
Cutuli deja el monólogo y se pone serio
Desde hoy se presenta con "Finlandia", la nueva versión de "Una pasión sudamericana", de Ricardo Monti
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Desde hace un par de años la carrera de Cutuli parece haber tomado un giro inesperado. Aquel monologuista político que hacía reír y reflexionar en los sótanos del under de los 80 viene concretando trabajos que lo muestran de una manera muy distinta.
El dice que el culpable del cambio es el director Villanueva Cosse, quien lo llamó para que interpretara, en el San Martín, al preso catalán de "Luces de bohemia", de Valle Inclán. Y allí, afirma, se engolosinó . Aquel comediante, acostumbrado a "hacer morcilla", es el protagonista de "Finlandia", una pieza de Ricardo Monti que, con dirección de Mónica Viñao, sube a escena esta noche en La Trastienda.
Cutuli recreará a Beltrami, un militar que, mientras espera participar en una batalla, da muestras de su verdadera personalidad relacionándose con dos bufones y hasta interfiriendo en una historia de amor. "El tipo está quebrado, atormentado, tiene una locura y una pasión enormes por el poder -destaca Cutuli-. El sabe que tiene una batalla con El Loco, pero está como perdido, no sabe qué quiere el otro personaje, porque da vueltas y vueltas y no presenta pelea. Mientras tanto, tiene que hacerse cargo de situaciones inesperadas. Aparecen dos personajes de circo, los Mezzogiorno, y una historia de amor entre un cura y una niña de sociedad. Es un personaje rarísimo".
"Finlandia" es una nueva versión de "Una pasión sudamericana", pieza que el mismo Ricardo Monti dirigió en el San Martín a fines de la década del 80. "Y tiene una actualidad sorprendente -acota Cutuli-. Por momentos se dicen cosas que parecen estar escritas hoy. Mientras ensayábamos sucedió el ataque a las Torres Gemelas y nosotros decíamos el texto: "Cómo quisiera vivir en épocas más suaves..." O el mismo Beltrami, cuando dice: "Acá no hay neutrales, el que no está conmigo está contra mí". Eso mismo dijo el presidente Bush".
"Este juego de las pasiones y los poderes me moviliza mucho -reconoce el actor-. Soy de una generación que vio la locura por el poder en tiempos de la dictadura. Y este personaje lo encaré desde esa locura, desde una cosa muy visceral, muy animal. Aquélla fue una época de mucho sufrimiento, y la mejor manera es sacarla creativamente. Además yo siempre fui de barricada, aun en el under. Recuerdo que con Claudio Nadie hacíamos unos espectáculos fuertísimos. Entiendo el teatro por ese lado. Me pone muy loco cuando veo que la gente toma el teatro de una forma light . Si querés hacer algo light andá a la televisión. Nosotros tenemos la posibilidad de estar arriba de un escenario y bajar una línea. Si dejamos de lado esa oportunidad, estamos perdidos".
El actor, que dice estar orgulloso de recrear este texto, define la experiencia en la que participa como teatro de cámara. "Este es un texto para escuchar. Las palabras son sumamente importantes", aclara.
-¿Te resulta compleja esta nueva veta actoral que te aleja de la comedia, del humor?
-Me cuesta mostrar mis partes vulnerables. Si encaraba algo serio enseguida hacía un quiebre, como diciéndole al público: miren que no soy tan serio. Y eso era un terrible defecto. Con el tiempo me di cuenta de que eso me limitaba en un montón de trabajos. Entonces, como de lo que se trata es de aprender, de arriesgar, hay que jugarse. Prefiero eso a seguir usando un muñequito que ya sabés cómo funciona. Me puedo equivocar y me puede salir mal, pero eso también tiene cierto sabor.
-¿El monologuista político quedó de lado?
-Hay momentos en que tengo ganas de ponerme la ropa, pintarme la cara de blanco y hacer aquel personaje. Por ahora dudo. No sé si la gente tiene ganas de reírse de todo lo que está pasando. Es muy delicado. Hay una línea sutil, y te podés pasar del otro lado. En esto, Enrique Pinti es un maestro.
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