Con la frescura de un cuento clásico

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25 de agosto de 2001  

"Juan sin miedo", versión libre de Alejandro Borgatello del cuento de Charles Perrault. Elenco: Marina Bonnin, Doris Cumbrera, Jorge López, Sebastián Pozzi y Juan Smiljan. Vestuario: Carol y Liset Smiljan. Escenografía: Laura Ponturo y Florencia Promeslavsky. Arreglos musicales: Román Gómez. Música original, coreografía y dirección general: Verónica Shon. Teatro del Pasillo, Colombres 35, sábados, a las 17. Entrada: $ 3.

Nuestra opinión: bueno.

El espectáculo tiene la frescura y el interés de un cuento clásico. Se ha buscado una aproximación sencilla y tradicional para transmitir la historia: escenografía figurativa de ilustración de libro de cuentos, vestuario también acorde con la identificación de los personajes, un poco de efectos (bruma, sonidos) para darle un toque de realismo a la fantasía, diálogos y acción que hacen progresar el relato.

Se recurrió a una interesante caracterización de los árboles, por ejemplo, que caminan, cantan y bailan, pero igualmente dejan ver sus rostros, de modo que el efecto no asusta, sino que es agradable y armonioso.

La historia es la de Juan, un niño que quiere descubrir qué es el miedo y acude a un bosque del cual se cuentan cosas espeluznantes.

Juan se propone pasar la noche allí a la espera de ruidos, chillidos o seres fabulosos que lo hagan asustar. Pero su naturaleza curiosa y a la vez solidaria hace que cada vez que un extraño habitante de la noche intenta asustarlo él se interese por el problema que lleva al otro a comportarse de forma tan sorprendente.

Así pasan: un duende (quien de alguna manera es el organizador del "show" terrorífico del bosque), que a Juan le resulta divertido, una bruja, cuya escoba es bastante rebelde y un fantasma con una larga y triste historia que despierta su compasión.

Luego llega Carolina, una chica que está perdida y que decide quedarse para ayudarlo a sentir miedo. Las cosas se complican: Juan termina asustando él a los personajes, pero llega a sentir temor cuando Carolina desaparece.

Todo se soluciona con un final de cuento de buenas noches.

Humor

Hay mucho de juego y traviesa ironía en toda la acción. Y el toque romántico, con el enamoramiento de los dos jóvenes.

Los fracasos de los personajes en sus intentos de asustar a Juan resultan divertidos y son bien recibidos por los chicos de la platea. Es eficaz la desmitificación de los "cucos" tradicionales, y en ese sentido Juan, con su ingenuo desparpajo, lidera una conducta de apertura hacia las diferencias. También ocurre que el fantasma, la bruja y el duende, encerrados en su mundo oscuro de resentimientos que propicia la noche, pueden descubrir un mundo diferente a la luz del sol.

Pero si bien la obra sortea con cierta habilidad las explicaciones que suelen abrumar los diálogos en el teatro para chicos, no escapa finalmente al recitado de las lecciones de vida aprendidas por los personajes. Máximas innecesarias porque la acción ya las ha hecho ver.

Pese a que el argumento tiene equilibrio, hacia el final la conducta de Carolina la va transformando en alguien que parece conocer demasiadas cosas. Al principio el personaje es más espontáneo y natural, tiene miedo y busca la compañía y protección de Juan, pero luego, en forma deliberada, despertará su temor y preocupación por ella, escondiéndose. Con esto el autor le dio una posición superior a la del héroe, casi la de una maestra o mentora.

Este desequilibrio la desdibuja como personaje, mientras la caracterización de Juan, en cambio, es muy coherente en toda la acción.

De todos modos, se trata de un espectáculo ameno, cuidadosamente estructurado, con un ritmo parejo, que entretiene agradablemente a los chicos entre 6 y 9 años.

El espectáculo tiene la frescura y el interés de un cuento clásico. Se ha buscado una aproximación sencilla y tradicional para transmitir la historia: escenografía figurativa de ilustración de libro de cuentos, vestuario también acorde con la identificación de los personajes, un poco de efectos (bruma, sonidos) para darle un toque de realismo a la fantasía, diálogos y acción que hacen progresar el relato.

Se recurrió a una interesante caracterización de los árboles, por ejemplo, que caminan, cantan y bailan, pero igualmente dejan ver sus rostros, de modo que el efecto no asusta, sino que es agradable y armonioso.

La historia es la de Juan, un niño que quiere descubrir qué es el miedo y acude a un bosque del cual se cuentan cosas espeluznantes.

Juan se propone pasar la noche allí a la espera de ruidos, chillidos o seres fabulosos que lo hagan asustar. Pero su naturaleza curiosa y a la vez solidaria hace que cada vez que un extraño habitante de la noche intenta asustarlo él se interese por el problema que lleva al otro a comportarse de forma tan sorprendente.

Así pasan: un duende (quien de alguna manera es el organizador del "show" terrorífico del bosque), que a Juan le resulta divertido, una bruja, cuya escoba es bastante rebelde y un fantasma con una larga y triste historia que despierta su compasión.

Luego llega Carolina, una chica que está perdida y que decide quedarse para ayudarlo a sentir miedo. Las cosas se complican: Juan termina asustando él a los personajes, pero llega a sentir temor cuando Carolina desaparece.

Todo se soluciona con un final de cuento de buenas noches.

Humor

Hay mucho de juego y traviesa ironía en toda la acción. Y el toque romántico, con el enamoramiento de los dos jóvenes.

Los fracasos de los personajes en sus intentos de asustar a Juan resultan divertidos y son bien recibidos por los chicos de la platea. Es eficaz la desmitificación de los "cucos" tradicionales, y en ese sentido Juan, con su ingenuo desparpajo, lidera una conducta de apertura hacia las diferencias. También ocurre que el fantasma, la bruja y el duende, encerrados en su mundo oscuro de resentimientos que propicia la noche, pueden descubrir un mundo diferente a la luz del sol.

Pero si bien la obra sortea con cierta habilidad las explicaciones que suelen abrumar los diálogos en el teatro para chicos, no escapa finalmente al recitado de las lecciones de vida aprendidas por los personajes. Máximas innecesarias porque la acción ya las ha hecho ver.

Pese a que el argumento tiene equilibrio, hacia el final la conducta de Carolina la va transformando en alguien que parece conocer demasiadas cosas. Al principio el personaje es más espontáneo y natural, tiene miedo y busca la compañía y protección de Juan, pero luego, en forma deliberada, despertará su temor y preocupación por ella, escondiéndose. Con esto el autor le dio una posición superior a la del héroe, casi la de una maestra o mentora.

Este desequilibrio la desdibuja como personaje, mientras la caracterización de Juan, en cambio, es muy coherente en toda la acción.

De todos modos, se trata de un espectáculo ameno, cuidadosamente estructurado, con un ritmo parejo, que entretiene agradablemente a los chicos entre 6 y 9 años.

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