
En el nombre del padre: humor y un final plausible con una gran dupla

En el nombre del padre
Nuestra opinión: muy buena
Libro y dirección: Pepe Cibrián Campoy. Intérpretes: Viviana Saccone y Pepe Cibrián Campoy. Escenografía: Daniel Feijóo. Música: Esteban Dansker. Stage manager: Yanina Groppo. Producción: Guillermo Marín. Teatro: Picadilly, Corrientes 1524. Funciones: de jueves a domingos. Duración: 100 minutos.
El señor de los musicales, Pepe Cibrián, regresó a la comedia, en el triple papel de actor, autor y director, y lo hace con un as en la manga, un secreto que revelará en el final y dejará con la boca abierta al público, que estallará en un cerrado aplauso. Lo acompaña Viviana Saccone, con la que Campoy posee una química inigualable.
Para Campoy y Saccone, el escenario es su hábitat. Esa ductilidad que los define, además de asumir el protagónico de una pareja con décadas de casados, en la diversidad de situaciones que propone el texto, abordarán los papeles, de las hijas, del hijo y de Jacinta, una portera tan díscola que parece un personaje de Almodóvar.
Campoy dramaturgo conoce bien al público. Su pieza sobre una familia teñida por lo mediático de la tele y la política, tiene diálogos breves y certeros. Pero hay dos elementos esenciales. El primero es que en ella Cibrián hace un homenaje a sus padres fallecidos, maestros de la comedia. Y cuando asume a Jacinta, como en otras instancias, se reconoce en sus gestos, en su prestancia, en su desfachatez, la ternura y el timing escénico perfecto de Ana María, o el porte seductor y pícaro de galán de José Cibrián padre.
Viviana Saccone disfruta de este lúdico tablero de ajedrez que le propone Cibrián y de este modo, los personajes asoman con la candidez y la ingenuidad que cada uno requiere, también con un leve y bien aprovechado matiz de caricatura. Pero si está última intenta ser una crítica a ciertos arquetipos, el agua nunca llega al río, porque todo el espectáculo está impregnado de una ternura que desborda a ambos intérpretes.
Por el nombre del padre, es un título que alude a una cierta audacia, a mostrar con sinceridad y sin tapujos, lo que queremos ser en la vida, guste o no a los otros/otras. Es una comedia que esconde el sugestivo matiz de parecer ligera y despertar la risa fácil, pero también aporta sutilezas y abre un interrogante en estos tiempos de disonancias. La pregunta es: ¿cuál es el límite para respetar y aceptar los deseos del otro, cuando existe el amor de verdad en la pareja, o entre los hijos y los padres?
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