El arte de parecer Liza Minnelli

Alejandro Cruz
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26 de agosto de 2001  

"Forever Liza" , espectáculo creado por Frankie Kein y Manuel Arte. Coreografía: Peter La Fox. Iluminación: Ariel del Mastro. Sonido: Osvaldo Mahler. Vestuario: Kein y Arte. Dirección general: Frankie Kein. Teatro El Nacional.

Nuestra opinión: bueno.

Liza con K, de Frankie Kein. Liza en las manos de este cubano que de la imitación de esta diva ha hecho su carta de presentación más importante. Es más, hasta podría afirmarse que encara la versión más perfecta entre aquellos transformistas que suelen poblar la escena calzándose una peluca negra con flequillo. Y como hace 28 años que viene haciéndolo, hay tics de la hija de Judy Garland y Vincent Minnelli que se confunden en sus propios movimientos, en su andar, en su gesticulación. Después de tantas tablas, ya no se sabe si el camino es de ida o de vuelta.

El espectáculo que presenta en El Nacional está armado con las escenas culminantes de diversas comedias musicales que interpretó la diva. Sin embargo, el momento culminante de "Forever Liza" se produce cuando el actor se saca la peluca de Minelli y se limpia el maquillaje con una toalla blanca, como es tradición en sus representaciones. En ese momento, ese paño cubierto de rastros de maquillaje parece ser la síntesis más perfecta y emotiva de ese camino de ida y vuelta. La huella más preciada en el cruce de identidades entre el ser imitado y el imitador. Y ese mínimo gesto se convierte en la situación dramática de mayor peso, la más personal.

Porque la imitación en sí misma, clave en este trabajo, tiene sus limitaciones, salvo que el imitador intente una relectura (sea paródica o irónica) del original. Un camino que no es el de Kein y Manuel Arte, su compañero, quienes apuntan a la reproducción casi milimétrica de esa Liza que deslumbró al público en las décadas pasadas. La Liza de "Cabaret" o de "New York, New York" que poco tuvo que ver con la Liza que el público conoció en Buenos Aires hace pocos años. Una señora que apenas tenía destellos de aquella genialidad y ese talento volcánico que supo cautivar al público de varias generaciones.

Es que el tiempo pasa para todos, también para Kein y Arte. Hasta produce transformaciones extrañas. Tanto es así que cuando Manuel Arte hace de Joel Grey, el coprotagonista de "Cabaret", se lo puede leer como un personaje casi grotesco.

Visto desde otra perspectiva, el espectáculo posee una pátina de ternura y entrega. Quizás aquella que llevó a estos dos artistas a representar las escenas o temas más conocidos en la exitosa carrera de varias divas del mundo del espectáculo.

Más allá de estos aspectos, a fuerza de talento y capacidad de observación, Frankie Kein se apodera del andar de Liza, de sus muecas, de sus pasitos cortos, de su manía de acomodarse el flequillo insistentemente o de esas rodillas que caprichosamente se juntan.

Así llega a esta Liza con K de Frankie Kein. Esa Liza que el público aplaude como si en el escenario de El Nacional estuviera la mismísima diva cantando y bailando los mejores momentos de "Chicago", "Víctor Victoria", "It´s a miracle", "New York-New York", "The act", "A chorus line" y -por supuesto- "Cabaret". Kein y Arte tienen otros muy buenos escuderos. Por empezar, se presentan en un sala, El Nacional, con un excelente planta de luces y un archivo escenográfico que viste al espectáculo, que le da el despliegue que requiere un show de este tipo.

El dueto está acompañado por un profesional cuerpo de baile (mejor el cuarteto masculino, encabezado por Darío Petruzio) que le da a "Forever Liza" el esplendor que requiere.

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