
Eduardo Blanco: "Hay que disfrutar hasta el final"
El talentoso actor realiza una excelente actuación en Parque Lezama, obra que transita su cuarta temporada de éxito
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MAR DEL PLATA
Este es el cuarto año que Eduardo Blanco se transforma cada noche durante más de dos horas en un hombre que podría ser su padre. Desde 2013 en el teatro Liceo, más la gira en 2015 y ahora en Mar del Plata, el actor muta en Antonio Cardoso, un viejo gruñón y algo enclenque que encuentra sin buscar a un compañero de plaza y de aventuras, el soñador y comunista León Schwartz, el papel más cercano a su edad real que compone Luis Brandoni. Los dos -acompañados por Viviana Puerta, Germán Rodríguez, Federico Llambí, Mariano Reynaga y Celeste Gerez, entre otros- protagonizan Parque Lezama, la comedia de Herb Gardner dirigida y adaptada por Juan José Campanella que se enamoró de I'm not Rappaport (el título original) cuando la vio en Nueva York en 1984.
"Siempre lo pensé como un personaje vulnerable para contraponerlo a lo que hace Beto (Brandoni). No sé si es así, pero empecé imaginándolo de esa manera, alguien que no quiere arriesgar más nada y por eso tampoco se anima a ningún goce, está haciendo la plancha hasta que aparece este loco que es León, que lo estimula y lo lleva a otras cosas", dice sobre el anciano al que debe sostener con su cuerpo y su voz: Cardoso está encorvado, tiembla y habla con algunos balbuceos. "Observé a muchos viejos pero, sobre todo, recordé a mi abuelo. Como había sido muy fumador, le faltaba el aire para terminar las frases, pero seguía hablando como si le entendiéramos. Usaba los pantalones arriba de la cintura y eso funcionó como disparador, me dio la postura. Y el temblor, bueno, pensé en mi papá que tiene Parkinson, una enfermedad horrible, pero siempre, a pesar de eso, uno puede elegir conectarse con la vida", dice Blanco.
-No es un personaje simpático, al contrario...
-Para nada, es un cabrón, igual que lo era mi abuelo, pero si escarbabas un poco te encontrabas con un tierno. Es un personaje que se refugia en lo seguro porque a veces las experiencias te van llevando a llenarte de miedo y encerrarte para estar protegido.
-¿Hay algo "antijoven" en la obra, como si todos los males (drogas, modernidad desalmada, violencia) los personificaran los jóvenes?
-No soy el escritor, pero creo que no fue esa la intención, no es el propósito de la obra. Estos personajes aparecen rodeándolos porque es lo que la sociedad hace con quienes ya están afuera de la actividad, y por eso están puestos en función dramática, donde el autor quiso poner la lupa. La idea es que, a pesar de todo, la vida se termina cuando se termina y hay que disfrutarla hasta el final.
-Después de alrededor de 600 funciones, ¿cómo se mantiene la conexión con la obra y con Brandoni en el escenario?
-Te doy un ejemplo futbolero. Soy hincha de River y me gusta ganar, pero también jugar bien, disfrutar lo que veo. Con Beto (Brandoni) puedo darme ese lujo porque tira paredes, taquitos, centros todo el tiempo. La obra hay que cuidarla para que no se desbande y estamos atentos todas las funciones; además Juan (Campanella) es muy exigente con eso.
-Parque Lezama es el debut de Campanella en el teatro comercial. Esta vez los que tenían más experiencia eran los actores, no él. ¿Les hizo caso?
-Le dimos una mano a Juan para que pueda hacer su debut (risas). Él escribió teatro antes. Trabajé en Off Corrientes, una que hizo con Fernando Castets cuando teníamos 20 años y nos fue bien. Él es un gran contador de historias en el formato que sea. Con lo único que tuvo lidiar fue con la ansiedad del director de cine: en teatro no se congela nada, cada función, cada ensayo son distintos. Pero creo que Beto y yo ya lo domamos. Además son todos planos generales. ¿Cómo focalizar, dirigir el "miren ahí"?
-Donde mira el público le pertenece al actor...
-Claro, eso lo desesperaba. Pero le gustó mucho y creo que va a reincidir.
-En 2015 fuiste parte de Entre caníbales (Telefé), también de Campanella. ¿Este año te veremos en televisión?
-Sólo si es algo acotado. Una tira no porque es demoledor grabar e ir al teatro todos los días, ya lo viví: once horas de grabación más la gira. Y por ahora, con la obra volvemos a Buenos Aires en mayo. Así que si aparece algo así, más corto, circunstancial, sí lo haría.
-Como actor, ¿cómo ves este año para el país?
-Yo opino como ciudadano, no como actor, y mi mirada es esperanzadora. Los cambios pueden provocar miedo pero, a la vez, siempre son una posibilidad de mejorar y espero que así sea. Durante estos doce años pasaron muchas cosas positivas; en especial, en los primeros años, pero ya era el momento de cambio. Sueño con un sistema como el de Uruguay, donde no haya reelección continuada porque esa es una forma de evitar los personalismos que nunca son buenos y acá tenemos la tendencia de fomentarlos.
-¿Y en cuánto a la producción de cine?
-En todos los países, para producir cine es necesario el apoyo del Estado. El lugar donde mejor se ha realizado, según lo que conozco, es en Francia: quieren tener un cine nacional y buscaron las herramientas para lograrlo. Y cada año, la mitad de los franceses ve cine francés. O en los Estados Unidos, donde ojalá tuviéramos los mecanismos con los que cuentan ellos. Espero que lo bueno hecho hasta ahora se mantenga y si hay alguna suciedad se limpie y se mejore para incentivar la industria. Porque el cine nos vende como país en todo el mundo.
Parque Lezama
En el teatro Mar del Plata, Av. Pedro Luro 2335, Mar del Plata.
Miércoles a domingos, a las 21.
Entradas, desde $ 300.





