
De Niní Marshall al mundo de Caviar
Eduardo Solá brilla, como ya es su costumbre, en el espectáculo que está presentando en el Maipo Club
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En 1984 Buenos Aires presentaba una cartelera teatral muy activa. Al fuerte teatro comercial y oficial, con temporadas internacionales inolvidables, se integraba toda la corriente de un underground que, con sumo desparpajo, movilizaba a los jóvenes y promovía fuertes estéticas de cambio. A tanto revuelo se sumaban los shows de transformistas, que aportaban una vitalidad hasta entonces poco reconocida.
En El Vitral, un dúo integrado por Eduardo Solá y Guillermo Gil presentaban Una noche de ballet con gran éxito. Imitaban a grandes mujeres de la escena y del cine nacional, y lo hacían con mucha inteligencia. Solá recuperaba, por entonces, personajes de Niní Marshall y lo hacía a partir de un estudio profundo, tanto que la misma actriz terminó siendo madrina de aquel espectáculo y hasta cedió sus textos para que el actor los recreara. Una noche de ballet pasó después al Regina y desde allí se proyectó, a través de una gira nacional, hacia el interior del país.
Desde 1999 Eduardo Solá forma parte del grupo Caviar y es coautor, junto con Jean-François Casanovas, de los últimos trabajos que ha venido presentando la compañía, como Te odio , Segundo piso ascensor , Konga ( Callejón de los espejos ) y el actual Caviar follies con funciones en el Maipo Club. El espectáculo está definido por Eduardo Solá como "un compilado de los mejores cuadros de Segundo piso ascensor , Konga y hemos puesto, también, algunos cuadros de siempre, tanto de Caviar como personales. Este trabajo fue construido así porque viajará a Madrid. Estrenaremos allí el 28 de septiembre en el teatro Alcalá. Lino Patalano quiso que lo mostremos acá y, de esta forma, sumarnos a los festejos de los 100 años del Maipo. Para mí esto es un honor. Yo iba al Maipo de chico, rogando que me dejaran entrar porque era menor. Pasaron los años y ahora, verme ahí, es verdaderamente emocionante".
Pasaron los años, Solá se profesionalizó, en las últimas temporadas ha recibido premios como intérprete y director, pero mantiene dos cosas importantes; por un lado, cierta ingenuidad ante el mundo del espectáculo, una fuerte humildad -"yo no me creo nada, dice sonriendo, trabajo, vivo el momento y, ese momento, siempre me gratifica"- y unos recuerdos maravillosos de su niñez y de su juventud. Allí estuvo el germen de su creación y, por supuesto, el de su carrera.
Si uno asiste a una función de Caviar follies , cuando ve el cuadro de Gloria Swanson, por ejemplo, nunca pensaría que quien la está recreando tenía, cuando era niño, dos pasiones: ver las películas de Niní Marshall y estudiar música con la idea de ser concertista de piano. En verdad, cuando Eduardo Solá era niño tampoco pensaba que se iba a vestir y caracterizar como la Swanson. El proviene de una familia de músicos y comenzó a formarse en el Conservatorio López Bouchardo. Estuvo diez años allí y después pasó al Colón. Le gustaba la idea de ser bailarín. "Al final, no soy un buen bailarín, pero me muevo con gracia", dice sonriendo.
"Estuve en el Conservatorio en una época dorada y con muy buenos maestros -cuenta el intérprete-. Tuve como docentes a Juan Pedro France, García Morillo, Brigidita de López Bouchardo. Ellos hacían, a fin de año, unos actos académicos muy serios, hasta que llegué yo. Se me ocurrió organizar unas bromas musicales. Cada alumno imitaba a su profesor interpretando una pieza al piano. Resultó muy gracioso y, desde entonces, los actos tenían dos partes: la seria y la que organizaba Eduardo con sus compañeros."
El transformismo
En los años 80 comenzó el tiempo del transformismo y las imitaciones y toda una técnica de trabajo que el actor explica muy bien: "Hacía caricaturas de los personajes, no con la idea de burlarme de ellos. Y si bien al imitar estás al borde de la burla, como trabajaba sobre gente que admiraba, siempre he tratado de sacar afuera lo mejor de ellos; es como hacer un dibujito animado. Viendo a Niní Marshall aprendí muchísimo. Te diría que ella, sin saberlo, fue mi gran maestra".
El encuentro con el grupo Caviar se fue dando de a poco. Primero compartieron algunos eventos y, luego, Jean François Casanovas invitó a Solá a integrarse a ellos. "Llegué al grupo con todo lo mío, con mi estilo. Jean me dio un lugar muy importante y me permitió tanto compartir cuadros con ellos como, a la vez, desarrollar lo mío. Ambos tenemos estéticas parecidas y unos gustos muy similares en cuanto a ciertas cuestiones que hacen a los estilos de décadas como las del 20, 30, 40 y 50, con lo cual no nos resulta difícil armar cosas juntos."
Después de 25 años, Eduardo Solá ha logrado ocupar un lugar importante dentro del mundo del music hall porteño. El cuenta que en los años 80 se divertía más. "Será porque era más inocente, menos responsable; no tenía que competir conmigo porque había hecho menos cosas." Le gusta decir -con mucha humildad- que algunos laureles ha conquistado y hace mucho hincapié en que hoy "se siente mimado, querido y muy respetado".
Paso a paso
Música, ballet, actuación. Se formó en el Conservatorio Nacional de Música y Arte Escénico Carlos López Bouchardo y en el Instituto Superior del Teatro Colón.
Comenzó su carrera en 1984 con Una noche de ballet. A ese trabajo le siguieron: Noches de humor, Salpicón de tres, Big Show Time, Los amores de Venus, entre otros.
Ha participado de diversos programas de radio y televisión.
En 1999 se integró al grupo Caviar. Con ellos creó Cayate lengua (homenaje a Niní Marshall), Te odio, Segundo piso ascensor, Konga, Caviar follies.
Ganó el Premio ACE 2005/2006 por mejor iluminación, mejor espectáculo y actuación masculina en teatro por Segundo piso ascensor. Y Premio ACE 2006/2007 por la dirección musical de Konga.





