Creatividad y pasión en La Plata
Imposible resumir en un breve espacio la extraordinaria vitalidad y apertura que viene registrando el Teatro Argentino de La Plata en el curso de este 2010, que no sólo es el del bicentenario de la Nación, sino también el de los 120 años de la sala lírica platense. Semejante celebración ha tenido la excepcional fortuna de encontrarse con uno de los artistas más imaginativos y briosos de nuestra jungla musical como es Marcelo Lombardero. Porque si ya cautivó tantas veces con sus dotes de barítono y actor en los tablados líricos (¿cómo olvidar su Barba Azul de Bartok o su Fritz, el Pierrot de Die Tote Stadt , de Korngold, en el Colón?), o se impuso por su oficio e imaginación con sus puestas operísticas (bastaría sólo recordar su Lady Macbeth en el distrito de Mtsensk de este año), en esta etapa de director artístico del Argentino su acción le abre sin duda el acceso a la gran historia de nuestra vida musical.
Lo ha dicho hace poco en una entrevista: su punto de mira es ser renovador, convocar a nuevos públicos porque los viejos espectadores ya están instalados y no se van, ser serio y a la vez creativo en sus propuestas.
También ha dicho que sus ofertas "tienen ideología, una intención". Y dio como ejemplos el doble programa con el ballet Estancia de Ginastera y Ainadamar de Golijov, creador platense, autor de esa ópera representativa del siglo XX, con sus persecuciones políticas, muertes y traiciones.
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El Segundo Encuentro de OLA (Opera Latinoamericana), realizado el año pasado, ya marcó la tendencia de apertura, luego extendida hacia Europa, como es el caso de la Francesca de Rímini que se acaba de ofrecer, en coproducción con la Opera de Monte Carlo. Todos los espacios abiertos en esta nueva etapa del Argentino, sea la Opera Estudio, el centro de experimentación, la Escuela de Artes y Oficios, próxima a iniciar sus actividades, o las variadísimas propuestas de conciertos sinfónicos y de cámara o corales, ballets, proyecciones cinematográficas como las que ahora ofrece el Met y, naturalmente, las expresiones líricas, que están en la esencia misma del Argentino, reflejan esa pasión ambiciosa de Lombardero por abrirse hacia el mundo, tanto al más cercano de su entorno argentino como aquel otro que, pese a las crisis que se quiera, se renueva cada día con excepcional pujanza. Cuenta eso sí con un fuerte soporte en la administración de Leandro Iglesias y en todos los que colaboran con él desde los distintos ámbitos artísticos. Porque conducir un centro cultural y un teatro lírico, todo junto, debe ser casi de ciencia ficción.




