Cuatro personajes típicamente argentinos

Los que se van y los que deciden quedarse ante la crisis del país
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22 de diciembre de 2001  

Los personajes de "Made in Lanús" tienen cualidades definidas y cada uno es dueño de una verdad inmodificable.

"El Negro -define Hugo Arana- es el más típico, trabajador argentino, que de alguna manera logró independizarse, hacer su tallercito. Tiene una cultura y una psicología muy barriales. Su mujer, la Yoly , cose para afuera . Y eso lo castiga en su identidad de macho que mantiene a una familia. El no poder ejercer ese rol le hace creer que hay un paraíso afuera, donde todo se va a solucionar."

"Yoly es la dignidad -aclara Soledad Silveyra-. Una de esas mujeres que le quieren sacar brillo a aquello que ya no lo tiene. Una mujer que tiene su patio, su casa limpia, un profundo amor a las cosas, y los pies sobre la tierra. Una luchadora que acompaña a su marido, aparentemente quedada, y de golpe te dice lo que nunca hubiera dicho. No entiende la vida sin la Argentina. Ideológicamente tiene algo que mamó desde chiquita, como cualquier laburante de Lanus o Florencio Varela, como ella dice ´los yanquis se me atragantan´. Y esa ideología la hace una verdadera militante revolucionaria. Eso le sale por cultura".

Mabel, que interpreta Ana María Picchio, se fue con su marido y aunque él siempre le pedía regresar ella sentía que no debía hacerlo, prefería cuidar su trabajo y a sus hijas. Cuando se entera de que su hermano (el Negro) no la está pasando bien, que tiene una hipoteca en dólares sobre su casa, opta por la vuelta. "Mabel viene a sacar a su hermano de acá -cuenta la actriz-, pero se da cuenta de que es imposible. Siente que con algunas personas no se puede. El desexilio, a la vez, se le viene encima a esta mujer. Piensa si tiene sentido volver, sacar a sus hijas de la realidad a la que están acostumbradas en otro país. Si hay que salvar algo, salvémonos, concluye. Vayámonos de acá y con la familia, que queda, no sé qué vamos a hacer. Hay un sentimiento de lástima en esa decisión."

Finalmente Jorge, el psicoanalista, le recuerda a Víctor Laplace su propia historia personal durante sus años de exilio en México. "Cuando decía conmigo no van a poder -destaca- y cuando me levantaron la prohibición, creo que ahí me caí a pedazos. Estoy entre esa dualidad de un personaje que viene sintiendo una cosa y se va creyendo otra. La emoción a veces me invade demasiado y se mezcla con mi historia personal, con esta sensación de que uno le está haciendo un homenaje al flaco Alterio, por ejemplo, cuando regresa y anda por los bares y te dice ´mis hijos no quieren venir a la Argentina´. Por otra parte, está bueno que un psicoanalista también llore".

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