
De la Parra: "Mi generación sufrió la enfermedad del boom latinoamericano"
El gran dramaturgo chileno regresó a Buenos Aires para estrenar su obra Los pájaros cantan en griego, en el Cervantes
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Psiquiatra, dramaturgo, actor. El chileno Marco Antonio de la Parra, una de las voces más destacadas del teatro latinoamericano contemporáneo, regresó a Buenos Aires, esta vez de la mano de dos textos en los que la creatividad asoma como un eje central. Ambos abrevan en cuestiones de la narrativa.
En el Teatro Nacional Cervantes acaba de estrenarse Los pájaros cantan en griego, obra con la dirección de Carlos Ianni que está interpretada por Víctor Hugo Vieyra y María Ibarreta; en tanto que en el Celcit, De la Parra se mostró como actor en El loco de Cervantes, un unipersonal dirigido por su compatriota Julio Pincheira.
–Llegás a Buenos Aires con dos textos donde los protagonistas son autores obsesionados con su creación. ¿Qué reflexión te merece este cruce?
–Será la edad, será el crepúsculo, son las preguntas de siempre sobre la creatividad y sus demonios. Lo cierto es que El loco de Cervantes abrió varias obras sobre el artista y la modelo, una suerte de Las Meninas teatrales donde, a ratos incluso, el autor se mezcla con el personaje, cosa que es más evidente en El loco... donde no queda totalmente claro quién habla, quién representa, si es Cervantes o lo parodia. Los pájaros... surgió de ese deseo de mi generación de haber padecido la enfermedad del Boom, así como de mi amistad y admiración por José Donoso y compartir libros, placeres, entusiasmos y envidias. El Boom como gloria y catástrofe de la novela latinoamericana.
–¿Cómo han sido los procesos de creación de ambos textos?
–Ambos requirieron un buceo profundo en materiales, sobre todo El loco. A pesar de que Cervantes dejó muy pocos textos en primera persona, hubo que fabular y releerlo buscando pistas para este extraño espectáculo suerte de stand up comedy mezclado con réquiem. Los pájaros... tomaron también su tiempo. Influyó la biografía de su hija Pilar Donoso, malograda escritora, Correr el tupido velo; donde surgían muchos episodios que había compartido con José Donoso, además de la relación y lecturas sobre otros escritores del Boom, pero ese personaje soy yo, muy donosiano, pero yo. Como respondiendo a la pregunta ¿qué habría hecho yo en su lugar?
–Alguna vez quisiste ser parte de algún "boom" para así formar parte de un mundo que otorgara mayor existencia.
–Toda mi adolescencia. Soy de la generación que leyó a García Márquez o Vargas Llosa en primera edición y que escuchó a los Beatles o los Rolling o Led Zeppelin en primeras aguas. La revolución estaba en la calle, uno no se podía dormir porque se la perdía. Si se era escritor había que ser novelista. Y más de un texto narrativo he urdido. Pero el teatro era lo mío. Y me costó darme solidez y consistencia como tal.
–Fue sorprendente el montaje de tu obra XILE en Valparaíso, por ese modo de sintetizar la historia del país. Esta trilogía que se aparta un poco de algunas creaciones tuyas más intimistas. ¿En qué medida el clima social chileno se ha tornado tan inspirador, tan político y poético a la vez?
–Hay dos líneas muy evidentes en mi teatro: la intimista que citas, y también una fuerte serie de obras políticas e históricas construidas a partir de las preguntas sobre la dictadura, sobre cómo pudimos ser victimarios, más que cómo llegamos a ser víctimas. XILE es lo más desmesurado al respecto. Iba a ser una trilogía, quedó en díptico que termina con una obra epílogo LA UP, sobre el gobierno de Allende, muy controversial y polémica.
–¿Cómo estás viviendo este período de cambios en el que Chile parece estar ingresando?
–Dolorido, muy dolorido. Cada década que pasa muestra un país con menos censura y sobre todo menos autocensura para podernos mirar a la cara y con grandes dificultades para tener una versión completa de lo ocurrido dejando de culpar solamente al otro. El golpe militar y la dictadura posterior fueron fenómenos terriblemente complejos que venían gestándose por lo menos desde los años 60. XILE es el intento de rastrear ese dolor desde el inicio de la independencia de Chile. Esta vez la cantidad de material desempolvado y desclasificado ha sido tremenda. Y uno sigue encontrando historias y contenidos que pensaba inimaginables. Sospecho que esto no cesará. Será nuestra Troya, como Troya penó sobre la cultura griega por siglos, así penará la dictadura militar sobre la conciencia nacional. Espero que la próxima generación tenga más objetividad e igual compromiso para confrontar el dolor de Chile. Escribí LA UP basado en las vivencias de mi propio hogar, partido en dos por el debate de vida o muerte entre allendistas y futuros golpistas. Sembró una fuerte polémica, aunque tuvo una gran respuesta de público y de crítica. Fue mi aporte para tratar de entender cómo mi país se tornó tan cruel e implacable.
- Los pájaros cantan en griego
Dirección de Carlos Ianni
Teatro Nacional Cervantes, Libertad 815
Viernes y sábados, a las 19; domingos, a las 18.30
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