Con la nuestra, una comedia entre estafas, secretos, risas y estereotipos
Esta pieza, que se puede ver en el Paseo La Plaza, fue escrita por Jorgelina Aruzzi y Peto Menahem
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Con la nuestra. Autores: Jorgelina Aruzzi y Peto Menahem. Dirección: Peto Menahem. Intérpretes: Jorgelina Aruzzi, Marcelo De Bellis, Rafael Ferro, Patricia Echegoyen, Gloria Carrá y Tomás Kirzner. Vestuario: Sofía Di Nunzio. Escenografía: Mariana Tirantte. Iluminación: Matías Sendón. Sala: Paseo La Plaza (Corrientes 1660). Funciones: jueves a las 20.15, viernes a las 20, sábados a las 19.45 y 21.45 y domingos a las 19. Duración: 70 minutos. Nuestra opinión: buena.
Es imposible separar al humor de su época. Las mejores comedias de la historia son las que supieron leer su contexto y tirar de la cuerda para mostrar las incongruencias, lo ridículo y los efectos grotescos de las peores versiones de la humanidad. A su vez, los grandes comediantes siempre tuvieron una posición política y una mirada sobre las injusticias de su época. Así fueron los clásicos: Chaplin, Buster Keaton y los hermanos Marx. De esta tradición, se podrían vincular todos los espectáculos que con distintos registros y procedimientos asumen en este presente el género de la comedia.
Con la nuestra, la última obra escrita por Jorgelina Aruzzi y Peto Menahem, dos grandes comediantes argentinos, se inscribe en esta línea de leer los estereotipos de nuestro tiempo: ricos de country, de vidas superficiales, estafas, robos y menciones directas a los hechos de corrupción de nuestra época. En esa lectura de la actualidad, hasta incluye las migraciones recientes al sumar a un personaje que es el profesor de tenis ruso de las vecinas del country.

Una vez construidas las máscaras sociales: la religiosa extrema, la borracha cargada de resentimiento, la que vive en la máxima superficialidad y nunca se entera de nada, entre otras, se arma la situación para mostrar las contradicciones e hipocresías de todos los personajes. En la historia, estas tres vecinas de un exclusivo country junto al instructor de tenis del barrio, irrumpen en casa de Martín, un financista tan encantador como inescrupuloso, creyendo que se encuentra fuera del país. Su objetivo es recuperar el dinero que le entregaron para una inversión que prometía volverlos millonarios. Pero una vez dentro de la casa, descubren que Martín no viajó a ningún lado. La situación se transforma en una batalla de mentiras, reproches y secretos mal guardados.
El argumento cumple con todos los elementos de la comedia clásica: se arma una situación y un conflicto evidente que genera enredos y alianzas cambiantes. La obra es dirigida por uno de sus autores, Peto Menahem, y se nota su pericia para hacer crecer otro elemento del humor que es la bola de nieve: que el conflicto crezca y crezca, las reacciones sean cada vez más extremas y todo se vuelva más ridículo. De esa exposición de lo insólito, se supone que emerge la risa como un mecanismo liberador de lo absurdo y, muchas veces, patético de la condición humana. Pero uno de los puntos por los cuales la escena de Con la nuestra no termina de explotar y no se genera ese efecto cómico tan físico y catártico es porque la situación se queda en el enfrentamiento literal, arma incluida, de: “Devolveme la plata que te di / No, andate de mi casa”. A las actuaciones todavía les falta cuerpo y un trabajo físico más contundente para que el conflicto se sienta más peligroso y, entonces, más gracioso.

Si los personajes de esta historia son capaces de estafar a sus amigos, de matar por dinero, de engañar a quienes dicen estar enamorados, entonces la escena necesita todavía más riesgo para que todo lo insólito que ya está presente en esta comedia genere el efecto cómico tan buscado en el público y tan necesario para leer e interpretar nuestra época.
Todo el elenco de este espectáculo está integrado por grandes artistas y cada uno tiene su momento de lucimiento, donde muestra la experiencia y la capacidad para el registro cómico: Jorgelina Aruzzi, brillante en la comedia física; Marcelo De Bellis, con el tono justo para un guardia de seguridad que finge ingenuidad con sus jefes; Rafael Ferro, el galán seductor que quiere convencer con palabras; Patricia Echegoyen, la fanática religiosa que es referente de la comicidad verbal; Gloria Carrá, con una falsa inocencia y un juego con la voz impecable, y Tomás Kirzner, el profesor ruso, quien trabaja su expresión verbal y un tono más sutil acorde a la situación social de este personaje. Tal vez lo que todavía le falta a este espectáculo es la fuerza colectiva de la comedia, la velocidad, el trabajo físico y el animarse a más para que algo que está latente termine de trasladarse al escenario, en una obra que está integrada por grandes comediantes de nuestro país.
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