
Atractivo cruce entre dos obras
Ciudad como botínes un texto de René Pollesch según la lectura de Luciano Cáceres
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Ciudad como botín, de René Pollesch. Traducción: Carla Imbrogno. Actuación: Sergio Aiello, Héctor Bordoni, Ideth Enright, Javier Lorenzo, José María Muscari, Dolores Ocampo, Cecilia Rainero, Rodolfo Roca y Guillermina Schauman. Vestuario: Pepe Uría. Iluminación: Mariano Rugiero. Video: Pablo Irrazábal. Cámara: Lucas Cánepa y Sophie Tirouflet. Producción ejecutiva: Mara Guerra,. Coreografía: Leticia Mazur. Dirección: Luciano Cáceres. Funciones, los lunes, a las 21, en el Centro Cultural de la Cooperación.
Nuestra opinión: muy buena
En su decodificación escénica porteña, Ciudad como botín , la obra de René Pollesch, uno de los tantos niños terribles de la escena berlinesa, está montada sobre los restos de Sexo según Mae West , otra pieza suya que con Personas en hoteles de mierda arman una trilogía. Sexo tuvo su versión porteña hace dos años, a cargo de Luciano Cáceres. Fue él quien rearmó aquella tropa y le sumó nuevos y talentosos actores para montar Ciudad como botín sobre los ecos de la anterior. Como en aquella oportunidad, más que una obra de teatro en el sentido tradicional, se trata de una experiencia de cruce dramatúrgico entre las dos obras, entre algunos elementos performáticos y otros teatrales, entre la utilización del video en vivo y pasos de comedia musical, y entre un texto de fuerte carga ideológica y momentos "biodramatizados". Todo juntito. Todo mezclado. Todo revuelto. Todo entrecruzado. Todo extrañamente perturbador, desnivelado, espasmódico.
Y en medio de ese caos, Pollesch. "Mis textos no se comprenden al amparo de las ideas y las concepciones que uno tenga presentes", dice él. Claro que, como sucedía en Sexo , la carga ideológica que posee su obra está escupida en escena (perdón por el exabrupto) de tal forma que embriaga, que se transforma en un zumbido de fondo casi imposible de procesar en el momento. Por eso, probablemente, uno saldrá como emborrachado con ganas de leer la obra para aproximarse a lo que este fulano quiso decir. Pero como no está editada, habrá que rearmar las fichas con lo que se tiene.
Realidad violenta
Pollesch analiza la realidad berlinesa de una forma violenta (seguramente, la misma violencia que percibe él como ciudadano). Por su parte, Cáceres manda guiños sobre la realidad porteña (por eso hay claves telermanianas y varios palos a Macri y su management ). Como si fuera poco, superpone la palabra de Pollesch con las acotaciones que hizo Carla Imbrogno para la traducción y los comentarios de los mismos actores, quienes, cada uno en su momento, tienen escenas sumamente funcionales a este complejo (y fascinante) engranaje. Como si fuera poco, todo eso viene en un combo en el cual se yuxtaponen el trabajo actoral en vivo, las imágenes previamente grabadas y la proyección en vivo de escenas que suceden en recovecos escondidos de la sala y su entorno.
El resultado, por algunas deficiencias técnicas, aún es desprolijo. Cierto. Pero esa misma desprolijidad habrá que entenderla como parte del código al que apostó fuertemente Luciano Cáceres. Y todos los entrecruzamientos que propone esta singular experiencia se convierten en el mayor atractivo de Cuidad como botín .
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