Dos generaciones de artistas, militantes del teatro independiente
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Poseen formaciones y estilos de trabajo muy opuestos, en apariencia, pero ambos reconocen que están marcados por cierta necesidad de militar dentro del teatro alternativo porteño. El autor, director y docente Andrés Bazzalo ha compartido muchos trabajos con su hijo Lucio (entre los últimos se destacan El andador, Todas las rayuelas, Yo, Encarnación Ezcurra, Ubú). El muchacho, de 33 años, se inició en la danza, es diseñador, cineasta y actualmente forma parte del grupo LET, un colectivo de artistas multidisciplinarios que apuesta por la investigación dentro del campo del teatro físico.
Bazzalo padre tiene en este momento dos proyectos en cartel. Dirige Yo, Encarnación Ezcurra, de Cristina Escofet, en el Teatro del Pueblo y una versión personal de Ubú rey, de Alfred Jarry, en Andamio 90. Lucio estrenó Presidio, en Patio de Actores, una experiencia que demandó tres años de trabajo y a través de la cual reflexiona acerca de ciertas cuestiones que afectan a los seres humanos en tiempos contemporáneos.
Él creció en un ambiente familiar muy ligado a la actividad teatral. Un padre muy relacionado con la dirección y una madre, Adriana Dicaprio, actriz, vestuarista y ambientadora. "Los dos tuvieron influencia en mi trabajo. Nací en un ambiente teatral militante. Gente que milita por el arte independiente que hace. Sin duda mi padre es mi maestro. Lo observé mucho y estar cerca de sus procesos es lo que más me nutrió a la hora de dirigir. Eso no significa que nosotros trabajemos materiales o lenguajes comunes, pero, sin duda, mi viejo es un referente muy importante. El más importante", señala el joven creador.
Andrés define a su hijo como un tipo muy inquieto, interesado por el cine, la fotografía, el teatro físico, el teatro en general. Lo ha visto desplegar una serie de lenguajes artísticos, "a veces incalificables", destaca, pero eso no imposibilitó que lo convocara para compartir algunas experiencias personales. Reconoce sobre todo su disciplina para profundizar y desarrollar lenguajes escénicos.
En Presidio, Lucio habla de cierto encierro en el que nos encontramos atrapados los seres humanos. "El encierro al que nos someten los mandatos sociales, las formas, el deber ser hombre, mujer, hijo, padre, madre -explica-. Muchas veces no somos artífices de nuestro destino, sino que, en realidad, estamos continuando y repitiendo una serie de acciones y decisiones que vienen de una fuerza anterior". En el espectáculo se ven los vínculos sistematizados, relacionados por acciones que se reiteran. La voluntad de los individuos aparece muy relegada a esos mandatos.
Esta observación de la realidad, al creador le provoca angustia y congoja. Considera que las sociedades de consumo y las redes sociales articulan mucho el diseño de un yo que no es más que una versión pública de quien es cada uno, pero permanentemente mediatizada. "Ese diseño de la imagen -aclara-, de quien soy, está muy sujeta a parámetros en los que debo encajar. Hay algo de pose constante y también de poner al otro en un sistema de consumo. Esa pose es también una forma y las redes sociales se han convertido en un mercado de formas vacías. La sociedad de consumo nos hace a los individuos consumibles".
"Me gusta mucho cambiar de poéticas", destaca Andrés Bazzalo a la hora de definir aspectos de su labor. Para él cada proyecto es un camino de conocimiento. "A veces uno se encuentra con un espectáculo comercial u oficial que no es el que haría, pero es lo que le encargan y hay que bendecir el trabajo porque uno también puede convertirlo en un camino de conocimiento. Versionar es algo que me gusta mucho. En ese proceso hay descubrimiento, apropiación, siempre y cuando acompañe ideológicamente y no contradiga. Y en ese sentido me encantó ir de Amarillo, de Carlos Somigliana, a Ubú, y de ahí a Yo, Encarnación Ezcurra. También hice Los sirvientes, de Adriana Tursi, que era una obra política. Son experiencias muy diversas. De cualquier manera el trasfondo, la necesidad de comunicar, uno con el humor y el otro con el drama y lo confesional, van detrás del mismo objetivo".
Si bien padre e hijo no suelen compartir lecturas, sí suelen ver teatro juntos y, notablemente, ambos poseen un análisis similar sobre ciertas experiencias dramáticas producidas por las nuevas generaciones de teatristas.
"Veo mucho talento, muchas ganas de mostrarse, de recibir el aplauso -explica Lucio-, con una capacidad creativa que lo merece, con herramientas interesantes, pero faltos de algo que decir, de un compromiso, de una opinión formada".
Andrés reconoce que hay generaciones muy jóvenes a las que les falta mucho desarrollo cultural y conocimiento. "Como la brecha es muy grande -dice-, si propones trabajar un texto de Brecht abrís un mundo porque no tienen la menor idea de quién es e incluso les cuesta entender que hemos tenido dictaduras feroces y no comprenden la palabra censura, autocensura. La dificultad está en ver que en el arte la forma es contenido. A veces aparece cierta influencia de un estilo que proviene, en realidad, de lo televisivo y de la comedia muy superficial. En todo caso si ponen algo ideológico es un grito. Pero no puedo tener certeza porque me parece tan variada la expresión teatral porteña que de golpe encontrás joyas y gente muy interesante".
Bazzalo hijo está convencido de que en esas generaciones hay una crisis ideológica muy grande. "Muchos de nosotros -afirma- crecimos en la década del 90. Lo que vino después fue, por ejemplo, 'que se vayan todos'; desde lo político eso ha marcado una falta de compromiso, se hace difícil correr un riesgo personal en relación a una opinión. Opinar asumiendo riesgos, jugarse. Algo con lo que generaciones como la tuya tenían otra relación".
Presidio
Patio de Actores, Lerma 568.
Jueves, a las 21
Ubú
Andamio 90, Paraná 660.
Sábados, a las 22.30
Yo, Encarnación Ezcurra
Teatro del Pueblo, Av. Roque Sáenz Peña 943
Domingos, a las 18






