
Buena versión de un clásico
1 minuto de lectura'
"El jardín de los cerezos", de Anton Chejov. Versión de Laura Caime y Hugo Alvarez. Intérpretes: Rita Terranova, Renata Marrone, Laura Sterlino, Enrique Oliva Zani, Daniel Dibiase, Santiago Ceresetto, Luis Marangón, Vera Czemerinski, Lorena Romanín, Samy Zarember, Matías Buzzo Pipet, Hugo Alvarez. Diseño de escenografía y vestuario: Gabriela A. Fernández. Diseño de iluminación: Daniel Bustamante. Música original: Héctor Magni. Coreografía: Gloria Ponsa. Puesta en escena y dirección general: Hugo Alvarez. En Corrientes Azul, Corrientes 5965.
Una de las piezas más destacadas en la producción de Anton Chejov, "El jardín de los cerezos", vuelve a reponerse en Buenos Aires y en esta oportunidad en una versión muy cuidada que agiliza ciertos momentos de la acción.
Después de una frustrada historia de amor, Liubov regresa a su casa paterna con la intención de reencontrarse con los suyos y así dar respiro a su ajetreado destino. Pero la realidad la enfrenta a una situación sumamente dolorosa. La propiedad va a ponerse en venta y no tiene los medios para retenerla. Económica y moralmente, la familia está destruida. Contradictoriamente, Lopajin, hijo de un viejo criado de la casa, será quien compre la finca y, a la vez, afirme la decadencia de esos seres que, en otros tiempos, gozaban de un gran esplendor.
Escrita en 1904, "El jardín de los cerezos" se impone como un texto muy emblemático, también, a la hora de mostrar a la sociedad rusa en vísperas de la revolución.
En el espectáculo, que está representándose en la sala Corrientes Azul, la pieza de Chejov se expone fiel al original; así, quedan muy expuestos los diferentes mundos que cada personaje encarna. Y entre esas oposiciones la realidad rusa del momento se torna muy provocadora para el espectador. Hermanos que han perdido la herencia y la dignidad, hijos que crecen sin un destino seguro, pobres enriquecidos de la noche a la mañana, terratenientes que aprovechan la crisis económica, estudiantes que no llegan a profesionalizarse y los mayores, cercanos a la muerte, observando ese espacio de confusión.
El elenco de esta versión es bastante heterogéneo y sobre todo en algunos intérpretes jóvenes se nota su falta de experiencia escénica. Aun así, el trabajo posee escenas muy logradas y algunas composiciones muy acertadas. Se destacan, sobre todo, Rita Terranova (Liubov), Daniel Dibiase (Lopajin), Vera Czemerinski (la institutriz), Renata Marrone (Ania) y es verdaderamente conmovedora la recreación del mayordomo Firs, que concreta Samy Zarember.
El diseño escenográfico de Gabriela Fernández redescubre y aprovecha el espacio que ofrece la propia sala; de este modo, se concreta una propuesta muy acertada.






