
Desopilantes monólogos de Pinti
"Serenata argentina." Monólogo humorístico. Actuación, libros y dirección general: Enrique Pinti. Unicas funciones: lunes 27 y martes 28 en el Punta del Este Ballroom del Hotel, Resort & Casino Conrad.
Nuestra opnión: muy bueno.
PUNTA DEL ESTE.- Enrique Pinti es un pensador con risa incorporada. Este ex profesor de castellano, latín e historia hace sentir sus conocimientos y su afán docente, en este caso siquiera con la ayuda de medio bailarín. Solo sobre el escenario, completamente solo, sin embargo, lo llena acabadamente con su verba inflamada y sus comentarios hilarantes con los que compone, a hachazo limpio, un feroz, desopilante y vertiginoso tratado sobre la Argentina de hoy, de ayer y de siempre.
Como buen criollo, de movida promete lo que no cumplirá: anuncia que durante las siguientes dos horas dará rienda suelta al "serenatero" que lleva adentro y que no cantará. Al cabo del mismo -al menos anteanoche en su segunda y última presentación en esta ciudad-, el espectáculo duró poco más de una hora y media entonando a manera de despedida aquello de que "Quedan los artistas" que ha convertido ya hace rato en una suerte de himno personal.
Y también como argentino de pura cepa incurrirá en muy paradójicas contradicciones: estigmatizará hasta decir basta al menemismo nada menos que desde el Conrad (tal vez, el hotel más menemizado de esta ciudad), con un humor corrosivo, del que en cierto momento directamente se desprendió para convertirse lisa y llanamente en una suerte de agitador social lúcido e implacable. Y lo hizo frente a un público que pagó para verlo entre 10 y 30 dólares la platea, la mayoría del cual, con su voto o con sus actitudes, avaló en su momento con gran beneplácito las políticas implementadas en nuestro país en la década pasada, lo que no le impidió una buena cosecha de risas y aplausos, incluso de pie sobre el final.
Lo mismo ocurrió con su ácida radiografía sobre los esfuerzos femeninos para mantenerse en forma: dietas, personal trainers y,especialmente, cirugías estéticas fueron combustible de una comicidad altamente cáustica teniendo en cuenta que en tan sofisticado auditorio sobraban espectadoras de todas las edades que alguna vez habían pasado por el quirófano, empezando por la mismísima Graciela Alfano, que disfrutó (¿disfrutó?) del espectáculo desde la primera fila.
"Serenata argentina", cuyo subtítulo es "Monólogo humorístico (si usted no es argentino)", como no podía ser de otra manera tiene mucho de los espectáculos anteriores de Pinti y fue estrenado en dos únicas funciones en noviembre último en el Festival de Otoño de Madrid y, luego del reciente par de presentaciones en este balneario, marchará a hacerlo en Cuba, tras haberse metido en el bolsillo a Mar del Plata en el mes que termina con "Candombe nacional", versión reactualizada del espectáculo que se vio durante todo el año pasado en Buenos Aires.
El impulso vital del insulto
En "Serenata argentina", Pinti insulta tanto más que respira, o más bien podría decirse que las malas palabras lo impulsan y hasta por momentos -especialmente cuando se refiere a la clase dirigente argentina- se tornan del todo indispensables. Hay mazazos para todas las expresiones políticas: desde los viejos conservadores hasta el actual partido radical, pasando por las fuerzas minoritarias de izquierda y derecha, aunque con una contundencia enfatizada en Domingo Cavallo, Carlos Menem, Adolfo Rodríguez Saá y el matrimonio Duhalde. Y sólo reivindica la figura del socialista Alfredo Palacios como ideal de aquellos dirigentes probos que alguna vez fueron y que, al parecer, ya nunca volverán.
Dividido en cinco partes continuadas y sin intervalos, Pinti arranca con 35 minutos infatigables de un monólogo que centra el foco en su aversión a la tecnología (Internet, contestadores automáticos, celulares) y se toma un buen rato para fundamentar por qué él mismo se torna por momentos tan escatológico brindando una breve lección de literatura y teatro que arranca con Aristófanes y termina en el propio Pinti actual.
A continuación lee una recreación personal de un poema dedicado por Francisco Quevedo a una de las zonas más "prohibidas" del cuerpo humano, para lanzarse seguidamente a una media hora de historia argentina pasada y contemporánea en un crescendo sabiamente administrado y con un fervor que de a poco contagia a la platea.
De cómico a fiscal
El cuarto momento, el más breve de "Serenata argentina", es el que dedica a la lectura -en un rollo de papel higiénico- de un desopilante testamento para culminar con un monólogo más esperanzador que destaca las potencialidades que los argentinos aún conservamos, aunque sin perder nunca sus inspiradas rispideces.
Paulatinamente, y ya desde hace un buen tiempo, Pinti se va corriendo de la comicidad en estado puro hacia el lugar donde se siente más cómodo: el observador filoso, sin medias tintas; el fiscal agudo y sustancioso que carcome con humor lacerante los males profundos de esta maltratada república.




