
Crónica de una crítica frustrada
Pensar que la primera fila es una buena opción, no resulta si se trata del Provincial
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MAR DEL PLATA.- Sobre la crítica teatral corren algunas fantasías. Por ejemplo, pensar que apenas llega el crítico a la boletería de la sala le entregan las mejores localidades. ¡Error! Anteayer cuando este cronista (o crítico, como quiera) se acercó a la boletería del teatro Provincial para solicitar sus entradas para "Inodoro Pereyra", pedidas con la debida anticipación, terminó sentado en un lugar desde el cual no se pudo ver una obra (sea "Inodoro" o "La señora Macbeth"). Y para dejar en claro que no se trataba de algo personal, una colega de un diario nacional tuvo igual mala suerte.
Ahora bien, ¿cómo es que este cronista fue a dar a semejante ubicación? Eso es cosa de un teléfono roto (por tirar una hipótesis) que poco importa a la gente. Lo preocupante (no, lo vergonzoso) es que esta ubicación cuesta 30 pesos (el precio más alto) y que sencillamente no debería estar a la venta.
Para ubicarlo un poco, si usted ve (ver es una forma de decir) a "Inodoro" desde ese lugar, el personaje del diablo no existe (o, digámoslo de otra forma, sólo se lo escucha).
Otro ejemplo, el remate de "la" Eulogia bailando "Bolero", de Ravel (que fue una de las escenas más aplaudidas), está fuera del alcance visual. Situaciones como las descriptas son muchas, demasiadas.
Para dar una idea más precisa todavía, en la extensa primera fila del Provincial, las seis primeras butacas del lateral derecho están por fuera de la embocadura del escenario. De tener la "suerte" de estar sentadito ahí, deberá lidiar con diferentes problemas.
El primero de ellos, obvio, será una fuerte molestia en su nuca porque usted está muy cerca de la línea del escenario, pero a varios metros de donde transcurre la acción. En segundo término, deberá adivinar lo que sucede en algunas partes (lo cual puede ser un buen ejercicio para la imaginación, pero?).
Tercero, si está empeñado en intentar ver lo que sucede tendrá que lidiar con un parlante ubicado a nivel del piso que acota más el campo visual (para colmo, Mendieta, perro él, se la pasa casi todo el tiempo en cuatro patas?). Hay (o había en la función de anteayer) otros "detalles": una caja de cartón que alguien seguramente abandonó en el escenario con objetos adentro. Hay más detalles: como un cablerío sumamente desprolijo en una sala sencillamente sucia.
Habría más detalles, como el estar viendo todo el tiempo lo que sucede entre bambalinas, con actores cambiándose, una joven rubia paseándose por ahí, o señores bostezando (de la magia del teatro, olvídese). Hay más, pero ya es suficiente.
Vayamos al foco: sencillamente es una falta de respeto que se pongan en venta los laterales de las primeras filas del Provincial. Al hecho teatral hay que cuidarlo. A la puesta de "Inodoro Pereyra" también hay que cuidarla. Nada de esto sucede. Y, para terminar, como esta nota que se transformó en una crónica de una crítica frustrada, van algunos pocos comentarios del espectáculo. Como decir que, más allá de presentar una versión poco imaginativa, el texto de Roberto Fontanarrosa sigue teniendo momentos maravillosos (como las reflexiones de Inodoro y Mendieta). O que la actuación de Chichilo Viale, como Mendieta, y de Santiago Ríos, como Eulogia, son los trabajos más creativos. O que Miguel Angel Rodríguez, como Inodoro, no encuentra el tono a su personaje y termina apoyándose en los siempre fáciles guiños con el público. Que es un típico espectáculo para la costa y que, si uno tuvo la oportunidad de ver la versión que hace unas temporadas protagonizaron Hugo Varela y Héctor Presa, seguramente saldrá extrañándola (y con dolor de cuello e indignado si tuvo la mala suerte de estar sentado en la punta de banco de las primeras filas).



