
Calderón
Pasolini retomó el siglo de oro español para retratar las miserias de la guerra
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Autor : Pier Paolo Pasolini. Dirección : Adelaida Mangani. Traducción : Carla Matteini. Elenco : Laura Novoa, Javier Drolas, Daniel Spinelli, Victoriano Alonso, Valentina Aparicio, Ariadna Bufano, Eleonora Dafcik, Bruno Gianatelli, Julia Ibarra, Celeste López, Mabel Marrone y elenco. Imagen y sonido: Ivan Grigoriev. Musicalización : Adelaida Mangani . Iluminación : Héctor Calmetw y Miguel Morales. Vestuario: Katy Raggi. Duración : 90 minutos. Funciones : de jueves a sábado, a las 20.30; domingos, a las 19.30. Sala : Teatro Regio, Córdoba 6056
Nuestra opinión: buena
Seguramente no es casual que Pier Paolo Pasolini haya decidido retomar el barroco español para el diseño y el armado de lo que finalmente sería una de sus obras teatrales de mayor trascendencia: Calderón . En ella, el artista italiano trabaja fuertemente parte de lo que ha sido el legado del Siglo de Oro ibérico para analizar, a partir de sus premisas y presupuestos, el siglo XX y sus guerras y miserias.
Rosaura desplaza en su protagonismo a Segismundo y se convierte en el motor de la pieza que se hace eco de la imposibilidad de establecer, con niveles de certeza, los niveles de verdad de las experiencias vitales. Así como Segismundo padeció la torre del castillo como encierro y cierto día se despierta en la habitación del rey, Rosaura será víctima de una sucesión de sueños y despertares que la ubicarán en una cama a la que no reconoce como propia, y con una hermana tan desconocida como la habitación misma.
Sin embargo, por los artilugios propios de la ficción lentamente se entrega al juego y lo hace sin siquiera tener recuerdos de la repetición a la que la somete cada despertar. Así, el hecho de -parafraseando a Calderón de la Barca- que la vida sea sueño, y los sueños sueños sean, o la también intrigante afirmación que sostiene que "sueña el rey que es rey y vive su vida gobernando" aparecen transformadas en la pieza de Pasolini como forma de poner en escena el fascismo europeo del siglo XX y la siempre soñada revolución obrera.
Adelaida Mangani realiza una versión de esta obra, que adapta al lenguaje de los títeres, pero sin que esto signifique que la pieza está destinada a un público infantil. Muy por el contrario, las referencias y las derivas tanto del tema como de los procedimientos le da cierto nivel de oscuridad a la propuesta. Con algunos cambios inexplicables sobre el texto original (entre los que habría que resaltar la aparición de un ángel allí donde en Pasolini había un presentador y representante del autor), la obra utiliza el desdoblamiento sujeto-objeto o cuerpo humano-títere como forma de sostener inteligentemente la propuesta del autor de Teorema .
Si bien por algunos escasos momentos el decir de los actores integrantes del grupo de titiriteros parece empequeñecer el grito que realiza el texto, Laura Novoa compone una Rosaura que se acomoda a la perfección con cada uno de los estadios que recorre su incapturable personaje.
En lo que hace a los muñecos, tanto en su realización como en su ejecución, no hay más que méritos para señalar. En lo estrictamente escénico, la escenografía acompaña con austeridad y eficacia los variados cambios espaciales, pero lo que verdaderamente no acompaña todo lo destacado hasta aquí es el diseño sonoro, ya que el recurrir a canciones provenientes de la industria de la música y no a creaciones para la ocasión le resta profesionalismo.




