Berlín, Berlín: un universo absurdo con ritmo y actuaciones que apelan a la risa permanente
La comedia protagonizada por Pablo Rago se presenta en el Teatro Apolo
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Autor: Patrick Haudecoeur y Gérald Sibleyras. Versión: Fernando Masllorens y Federico González del Pino. Dirección: Corina Fiorillo. Intérpretes: Pablo Rago, Fernanda Metilli, Maxi de la Cruz y Juan Pablo Geretto, con Lucía Adúriz, Daniel Campomenosi, Andrés Vicente y Marcelo Savignone. Vestuario: Marlene Lievendag. Escenografía: Gonzalo Córdoba Estevez. Iluminación: Carolina Rabenstein. Visuales: Moreno Pereyra. Sala: Teatro Apolo (Corrientes 1372). Funciones: Miércoles y jueves 20.30. Viernes, 21. Sábados, 19.30 y 21.30, y Domingos, a las 20. Duración: 80 minutos. Nuestra opinión: Muy buena.
Ritmo y precisión. Humor físico. Personajes exagerados. Gente que se esconde, otros que se hacen pasar por lo que no son. Pasadizos secretos, espías y agentes encubiertos. Todas estas características suceden en Berlín, Berlín, uno de los estrenos más recientes del teatro comercial, que no para de agitar la cartelera con más y más producciones, y que tiene como protagonistas a Pablo Rago, Fernanda Metilli, Maxi de la Cruz y Juan Pablo Geretto.
La puesta de esta obra dirigida por Corina Fiorillo llega con reconocimiento desde Francia. Estrenada en París en 2022, fue escrita por Patrick Haudecoeur y Gérald Sibleyras y obtuvo el premio Molière a la mejor comedia. La historia se sitúa en el Berlín Oriental de la Guerra Fría, antes de la caída del Muro de Berlín. Emma y Ludwig quieren escapar hacia Berlín Occidental. Para lograrlo, Emma consigue trabajo como cuidadora de la madre anciana de Werner Hofmann, un agente de la Stasi (la policía secreta de Alemania del Este). El departamento tiene un pasaje secreto que conduce al otro lado del muro, pero todo se complica cuando Werner se enamora de Emma y el lugar resulta estar lleno de espías, dobles agentes y situaciones absurdas.
Todo este universo absurdo es el fuerte de esta comedia. Hay cambios rápidos de situación, puertas y escondites secretos, una escenografía muy cinematográfica y un ritmo casi de película de espionaje. Como en estas producciones que tienen un origen extranjero no solo contienen un texto sino también un diseño de puesta en escena muy riguroso, el punto fuerte con el que trabaja la dirección en esta versión local es la actuación. Para eso, es fundamental un elenco entrenado en esas capacidades actorales relacionadas con el clown, la destreza física, las miradas a público, el juego de voces y la comedia gestual. Ese tipo de actores son oro en polvo para un sistema de producción que se exige, a veces en exceso, la risa permanente.
Para pensar el humor físico y la comedia gestual se pueden visualizar movimientos acrobáticos inesperados, exageraciones en los gestos y usar el cuerpo para condensar un gesto muy reconocible por todos. Como Berlín, Berlín es una comedia francesa es imposible no reconocer la influencia de quien fue el maestro de este género: el propio Molière, quien en el siglo XVII desarrolló en piezas como Tartufo, El avaro y El burgués gentilhombre una auténtica ingeniería teatral para desarrollar el ritmo escénico, la musicalidad de la voz, la presencia física y los diálogos repletos de réplicas ingeniosas.
En esta línea, el punto fuerte de Berlín, Berlín son los artistas, dirigidos por Fiorillo, quien ya montó El avaro en el Complejo Teatral de Buenos Aires y conoce los recursos de este género. Es notable el trabajo físico de Metilli, la complicidad con el público de Rago, la poderosa comicidad gestual de Geretto, pero que continúa con el resto del elenco, todos jugando el mismo código de actuación y de hecho con la presencia de grandes referentes de estos procedimientos como Lucía Adúriz y Marcelo Savignone.
Si bien estos son los puntos fuertes del espectáculo, también están los que no continúan con la complejidad que implican las obras de Molière y de la que esta obra es heredera. Aquí no vemos la ironía sofisticada ni la sátira a referentes sociales, con los que esta obra intenta cuestionar, por ejemplo, a regímenes totalitarios. Hay un exceso en la explicación del argumento y una repetición extenuante de algunos procedimientos (la madre que solo insulta, el marido torpe) que necesitan matices.
De todos modos, Berlín, Berlín es una comedia que se eleva entre el actual panorama del teatro comercial, porque tiene un lenguaje y una estética propia, que no consiste en copiar y pegar películas y series en el teatro. Hay un despliegue de un mundo soviético, una mirada sobre el vestuario de aquella época, una atmósfera opresiva que se trata en clave humorística y una música enfática y majestuosa que también funciona dentro de la narración. Pero sobre todo, contempla el cuerpo físico, rítmico y vivo de la actuación en el centro de la escena.
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