
Dionisos andaba de fiesta en fiesta
Tiempo atrás, reprodujimos en esta columna algunas reflexiones de Roland Barthes (1915-1980) sobre el teatro. Hacia el final de sus Escritos sobre teatro (reunidos y presentados por Jean-Loup Rivière, Paidós, 2009), el pensador francés revisa las nociones elementales sobre las que se basa nuestro imperfecto conocimiento del teatro griego y emprende lo que prácticamente es un curso acerca de ese tema.
El capítulo dedicado a "Las instituciones" (esto es, las que promovían y reglaban los espectáculos) comienza con esta pregunta: "¿Teatro religioso, o teatro civil?" "Los dos a la vez, sin duda -responde Barthes-: no podía ser de otro modo en una sociedad que desconocía la idea de laicidad. Pero los dos elementos no tienen el mismo valor: la religión (sería mejor decir el culto) domina el origen del teatro griego y está todavía presente en las instituciones que lo regulan en su época adulta, pero es ya la ciudad la que le da su sentido: su ser depende de sus caracteres adquiridos, más que de los innatos. Y si dejamos a un lado la cuestión del coro (que, por otro lado, es un elemento religioso transpuesto), el culto dionisíaco está presente sólo en las coordenadas del espectáculo (espacio y tiempo), no en su sustancia".
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"Es sabido que las representaciones teatrales sólo podían tener lugar tres veces al año, con ocasión de las fiestas en honor de Dionisos. Había una jerarquía: las Grandes Dionisíacas, las Lenaianas y las Dionisíacas Campestres. Las primeras, o Dionisíacas urbanas, eran una gran fiesta ateniense (aunque la hegemonía de Atenas les dio pronto un carácter panhelénico) que tenía lugar al comienzo de la primavera, hacia finales del mes de marzo; la fiesta duraba seis días e incluía normalmente tres concursos (de ditirambo, de tragedia y de comedia); en las Grandes Dionisíacas se hicieron la mayor parte de los estrenos de Esquilo, Sófocles y Eurípides. Las Lenaianas, o Lenaias, o más exactamente las Dionisíacas de Lenaion, se hacían en enero: era una fiesta exclusivamente ateniense, más sencilla que las Grandes Dionisíacas, no duraba más de tres o cuatro días y no incluía concursos de dramaturgia. Las Dionisíacas Campestres se hacían a finales del mes de diciembre, en los demos (pueblos) del Atica; los demos pobres honraban al dios con un simple cortejo, los demos ricos organizaban concursos de tragedias y comedias, pero sólo se ofrecían reposiciones, a excepción de los demos más ricos, como el Pireo (el puerto de Atenas), donde, según Sócrates, se estrenó una obra de Eurípides".





