
Babilonia , una buena pintura de época
Roberto Mosca dirige a un elenco homogéneo
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Babilonia Una hora entre criados, de Armando Discépolo. Dirección: Roberto Mosca. Con: Pepe Monje, Anabel Cherubito, Roberto Castro, Noemí Morelli, Patricia Krally, Emiliano Dionisi, Cutuli, Carlos Kaspar, María Elina Rúas, Roberto Mosca, Rodolfo Rodas, Maia Francia, María Comesaña, Rocco De Grazia y Ricardo Díaz Mourelle. Coordinación de producción: Beatriz Borquez. Iluminación: Miguel Morales, Roberto Mosca. Música: Luis María Serra. Vestuario: René Diviú. Escenografía: Roberto Almada. Asistencia de dirección: Silvia Sacco, Rubén Pinta. En el Teatro de la Ribera (Pedro de Mendoza 1821). Duración: 70 minutos.
Nuestra opinión: buena
En Babilonia se conjugan diversos elementos de interés que posibilitan profundizar ciertas cuestiones que hacen a la conformación social de la Argentina. La acción tiene lugar en el interior de una casa de nuevos ricos. En el piso de arriba se celebra el compromiso de la hija de la familia, y abajo, los criados, mientras están enfrascados en la atención de los invitados, van mostrando una serie de cualidades personales que, en más de una oportunidad, llegarán a sorprender. Menos uno que es criollo, el resto ha llegado a Buenos Aires de otros países y una es oriunda de la provincia de Córdoba. Ese cruce inmigratorio va siendo potenciado por Discépolo para posibilitar descubrir cómo eran esos mundos privados al estar enfrentados a una ciudad como Buenos Aires y, en este caso concreto, sirviendo a una familia con un pasado de pobreza, pero que es capaz de llamarlos "chusma", cuando negocios no muy santos le han posibilitado cierto ascenso social.
Armando Discépolo es muy duro en su pintura. Sus criaturas están marcadas de angustia y dolor porque sólo acceden a una pequeña porción de desarrollo personal mientras son humillados, agredidos y casi imposibilitados de salir a una superficie en la que, aparentemente, sólo ganan los que se alían con el poder o los que tienen planes delictivos.
Roberto Mosca, director de esta reposición de Babilonia , cuenta con un elenco muy homogéneo y sabe conducirlo por un camino acertado a la hora de recrear cada una de esas conductas. Es cierto que algunos intérpretes tienen más posibilidades de lucimiento que otros, de acuerdo con el desarrollo y crecimiento de sus respectivas criaturas. Pero, en general, se observa que Mosca se ha preocupado por definir con corrección ese mundo. Y hasta se pueden destacar algunas actuaciones bien intensas, como las de María Comesaña, Roberto Castro, Anabel Cherubito, Cutuli, Pepe Monje. En cada una de ellas se reconoce una buena observación de personajes y un traslado en el que los matices asoman de continuo, realimentando unos procesos internos muy efectivos. Hay dos actuaciones, también, que por su oscuridad resultan bien próximas al mundo femenino discepoliano, las de María Elina Rúas y Noemí Morelli.
En el rol de Piccione, el cocinero italiano, Roberto Mosca recupera con logros aspectos de la actuación de los actores clásicos argentinos a la hora de recrear a los inmigrantes pero, por momentos, el intérprete carga demasiado las tintas sobre ese hombre y entonces queda muy por adelante del resto, lo que hace perder cierto equilibrio en el conjunto.
Si bien la escenografía de Roberto Almada es muy buena en su factura, algo de su grandilocuencia le quita, a ese sótano, la sordidez característica con que Discépolo diseña los espacios en los que padecen sus personajes.Buena





