Dos seres perdidos en la ciudad
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"10 Diez X". Autor y director: Alejandro Casavalle. Intérpretes: Luis Arenillas y Pablo Carrasco. Escenografía: Víctor de Pilla. Vestuario: Alicia Gumá. Asistentes de dirección: Fabián Forte y Carolina Refusta. En Aktuar (Gascón 1474).
Nuestra opinión: bueno.
Dos hombres, un adulto y un joven, habitan un mundo devastado. Los pantalones excesivamente largos del mayor, construidos por retazos, dan cuenta no sólo de una vida prolongada sino además esforzada. Los pantalones cortos, que ni siquiera llegan a la rodilla, del más chico, demuestran que ese esfuerzo deberá hacerse, ¿valdrá la pena? Ellos hablan en un camino blanco, de extremada pureza. Cuentan sus realidades, refieren sus experiencias. Parecería no haber sueños posibles.
En esa ciudad toda experiencia de vida es cuestionable. Todo se ha intentado, pero sin resultados gratificantes. Por décadas, las cosas se han repetido diez veces, y nada ha permitido escapar de un poder controlador que ha obligado y obliga a mudar profesiones, personalidades. A ser y hacer tantos como esos controles quieren.
Introspección
En un ámbito muy intimista (sólo entran unos pocos espectadores), Alejandro Casavalle crea un juego por momentos inquietante, estéticamente bello y que propone continuas reflexiones al público. Su propuesta dramática apunta sobre todo a esos seres, por momentos, enteros; por otros, perdidos en sus propios actos de vida. Cuando ellos hablan todo se torna descarnado y sus pocas acciones hasta poseen cierta violencia. Esa es su manera de definirse y es muy potente. Por eso a veces las palabras molestan.
Si bien en algunos tramos asoman metáforas demasiado cerradas, que provocan pérdida de atención en el espectador, es muy destacable el trabajo de ambos intérpretes. Luis Arenillas y Pablo Carrasco consiguen definir sus mundos personales con mucha fuerza y esto engrandece la propuesta.
Tal vez sería necesario que ese texto se integre más a la dramaturgia del espectáculo o que se reelabore junto a los actores, para que ellos lo encuentren más próximo.Tanto la escenografía de Víctor de Pilla como el vestuario de Alicia Gumá aportan un marco sumamente vital. Un preciosista juego de telas blancas va fortaleciendo ese espacio en el que las conductas, a veces muy oscuras, muestran su verdad.




