
El centroforward murió al amanecer: una feroz y esclarecedora sátira sobre el sometimiento del poder
La obra adaptada y dirigida por Pablo Gorlero se presenta en Andamio 90
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Autor: Agustín Cuzzani. Adaptación y dirección: Pablo Gorlero. Intérpretes: Junior Pisanú, Gabriel Galíndez, Camila Truyol, Marcelo Rodríguez, Santiago Lozano, Sebastián Dartayete, Mariel Rueda, Mariano Sgallini, Ezequiel Martelliti, Ivana Averta, Enrique Iturralde, Tomás Madina, Diego Semino, Marcelo La Valle, Jonathan Yoffe. Voz en off: Víctor Hugo Morales. Coreografía: Marina Svartzman. Vestuario: Luis Skupien. Iluminación y música original: Agustín Bandi. Sala: Andamio 90 (Paraná 660). Funciones: viernes, a las 20.30. Duración: 95 minutos. Nuestra opinión: Muy buena
En el mismo escenario que el año pasado presentó la clásica pieza de Carlos Gorostiza, de 1958, El puente, en una muy interesante puesta en escena, Pablo Gorlero dio a conocer ahora, con adaptación propia, otra obra señera de la dramaturgia argentina: El centroforward murió al amanecer, que Agustín Cuzzani (1924-1987) presentó en 1955.
Definida como una farsa-sátira, la obra de Cuzzani, en la versión de Gorlero (periodista, dramaturgo, director, escritor e investigador), se convierte en una sátira feroz y esclarecedora, a la vez que una muy interesante y subrayable alegoría sobre el sojuzgamiento y el sometimiento que los poderes de turno, cualquiera sea el país o Estado, ejercen sobre el ciudadano común.
Acá el “chivo expiatorio” o la víctima propiciatoria es un jugador de fútbol, figura clave de un club de barrio, el Nahuel Athletic Club. Su nombre es Arístides “Cacho” Garibaldi, el Messi de la institución y el centroforward del título, al que idolatran los fanáticos.

El conflicto que desencadena la tragedia de esta historia estalla cuando los acreedores reclaman a la entidad deportiva el pago de sus deudas y se decide “vender”, como si fuera en una subasta, precisamente a Garibaldi. El que, como una pieza exótica de un museo, es comprado por un atildado millonario privado, de nombre Lupus. El mencionado es un coleccionista, pero no de cuadros, sino de seres humanos que se destacan en alguna actividad. Así en su mansión, convertida casi en una cárcel, conviven, entre otros, un actor famoso, una bailarina, un médico y un luchador de catch. El nuevo es Garibaldi, el que muy ingenuamente cree que Lupus lo compró para un club de fútbol. Pero no es así. El millonario lo adquirió para encerrarlo en su mansión y exhibirlo como trofeo. Cuando “Cacho” se enamora de la bailarina, que habita la casa-cárcel, Lupus ve una nueva oportunidad y fantasea con que los hijos del jugador de fútbol y la joven se conviertan en los representantes de una raza privilegiada.
Pero claro, no todas son rosas para el millonario, porque las víctimas a veces se rebelan, aunque tengan que pagar con sus vidas. El desenlace es mortal y está ilustrado mediante una horca erigida en la plaza mayor del lugar.
Gorlero construye una absurda y excelente alegoría sobre los “buenos y los malos”. Digamos que su adaptación alude a un lúcido acercamiento a las vertientes del “teatro político”. Su puesta en escena adquiere rasgos de una gran lucidez, en lo que respecta a guiar a sus intérpretes por los caminos más sutiles, pero certeros en la construcción de sus personajes, a los que obligó a moverse en un escenario totalmente despojado, para que resplandezca con luz propia un equipo de valiosos recursos dramáticos. De este modo su excelente grupo actoral, se desliza por las vertientes de la comedia absurda, a la vez que aluden por su riqueza de matices a criaturas escapadas de un cómic. Detalle este último que actores de la talla de Mariel Rueda, Santiago Lozano y Enrique Iturralde los interpretan con soltura y hasta provoca en ellos mismos una muy grata diversión, que mantiene expectante y despierta entusiasmo en la platea. Mientras que en otros registros más realistas y alegóricos destacan Marcelo Rodríguez, el que dibuja a un exquisito vagabundo filósofo, mientras que el incomprendido “Cacho” Garibaldi, es actuado por Junior Pisanú.
Muy acertada es la reposición con una nueva puesta en escena y adaptación de El controforward…, porque permite que el teatro argentino vuelva a brillar con una luz propia que divierte y deja su moraleja.



