Cómo despedirsede Tato Pavlovsky

Evans, lista para dejar la casa que compartió con su marido
Evans, lista para dejar la casa que compartió con su marido Crédito: Diego Spivacow/AFV
A cuatro años de su muerte, Susy Evans presenta En fin, textos inéditos del dramaturgo
Leni González
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14 de octubre de 2019  

Al abrir la puerta, Susy Evans dice que es un mal día para notas. Es una casa de espacios amplios, con jardín y pileta, mucho verde, luz por las ventanas y, a la vez, austera, geométrica, con pocos muebles, algunos cuadros en el living, objetos de arte, apenas un premio medio escondido, ninguna foto. Obra del arquitecto Rodolfo Livingstone, esa casa del barrio de Belgrano es el hogar donde Susy vivió con su marido, Eduardo "Tato" Pavlovsky, durante más de tres décadas. A cuatro años de su muerte, tomó una decisión.

"Hoy estoy en un día especial, mi último día en este lugar", dice mirando las paredes con ojos celestes titilantes, nublados, sin maquillaje. "Tengo que mudarme para poder seguir. Acá todo me habla de la no presencia de Tato", agrega mientras pone un CD en el equipo de música: "A nosotros no nos gustaba escuchar por la computadora ni por las redes. No nos acostumbramos a esas cosas".

Mendocina, aporteñada desde los catorce, bailarina, psicóloga, actriz, madre y abuela, mujer de Tato por siempre. A Susy no le molesta el modo posesivo. Era mutuo: "Nos criticaban porque éramos una pareja simbiótica y hasta vimos a un terapeuta. '¿Y qué más quieren? Si todo el mundo sueña con un amor así'". A Susy no hay que auscultarla para que el corazón hable. Lo lleva en los poros, le brota en los detalles, está en el centro de su identidad. Trabajó, aprendió, descubrió, dirigió y fue dirigida por un hombre puro cuerpo, puro corazón, "un ruso", le decía: "Vos sos como un leñador ruso".

Una de sus hijas, de las dos que tuvo antes de los 25 años con su primer marido, el escritor e historiador Pacho O'Donnell, le confesó que no imaginaba que la viudez iba a afectarla tanto. "Tampoco yo lo sabía", respondió la madre. Para tratar de salir de esa parálisis, hace un par de años el actor Eduardo Misch, amigo y mano derecha de Tato, le acercó unos textos que ni Susy conocía. "Son fragmentos, no es una obra completa, textos inconclusos mezclados con partes de obras anteriores. Eduardo, que pasaba en limpio la letra de arañita de Tato, me propuso leerlos juntos. Al principio me costó mucho, son sus últimos escritos. Aunque hacía cinco años que él ya sabía que su corazón podía fallarle en cualquier momento, no tienen que ver con el final, sino con su manera de sentir y pensar la vida, su postura existencial, nunca desde el intelecto, sino desde las vísceras".

Dos sillas y unas luces bastan para que Evans y Misch presenten En fin, la lectura de textos inéditos de Pavlovsky que, por períodos cortos, ya pasó por varias salas, como Calibán y Payró, en la ciudad de Buenos Aires, y El Galpón de las Artes, en Mar del Plata. El recorrido continúa, pero de manera intermitente: la próxima función será mañana, a las 18, en la Casa Municipal de la Cultura de Adrogué.

Uno de los relatos, el del final, es la voz de un violador en primera persona, narrado a la manera de Potestad, desde los zapatos de ese otro aborrecible. "A la gente le gusta y a mí me extraña porque nunca leí drama en público, me parecía muy difícil escuchar una lectura de teatro. Y la verdad es que la recepción es muy buena. Es otra forma de despedirme, aunque nunca podré despedirme del todo. Lo mejor de mi vida pasó, tuve una vida linda, hicimos mucho teatro", dice Susy, que empezó a actuar en Potestad y siguió en Largo encuentro, Rojos globos rojos, Variaciones Meyerhold, Solo brumas y Asuntos pendientes, entre otras obras de Pavlovsky, además de dirigirlo en una, Imperceptible.

Junto con su amiga, la actriz y directora de varias obras de Tato, Elvira "Pipi" Onetto, va a ver teatro de vez en cuando. Dice que le gustó la versión de Potestad con María Onetto y dirección de Norman Briski, un gran amigo y compañero artístico del psiquiatra, dramaturgo, actor y director. Y participó de Integral Pavlovsky, la acción de inicio 2017 en el Teatro Nacional Cervantes. "A Tato no le gustaba el teatro oficial, se rebelaba, le ofrecieron participar algunas veces, pero lo rechazaba. Muchas personas lo querían, pero más del mundo de la psicología que del teatro", cuenta sobre la nula presencia del artista en el circuito oficial.

Si bien lo conoció en una terapia grupal a la que asistió por recomendación de su entonces marido Pacho O'Donnell, se hicieron amigos en España cuando ambas familias debieron exiliarse durante la dictadura. Cuando regresaron a Buenos Aires, las parejas ya no eran las mismas: la dramaturga Susana Torres Molina, ex de Pavlovsky, se unió a Marilina Ross, mientras que Tato y Susy empezaron, de a poco, a construir la casa en Belgrano adonde se mudó el ensamble con tres hijos, las dos de Susy y el menor de los Pavlovsky. "Y... cosas que pasan y pasó. Nunca nos separamos. Con Pacho nos queremos mucho, está mejor que nunca. Nos habíamos casado muy jóvenes. Todos somos amigos, por supuesto", cuenta.

La última obra que hicieron juntos fue Asuntos pendientes, en el Centro Cultural de la Cooperación. Primero se enfermó Susy y debió ser internada por un problema intestinal. A los cuatro meses murió Tato, a los 81 años, el 4 de octubre de 2015.

"Esos años finales fueron duros, pero él los llevó con mucha gracia. Una sola vez me dijo: '¿Cómo vas a hacer para vivir sola en esta casa?'. Por eso me mudo, voy a intentarlo. Quiero salir, trabajar con otros directores. Tengo que romper el aislamiento".

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