
Danza con ricos diseños
1 minuto de lectura'
"Es3nos", por el Ballet Estable del Teatro Colón. Programa: "Claroscuro", coreografía de Jorge Amarante; música: J. S. Bach; vestuario: Eduardo Caldirola. "Souvenir de Florence", coreografía de Gustavo Mollajoli; música: P. I. Tchaikovsky. "Rojo barroco", coreografía de Alejandro Cervera; música: G. F. Haendel; escenografía: Jorge Ferrari; vestuario: Mini Zuccheri. Iluminación en todas las obras: Eli Sirlin. Cuerpo Estable del Teatro Colón; dirección: Marta García. Orquesta Estable del Teatro Colón, dirigida por Susana Frangi. Estreno: 15 de junio. Funciones: viernes 18, sábado 19 (a las 20.30); domingo 20, a las 17; sábado 26, a las 20.30, y domingo 27 de junio, a las 17.
Nuestra opinión: muy bueno
La semana pasada celebrábamos en estas mismas páginas la capacidad de un teatro oficial porteño -el San Martín- para ofrecer un programa compuesto por estrenos de destacados coreógrafos argentinos. Tres creadores locales son, también, los responsables de otras tantas novedades que, en otro teatro oficial, el Colón, han consumado un armónico programa, "Es3nos", con la compañía que dirige la cubana Marta García (esta vez, con la Orquesta Estable), ese vapuleado cuerpo de baile que hoy, sin embargo, atraviesa un momento excepcional.
La función del estreno (Abono Nocturno Tradicional) fue dedicada a la recientemente desaparecida Gloria Kazda, legendaria bailarina de la casa en los años treinta y maestra fundamental de varias generaciones, homenaje al que se suma nuestra afectuosa admiración, signada por el pesar.
Con la nueva entrega del ballet mayor de Buenos Aires se verificó la auspiciosa reaparición de Gustavo Mollajoli, un hombre fuertemente enraizado en el Colón, donde se desempeñó como inolvidable intérprete y a cuya compañía dirigió con indudable capacidad en los años ochenta. Para su regreso, Mollajoli compuso "Souvenir de Florence", sobre la partitura homónima de Tchaikovsky, una obra de generoso aire escénico y concepción estrictamente formal que requiere más de cuarenta bailarines. Hombre de oficio en la orquestación de grupos estables, Mollajoli parece haber priorizado la consigna de satisfacer las necesidades corales de un cuerpo numeroso sin apartarse de los cánones académicos.
En ese plan, la obra cae en una cierta previsibilidad del repertorio más transitado de figuras y resoluciones clásicas; eso sí, conducidas y ejecutadas con inobjetable precisión. Hay que destacar los dúos (sobre todo el segundo) del segundo movimiento, en los que la calidad etérea de Karina Olmedo disfruta de la técnica y la firmeza de su partenaire, Dalmiro Astesiano.
Con "Claroscuro", ha hecho su debut "oficial" como autor Jorge Amarante, un bailarín del Estable que ya se había fogueado como coreógrafo en el Taller Coreográfico de la casa y también con su compañía independiente. Hay que celebrar que el Colón le haga un lugar en la programación central, porque se trata de un creador talentoso. Cabalgando entre un sutil neoclásico y lo contemporáneo, Amarante ha plasmado una pieza de límpido trazado escénico, con catorce intérpretes y sobre cuatro partituras de Bach. Su lenguaje, con algo de la escuela de Forsythe, respira con un peculiar sentido de libertad corporal, que se verifica en el grácil manejo de columna, cuello y cabeza, en una sucesión fluida de ricos diseños.
El esquema de desplazamientos lineales para las dos solistas (Analía Sosa Guerrero y Silvina Vaccarelli, excelentes, con sus figuras en blanco, vestidas por Eduardo Caldirola) tiene un momento de viraje energético, muy concentrado, en el adagio del Concierto en Mi mayor para violín. Desde el foso, dan su apoyo Elías Kayat (concertino de la Orquesta Estable) y Carlos Sanguino, en tanto que la iluminación de Eli Sirlin cumple un rol especialmente significativo, al delimitar áreas del piso -una de ellas, en diagonal- con figuras geométricas recortadas por la luz.
El cierre coral
La obra de Alejandro Cervera que cerró el programa, "Rojo barroco", constituye otra prueba de que la dirección del Ballet está dispuesta a abrir horizontes -como en el caso de Amarante- a las expresiones más contemporáneas. Aun antes de advertir el tono específicamente dancístico de la pieza, el cuadro plástico ya revela la intención de la propuesta: una veintena de sillas y sillones tapizados de rojo (parte de la interesante escenografía móvil de Jorge Ferrari), ropas actuales (un acertado vestuario en fuertes rojos y verdes de Mini Zuccheri), luz acaramelada y tenue -Sirlin, otra vez-, en contraste con la barroca partitura de Haendel.
El trabajo de Cervera abunda en unísonos corales, formaciones que, sin embargo, experimentan rupturas direccionales. Uno de los rasgos más interesantes de este "Rojo barroco" reside en la reiterada transformación del espacio por el desplazamiento de módulos, tanto los conformados por grupos humanos como por los objetos, casi siempre reforzados por la incidencia lumínica. Afecto a los contrastes, el coreógrafo crea un pasaje interesante cuando dispone un grupo de mujeres en el centro, bailando en unísono, mientras los hombres caminan sobre las sillas, dispuestas linealmente en uno de los laterales en sentido perpendicular al proscenio. Un solo notable de Vagran Ambartsoumian -tal vez el bailarín de carácter más dotado de la compañía- deslumbra con su dinámica "petrushkiana" actualizada -es, también, uno de los aciertos salientes de Cervera como coreógrafo-, en tanto que Maricel De Mitri reafirma su probada sutileza en el manejo de las calidades.
En los tramos finales se produce una irrupción de implementos escénicos -una altísima escalera, ventiladores, una máquina de sonido de viento- que parecen desnudar el trasfondo de los bastidores; también, un toque teatral, beckettiano: dos personajes -uno lleva al otro con una soga- que parecen escapados de "Esperando a Godot". Una pieza, en suma, con múltiples recursos (tal vez demasiados), con la que este coreógrafo formado en el viejo Grupo de Danza Contemporánea del San Martín vuelve a incursionar felizmente en las filas del primer coliseo.
Susana Frangi, conduciendo con corrección la Orquesta Estable, sostuvo eficazmente, desde la base sonora, el desempeño del ballet en esta prueba de su actual afiatamiento; sería interesante que la nueva dirección del Colón incrementara la todavía tímida inserción que este cuerpo de baile ocupa en las programaciones oficiales y en la cultura nacional.





