucay. En el teatro Mar del Plata. Duración: 90 minutos.
Nuestra opinión: regular
MAR DEL PLATA.- El espectáculo de Nito Artaza ya es un clásico de todos los veranos en Mar del Plata. Este año quebró la dupla que tenía con Moria Casán y contrató a Antonio Gasalla, como estrella de compañía para que, prácticamente, haga un show aparte. Es una figura de peso que despierta admiración y fervor en el público y que, en definitiva, es lo más rescatable del más flojo de los shows que Artaza ofreció en los últimos años.
Comienza con una entrada explosiva de Bárbara Don t Worry, el personaje de Gasalla, que no vuelve a pisar el escenario hasta después de 70 minutos.
Todo lo que hay en medio de esos dos momentos es más de lo mismo: sketches, que son excusa para que Artaza haga desfilar a sus imitaciones de siempre, números musicales anodinos y un aire a varieté pensado a último momento.
Esta vez a Nito Artaza y a Flavio Mendoza les ganó el desorden y eso, entre otras cosas, les impidió alcanzar el nivel de sus últimos shows. ¿Por qué es desordenado? No sólo se evidencia falta de ensayo en algunos cuadros, sino que el armado y desarrollo del espectáculo carece de equilibrio y, por momentos, se vuelve caótico.
Los sketches no son graciosos y no tienen una mínima línea argumental. Como humorista, Artaza se repite e impone hasta en forma agresiva sus ideas políticas. Sólo gana cuando se vuelve cómplice, se carga a sí mismo y a las situaciones que le tocaron vivir en los últimos meses con Moria Casán. En otros espectáculos él demostró que puede dar mucho más.
También pierde con su partenaire Roberto Peña, de floja participación. Al humorista de El show de Videomatch le toca personificar a la presidenta Cristina Fernández, en un cuadro que ni siquiera justifica el título del show.
En sus coreografías, Flavio Mendoza y Romina Propato pusieron más acrobacia que baile, y sólo apostaron a tres cuadros. El de la rueda metálica y los andamios es, sin dudas, lo mejor de la primera parte del show. El aporte de los acróbatas y contorsionistas es importante y atractivo, pero falta danza. A su vez, en esta revista no hay segundas vedettes, ni figuritas, sólo coristas (y es evidente que todas ellas están capacitadas para ocupar un mejor lugar).
Luciana Salazar cumple muy bien con su rol de primera vedette. Sobresale en el cuadro de la rueda, se mueve muy cómoda en el baile y sorprende en su interpretación vocal de "Stepping Out", junto con el cantante Alberto Bianco, de correcta labor. El único problema es cuando a Salazar le toca actuar.
Por su parte, Sebastián Borrás realiza una muy breve, pero correcta participación.
El vestuario es rico en artesanía con plumas y strass; y la escenografía tiene atractivas proyecciones, y presenta elementos de utilería fantásticos y espectaculares, aunque de aplicación fútil.
Pero la platea se endereza cuando aparece en escena Gasalla, en un monólogo de media hora de su personaje Mamá Cora. Baja línea, llena el escenario, y sabe combinar tan bien el humor con la ternura y la crítica ácida. Pero es lo único que hace. La gente se queda con muchas ganas de más Gasalla, el pilar de esta revista de doble programa. Por los 70 pesos de entrada, lo merecía.






