
Cipe Lincovsky y su primer amor
Cipe dice Brecht , sobre textos de Bertolt Brecht, traducción, adaptación y dirección de Cipe Lincovsky. Luces: Ariel Del Mastro. Piano: Pablo Duchovny. Centro Cultural de la Cooperación.
Nuestra opinión: bueno
Cipe dice Brecht. Cipe recita Brecht. Cipe canta Brecht. Cipe respira Brecht. El idilio dura ya casi cincuenta años: ella llegó a Berlín por primera vez en 1957, su querido Bertolt había muerto el año anterior. Desde entonces, él la acompaña a todas partes. Dondequiera que la actriz argentina se presenta -¡y vaya si Lincovsky ha corrido mundo!-, en una sala a la italiana o en un cabaret, en una carpa o en una plaza, el dramaturgo alemán está a su lado.
En este unipersonal, homenaje al cincuentenario de su muerte, su presencia física es evocada por un cenital, un cono de luz que se desplaza junto al que alumbra a Cipe. Gracias a la interpretación de ésta, el fantasma adquiere una corporeidad alucinante.
De poemas y canciones
Con fragmentos de diversas obras de Brecht, algunos de sus poemas y canciones (la más conocida, la del Mackie Messer, con música de Kurt Weill, que abre La ópera de tres centavos ), se arma un espectáculo que Cipe declara no haber hecho nunca aquí, si bien varios números integraron anteriores presentaciones locales.
Entre otros materiales heterogéneos están la famosa abjuración de Galileo (admirablemente interpretada), las reflexiones de Madre Coraje, la socarrona dialéctica del soldado Schweick -la misma que el propio Brecht usó al ser interrogado por el comité parlamentario de actividades antinorteamericanas-, las plegarias del Alma buena de Sechuan , y textos dedicados a la tercera mujer del dramaturgo, la actriz Helene Weigel, gran amiga de Lincovsky, a cuya disposición puso el escenario del Berliner Ensemble, nada menos.
El tiempo no ha atenuado la mordedura de las palabras de Brecht. Al contrario, hoy se aprecia mejor su condición de visionario, de profeta de una edad horrible. Y Cipe sabe cómo expresarlo, de punta a punta, del derecho y del revés: tampoco los años han marchitado su potencial dramático, su singular capacidad para el humor y para la tragedia. Luces y música la acompañan adecuadamente en este viaje que, por suerte, no se demora en la nostalgia ni en la melancolía, sino que es un canto a la vida, tal como merecería ser vivida.






