
Aquella Recordando con ira de 1978
"El 8 de mayo de 1956 se alzó el telón del Royal Court…". Así empieza uno de los textos canónicos del teatro inglés, Anger and After (Iracundia y después), el libro que Kenneth Tynan (1927-1980), el más influyente crítico teatral de la época, dedicó a los jóvenes dramaturgos británicos de entonces, por él denominados angry young men, jóvenes iracundos, cuyas obras fueron a su vez calificadas como kitchensink drama, dramas de pileta de cocina. El telón del Royal Court se había alzado sobre Look Back in Anger, de John Osborne, que dos años después llegó al escenario del Odeón porteño en traducción de Victoria Ocampo, quien la tituló Recordando con ira (la puesta en Montevideo, de otro traductor, se llamó Rencor al pasado, que personalmente prefiero porque me molestan los gerundios).
En vísperas del estreno de una nueva versión, en el San Martín, me parece oportuno recordar aquel estreno del año 58. También porque, si mal no recuerdo, fue la primera crítica teatral que escribí en este diario, en mi etapa inicial (1957-1961). Yo era crítico de cine y no recuerdo por qué el titular de teatro, Miguel Menegazzo Cané, no podía esa noche asistir al espectáculo, y tampoco Octavio Hornos Paz, el jefe de redacción, que solía cubrirlo. Tampoco sé por qué me confiaron esa tarea, gracias a la cual pude asistir, deslumbrado, a la revelación de Alfredo Alcón, en el papel de Jimmy Porter, el amargo y desilusionado protagonista, modelo del joven iracundo que sufre la decadencia inevitable del imperio tras la Segunda Guerra Mundial. Fue la segunda obra interpretada por el grupo que formaban Alfredo, María Rosa Gallo y, como director, Osvaldo Bonet. En ese mismo escenario del Odeón (demolido años después) el terceto había representado hasta entonces, con éxito, El perro del hortelano, de Lope de Vega, y buscaban una obra que le permitiera lucirse a Alcón, cuyo papel en el clásico español era relativamente pequeño.
Hoy, 54 años después, Alcón evoca, conmovido, aquel estreno. "La obra llegó a nuestras manos por iniciativa de Delia Garcés, que la vio en Londres y le avisó a don Rodolfo Goycochea, que me representaba y que tenía fe en mi porvenir como actor: «Usted anda buscando algo para su protegido y creo que esta pieza es la adecuada». Y así fue, nomás. Goycochea –que era hijo de Orfilia Rico, la famosa característica, y hermano de un autor que trabajaba con su colega Cordone– creía en mí y me ayudaba en todo lo que podía. Recordando con ira fue un éxito de crítica y de público: María Rosa, ya por entonces reconocida como gran actriz, estaba espléndida, y nos acompañaban Jorge Rivera López y Aída Valdés. Escenografía y vestuario de Saulo Benavente. Victoria Ocampo solía venir a los ensayos, se comportó con nosotros con gran generosidad."
La pieza de Osborne dejó entrar el aire de afuera en los remilgados salones en los que transcurría la mayor parte de la dramaturgia inglesa de la época, donde conversaban los elegantes personajes de Noel Coward o de Terence Rattigan. Por primera vez, al parecer, se veía una pileta de cocina en un escenario británico… Las circunstancias han cambiado en el Reino Unido y aquí, pero, más de medio siglo después, es seguro que la diestra construcción dramática de Osborne conserva su filo.






