
Abuso
Entrá a la guía de servicio y encontrá los tips de los expertos sobre cómo prevenir, actuar y encontrar ayuda frente a este problema


Pocos lo saben, pero Bebé Reno fue primero una pieza teatral y recién luego se convirtió en la famosa miniserie de tono oscuro de siete capítulos que cautivó a todo el mundo en 2024 a través de Netflix (y que se alzó con numerosos premios, entre ellos cuatro Emmy, tres Independent Spirit, dos Globos de Oro y dos Critics’ Choice). En realidad, se trató de un unipersonal protagonizado por su propio autor, el dramaturgo y comediante escocés Richard Gadd, en el West End londinense, que en 2020 recibió el prestigioso Olivier Award.
La historia original se centra en un hombre que sufre el acoso permanente de una mujer y que, al mismo tiempo, padece las consecuencias psicológicas de haber sido sometido a un abuso en su juventud. Concretamente, el argumento se inicia cuando un comediante y bartender en apuros le muestra un poco de amabilidad a una mujer vulnerable y eso desata una obsesión enfermiza que amenaza con destruir la vida de ambos. Lejos de ser fruto de la imaginación de Gadd, todos los hechos expuestos en la obra (aun los más impactantes) fueron autobiográficos. Luego, al concretar la traslación del texto escénico a la pantalla chica (con él mismo en el rol principal, junto a Jessica Gunning en la piel de su hostigadora), el creador solo reemplazó dos datos: su nombre verdadero por el de Donny Dunn y, para evitar posibles juicios, el de su acosadora real, por el de Martha Scott.
En breve, en Buenos Aires, el unipersonal teatral de origen inglés conocerá por primera vez una versión en español. El estreno será el 28 de abril en la sala Pablo Neruda del Paseo La Plaza y su protagonista excluyente, Nazareno Casero (que el año pasado integró los elencos de la comedia Jardines salvajes y del thriller psicológico para Flow Nieve roja). Según pudo saber LA NACION, la puesta local –a cargo del reconocido director Luis “Indio” Romero (El amateur, Casi normales, Los puentes de Madison)– estará enfocada en la dimensión íntima del texto y en el desarrollo emocional del personaje, y tendrá carácter inmersivo gracias a la disposición y proximidad del público.
Consultado al respecto, Casero contó a LA NACION que no vio la serie al momento de su estreno, sino un tiempo después, y que recién ahí entendió el porqué del suceso internacional de la misma. “Es que la de Richard es una de esas historias tipo cuando la realidad supera la ficción”, comienza explicando. “Me interesó cómo la serie abordó temas tan relevantes y actuales como los traumas, los abusos, la falta de límites y la salud mental. Por momentos me encontraba reflexionando sobre cómo la narrativa reflejaba aspectos de nuestra vida cotidiana y los dilemas morales que enfrentamos todos. Al prepararme para interpretar al protagonista, me resulta fundamental entender esa conexión entre la ficción y la realidad, para poder transmitir esas emociones de manera auténtica al público”, sostiene a días de haber empezado los ensayos.

Aunque ahora es un ferviente fan de la serie, se inclina un poco más por el unipersonal, sobre todo por el desafío actoral que le implica: “Entre la serie y el unipersonal, la diferencia radica en los recursos y el lenguaje visual que tenés para contar una misma historia. Abordan un mismo tema, pero se apoyan en diferentes pilares. En la serie hay un montón de elementos, desde la edición y la música hasta un elenco muy variado que le suma mucha profundidad a la historia. En el unipersonal, todo eso recae en mí. El desafío es usar la voz, el cuerpo y las emociones para hacer que ese mundo y esos personajes aparezcan en la cabeza del espectador. Todo pasa por mí: la tensión, la comedia y el drama tienen que llegar a través de una actuación honesta y muy intensa”.
Esta es la primera vez que incursiona en un unipersonal. Y a medida que va avanzando en los ensayos del mismo, va comprendiendo las ventajas y desventajas de habitar en solitario un escenario. “Toda la tensión y la atención del trabajo pasan por el único actor y eso acarrea tanto pros como contras, pero es una hermosa aventura. Ser el único actor implica una carga significativa, pero también es una aventura emocionante. Por un lado, tengo la libertad creativa total para moldear mi personaje y su viaje; y cada función es un nuevo descubrimiento. Sin embargo, también siento el peso de la responsabilidad, ya que debo mantener la energía y captar la atención del público en todo momento. Esa tensión constante puede ser abrumadora, pero también es lo que hace que esta experiencia sea extraordinaria”, señala.

“Gracias a Dios”, dice, nunca le tocó transitar situaciones tan dramáticas como las que atraviesa el protagonista de Bebé Reno: “No tuve experiencias que se parezcan a las del protagonista —o las bloqueé bastante bien—, pero no hace falta ser un hombre lobo para poder hacer de tal. Todos tenemos nuestras luchas internas y nuestros miedos; son cosas muy humanas que, aunque no sean exactamente iguales, nos tocan de algún modo a todos. Por suerte, el trabajo maravilloso del (director) Indio Romero es saber dónde buscar y encontrar lo necesario para decodificar lo que tengo para lo que necesita este papel. Trabajar con él es inspirador, tiene una habilidad excepcional para guiarme en el proceso de construcción del personaje. Me lleva a explorar las capas y matices de la historia, lo que me ayuda a encontrar los elementos emocionales que son fundamentales para el papel. Su enfoque analítico y su sensibilidad artística me permiten desde cuestionar hasta profundizar, encontrando cada detalle necesario para hacer justicia a la complejidad del personaje”.
Dicho esto, ¿se podría inferir que se trata del trabajo más comprometido de Nazareno Casero? “¡Sí!, claro que lo es. Este es un experimento increíble que me está llevando a entender y aprender cosas que no había tenido la oportunidad o la entereza de experimentar. Es un desafío que me llena de vida. Y “la expectativa genera sufrimiento”, dicen los budistas… pero cuando hago algo, lo hago con todo lo que tengo y siempre esperando lo mejor para cada proyecto. Cada ensayo y actuación se convierte en una oportunidad de autodescubrimiento. Estoy aprendiendo no solo sobre el personaje, sino también sobre mí mismo y sobre cómo enfrento mis propias expectativas y miedos. Este proyecto, en particular, me está empujando a superar barreras personales que a veces había evitado. Aunque la presión de querer que todo salga bien puede ser intensa, he aprendido a abrazar la incertidumbre y a confiar en mi proceso creativo”, concluye el actor, que este año cumplirá 40 años de vida y 30 de profesión.
Bebé Reno, en la sala Pablo Neruda del Paseo La Plaza (Av.Corrientes 1660). Desde el 28 de abril, tendrá funciones los martes a las 20:30. Entradas: por Plateanet o en la boletería del teatro.




