Atrapados en la liquidez
Enefecto/ Texto y dirección: Alberto Rojas Apel/ Actúan: Clemente Cancela, Lalo Rotavería, Mariana Wichi Salinas y Maricel Santín/ Vestuario y escenografía: Victoria Chacón/ Luces: Matías Sendón/ Música: Silentio/ Asistente de dirección: Jerónimo Vélez Funes/ Sala: El Portón de Sánchez/ Duración: 75 minutos.
Nuestra opinión: buena
Qué pasaría si cuatro treintañeros aburridos de sí mismos descubrieran que las pastillas que tomaron para pasar una noche divertida no ocasionan los efectos habituales de una droga sintética sino que otorgan superpoderes... Una mente ágil podría inventar decenas de respuestas a esta pregunta, pero probablemente la más realista sea: "Nada demasiado valioso para la historia humana".
Con algún aire a la obras fantásticas de Javier Daulte -¿Estás ahí?, 4D Óptico- y guiños al cine de Ezequiel Acuña, de quien es colaborador asiduo como guionista, Alberto Rojas Apel ofrece una obra en la que el tedio, motivo recurrente del arte posmoderno, se cruza con la ficción de superhéroes para dar forma a un verosímil propio: cuatro semifantásticos encerrados en un dos ambientes porteño, más ocupados en su problemática cotidiana que en salvar el mundo.
En su debut teatral, Clemente Cancela compone con sorprendente gracia a Titi, un personaje que, además de parecerse a sí mismo en materia de elecciones estéticas y consumos culturales, cultiva un humor muy parecido al que el periodista y conductor practica en su programa radial Gente sexy (o en su cuenta de Twitter). Ese gusto por la cultura pulp, el mundo del rock y los consumos irónicos moldea los hábitos del grupo de amigos que protagoniza la historia. Solamente Lu (Maricel Santín), la novia de Titi, queda fuera de ese universo: menos alternativa en sus gustos y más sencilla en su manera de habitar el mundo, Lu observa desde el costado e incluso con cierta extrañeza la dinámica del resto.
Por medio de un trabajo destacable de Santín en el rol de esta chica sin demasiadas luces y bienintencionada hasta el aburrimiento, que ofrece en más de una escena el contrapunto dramatúrgico, el espectador descubre los detalles que convierten a Javi (Lalo Rotavería), Andre (Mariana Wichi Salinas) y Titi en exponentes de una clase muy particular de treintañero urbano: el kidult. Sin hijos, parejas estables ni trabajos fijos, los protagonistas de Enefecto le rehúyen al compromiso en la vida diaria y su noche como superhéroes no será la excepción: son incapaces de organizarse para luchar contra el mal porque no pueden siquiera acertar en una idea unívoca sobre qué es "lo bueno" y qué es "lo malo".
Con Enefecto, primer trabajo de su "Trilogía teatral de cine fantástico", Rojas Apel deja en claro que es un dramaturgo maduro y, sobre todo, versátil: por dar un ejemplo, este trabajo no se parece ni en su género ni en su estilo a Globo flotando contra el techo de un shopping, probablemente su texto más dramático y conmovedor. En su faceta de director, en cambio, Rojas Apel aún debe recorrer un camino para encontrar el traje que mejor le sienta. Las transiciones entre escena y escena, demasiado largas y repetitivas, y la imprecisión de algunos diálogos por la confianza excesiva de sus actores en la actuación improvisada le restan ritmo a una propuesta que necesita mayor determinación y menos baches para ofrecer lo mejor de sí misma. Tiempo al tiempo: aún quedan dos obras, o muchas más, para que Rojas Apel siga probando sus superpoderes.






