Conflictos familiares crónicos en escenas fraccionadas

Susana Freire
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15 de marzo de 2019  

Una familia feliz

Nuestra opinión: buena

Libro: Javier Naudeau. Intérpretes: Heidi Fauth, Diego López Domínguez, Pedro Maurizi y Rodrigo Paredes. Iluminación: Matías Sendón. Vestuario: Analía Morales. Dirección: Federico Buso. Funciones: sábados, a las 21. Sala: Espacio Callejón, Humahuaca 3759. Duración: 67 minutos.

Una mujer, ávida de afectos y con necesidades de satisfacer su apetito sexual, y un hijo, de 16 años, sometido a la voluntad de la madre, son los protagonistas de este pequeño grupo familiar que delinea una disfuncionalidad crónica. A ellos se suma un tercero, un oportunista, un ratero, que solo ve en las necesidades de la mujer una posibilidad de beneficiarse económicamente. La base del conflicto radica en Raquel que solo busca satisfacer sus apetencias: el sexo, la bebida y modificar su realidad según su conveniencia. No quiere tomar conciencia de los sentimientos del hijo que solo pretende conocer el nombre de su padre. Ella, promiscua, declara no conocer quién pudo ser, entre tantos hombres que frecuentó, aquel que la embarazó.

La pieza nos muestra esta relación que expone, en líneas generales, la negación por parte de la mujer de tomar conciencia de la realidad y la falta de un sentido crítico de ella que se hace, en este caso, imprescindible. En cada situación, la distorsión que hace Raquel de su realidad se convierte en crónica y por vivir en la fantasía se hace más susceptible de ser engañada.

Es aquí donde entra Daniel, un hombre al que conoció circunstancialmente y del que se niega a ver su verdadero comportamiento mientras le brinde sexo y algún gesto de ternura. La víctima es Germán, un adolescente que ve, impotente, estas características de su madre sin poder remediarlas, a pesar del amor que siente por ella. Finalmente, el joven se ve obligado a contener las desdichas de ella asumiendo una responsabilidad que lo aleja a golpes de la adolescencia que se merece.

El texto de Javier Naudeau se presenta fraccionado en escenas que permiten desarrollar un crecimiento dramático, aunque en alguna secuencia se reiteran situaciones con la misma problemática, lo que frena el ritmo de la acción. Federico Buso, en la puesta, cumple con los requerimientos de la obra, lo mismo que sucede con la escenografía, el vestuario y la iluminación. Sin embargo, se distingue en la dirección de actores, donde cada uno logra definir un perfil acertado de los personajes. Contó con la participación de un buen elenco, donde los actores y la actriz se mostraron muy convincentes al exponer la esencia de cada individuo, destacando al joven Pedro Maurizi, quien logra momentos muy conmovedores.

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