
El arroyo Maldonado como objeto teatral
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"Un león bajo el agua" , de Alicia Muñoz. Intérpretes: María Barrena, Víctor Bruno, Ricardo Díaz Mourelle, María Figueras, Alejandro Lodi, Pablo Machado, Osmar Núñez, Fernando Rodríguez, Vita Escardó y Alicia Schilman. Maquillaje y peinado: Analía Arcas. Vestuario: Marina Aldalur. Dirección: Román Caracciolo. Producción: Teatro Cervantes. En la Manzana de las Luces.
Nuestra opinión: bueno
El Teatro Cervantes decidió abrir su temporada con una propuesta al aire libre. La Manzana de las Luces resulta el ámbito ideal para un texto de Alicia Muñoz y ella esta vez se compromete con un hecho histórico. Lo hace con profundidad y a la vez propone un juego entretenido que posibilitará al espectador disfrutar de un buen momento y también llevarse una reflexión sobre una parte pequeña de la historia argentina, pero cuyas connotaciones se proyectan hasta la actualidad.
En "Un león bajo el agua", Muñoz parte de un hecho conocido, el entubamiento del arroyo Maldonado. La autora realiza una aproximación documental al tema y la vitaliza con opiniones, propuestas, reflexiones y simples dichos de un grupo de personajes muy atractivos. Así, la creadora se permite aportar una opinión por demás significativa sobre el tema, que seguramente será compartida por muchos espectadores.
La acción se inicia en el patio de la Manzana de las Luces. Allí, un grupo de vecinos, reunidos en asamblea -que ordena un abogado ligado a la política- da su parecer acerca del entubamiento del arroyo. La madama del prostíbulo, el bolichero, la fabriquera , la maestra, el viejo, irán realizando su exposición, y en ella primará una opinión relacionada con sus respectivos quehaceres. Unos y otros harán referencia a un barrio casi marginal en el que conviven de forma insegura, expuestos a las constantes crecidas del arroyo. Pero prima el progreso.
En la segunda parte se asiste a una asamblea de personalidades destacadas; el comisario, la seudoaristócrata, el dueño de la fábrica, escuchan a los técnicos que han comenzando las obras de entubamiento y aquí aparecen los pros y los contras de un trabajo que se está haciendo y que acarreará complicaciones posteriores. Las que sufre cualquier porteño hoy día, cuando Buenos Aires se inunda en tiempos de intensas lluvias.
Alicia Muñoz no juzga; simplemente expone, y hasta sin ponerse grave, y éste es uno de los logros de su material dramático.
Con el público involucrado
La puesta de Román Caracciolo valoriza un trabajo de actores y consigue que cada uno de sus intérpretes logre verdaderas composiciones. El director busca en ellos trazos seguros, y aunque cada uno va teniendo, en una y otra parte, intervenciones pequeñas, asoman personajes muy enteros y muy definitorios, como el comisario de Víctor Bruno, la maestra de Alicia Schilman, la dama de María Barrena, el empresario y el bolichero de Ricardo Díaz Mourelle, la fabriquera de María Figueras, el ingeniero de Alejandro Lodi, el doctor de Pablo Machado, la vecina de Vita Escardó, el rematador y el constructor de Osmar Núñez y el estudiante de Fernando Rodríguez.
El público está todo el tiempo involucrado en la acción; por lo tanto, tendrá la posibilidad de codearse con cada personaje y conocerlos más de cerca. Lo atractivo de esta experiencia es que después de pasar un buen momento, el espectador podrá reconocer cómo actuaban -en otro tiempo histórico- ciertos funcionarios gubernamentales y también reparar en el poder de las asambleas barriales. Claro, también de otra época. La última palabra la tiene el público.





