
Cita con viejos conocidos
¿Por qué, en el siglo XXI, nos sentimos tan atraídos por esta inescrupulosa pareja del siglo XVIII? En los últimos quince años, la marquesa de Merteuil y el vizconde de Valmont, salidos de las páginas de una novela admirable, "Las relaciones peligrosas", de Pierre Choderlos de Laclos, publicada en 1782, se nos han vuelto tan familiares como esos viejos conocidos que nos inspiran cierto recelo, a los que saludamos de lejos y con mesura, pero que, de todas maneras, nos fascinan.
Tan sólo aquí, en Buenos Aires, los hemos reencontrado a menudo, en la pantalla y en el escenario, desde el magnífico film de Stephen Frears, donde la Merteuil es Glenn Close y Valmont es John Malkovich, inolvidables ambos, lo mismo que Michelle Pfeiffer como la púdica y finalmente seducida Madame de Tourvel, y Uma Thurman en el papel de la ingenua libertina, Cécile de Volanges. Seguido por otra versión casi contemporánea (comienzos de los años 90 del siglo pasado), pero mucho menos potente, del checo Milos Forman. Sin olvidar una versión muy anterior, de los 60, hecha por Roger Vadim con Jeanne Moreau y Michel Piccoli, ambientada en esa época.
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En las tablas tuvimos la adaptación del inglés Christopher Hampton, dirigida por Cecilio Madanes, con Oscar Martínez (Valmont), Cecilia Roth (Merteuil), Ingrid Pelicori (Tourvel) y Niní Gambier como la anciana tía de Valmont, Madame de Rosemonde, en cuya casa de campo ocurren los principales incidentes de la historia. En 1981, Heiner Müller (1928-1995), el notable dramaturgo alemán, concibió una versión para sólo dos intérpretes, titulada "Cuarteto", donde el actor y la actriz se alternan en interpretar no sólo a la marquesa y el vizconde sino también a los otros personajes, pero con un sesgo malicioso: Merteuil puede ser, de a ratos, Valmont, y viceversa, pero también al varón le toca hacer de Madame de Tourvel. Hubo aquí dos versiones de "Cuarteto", separadas por un lapso muy breve: la que en el Payró hicieron Alicia Aller y Jean-Pierre Reguerraz, con traducción de Mónica Viñao y puesta de Víctor García Peralta, y la otra en el Lola Membrives, en una muy corta temporada de la Comedia de la Provincia de Buenos Aires, dirigida por Daniel Suárez Marzal, con Cecilia Banegas y Víctor Laplace.
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Y en estos días se está presentando en La Trastienda otra variante, "Relaciones tropicales", calificada de "ópera cabaret", también con sólo dos intérpretes, Alejandra Radano y Giorgio Faelli. El libro es del crítico y escritor francés René de Ceccatty, de Alfredo Arias (innecesario presentarlo) y de Gonzalo Demaría, autor de la música de los recitativos. Estas páginas ya juzgaron el espectáculo, así que únicamente cabe recordar que se trata de una visión musical y satírica de la compleja intriga, sobre la base de conocidos boleros.
¿Cuál sería entonces la respuesta a la pregunta inicial de esta nota? La marquesa y el vizconde pintados por Laclos siguen vigentes porque su cinismo y su crueldad son, en 2003, el pan cotidiano (y bien amargo, por cierto), de buena parte de la humanidad. Como para el "hipócrita lector" de Baudelaire, esas criaturas infernales son nuestros hermanos, nuestros semejantes.
En la novela son castigados con la muerte y el desdén; hoy figurarían con todos los honores en las páginas -y hasta en las tapas- de las revistas de actualidad, propuestos como modelos de éxito, riqueza y elegancia. Y si esto suena a moralina, digamos que no fue otro el propósito de Laclos, quien vivió entre 1741 y 1803, hizo una discreta carrera militar, escribió su novela mientras se aburría estando de guarnición en la isla de Ré, y con ella obtuvo un éxito considerable, en su tiempo y en el nuestro.




