El Cervantes cumple 80 años
Bellísimo y con rica historia, el teatro no luce hoy sus mejores galas: padece por la falta de presupuesto y de público
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El Teatro Nacional Cervantes cumple 80 años y en esta celebración hay que festejar algo más que un nuevo aniversario.
En primer lugar, es el único teatro nacional del país, sin embargo, no es tratado con el cuidado y la dedicación que merecería por ser hijo único. Avala la jerarquía de su nobleza, una arquitectura que es una joya edilicia inigualable, por más de un motivo.
Ya debería ser conocida por todos los argentinos la historia de su gestación, por iniciativa de la compañía de actores María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza, pero lo que probablemente se desconozca es que, para la ornamentación de esta sala, trabajaron más de una decena de ciudades españolas.
La fachada es una copia de la Universidad de Alcalá de Henares, Valencia realizó los azulejos y los damascos; La Bisbal, las losetas rojas del suelo que sirven de fondo al bordado en colores de los pequeños mosaicos de esmalte. En Ronda se tallaron las puertas de los palcos; en Sevilla, las butacas de la platea, los bargueños de los antepalcos, los espejos, los bancos, la rejería, los herrajes; en Lucerna, candiles, lámpara, faroles; en Madrid, los tapices, los cortinados y el telón de boca con el escudo de la ciudad de Buenos Aires, realizado por la Real Fábrica de Tapices; de Toledo llegaron rejas copiadas de la casa del pintor El Greco, en Valencia se pintó la tela del techo de la sala, que lamentablemente se ahumó en el incendio de 1961, y así, muchas otras artesanías irreemplazables.
En este legado artístico reside el valor del Cervantes, y lo que hay que celebrar a estas alturas de su vida es que no haya sucumbido ante la indiferencia gubernamental.
Llegó a cumplir los 80, aunque no con sus mejores galas. Después de sobrevivir milagrosamente a un nefasto incendio (no llegó a tocar la sala, gracias al telón de amianto), ocurrido en 1961, y al abandono al que lo condena la falta de un presupuesto adecuado para su mantenimiento, la fachada que da a la avenida Córdoba muestra desde hace años una lamentable cicatriz de ladrillos a la vista, picada intencionalmente para detener el avance de la humedad en el subsuelo; además, el Salón Dorado (bautizado Luisa Vehil) está a medio terminar, entre otras menudencias de este estilo.
Si aún se esfuerza por mantener su gallardía y disimular el deterioro, es gracias al cuidado y la atención que le deparan todos los empleados del teatro, auténticos curadores del edificio.
En estos momentos, en las oficinas de la dirección, ubicadas en el 5° piso del edificio nuevo, se está realizando una lavadita para que pueda sentirse digno de la celebración. Raúl Brambilla, el director del Cervantes no se queja de que su despacho se encuentre cubierto con el polvillo del rasqueteo y estén trabajando pintores y albañiles.
Participa del entusiasmo del festejo, que se realizará hoy, a las 21. "Es un acontecimiento para celebrar -dice Brambilla-. Hemos hecho un video con nuestra gente de Audiovisuales y hemos apelado a la colaboración de actores. Armamos un acto austero, pero muy emotivo. Será una ceremonia teatral, sin discursos. Por un lado, habrá un festejo, pero, por el otro, es necesario tener una reflexión continua y constante. La estructura administrativa del Cervantes tiene que ser renovada. Ya que se habla de modernización del Estado, habría que darle a cada institución el enfoque articular que le corresponde. Un teatro tiene necesidades y funcionamientos específicos. En ninguna ley o estatuto que se refiere al teatro figura la palabra producción. Como si la palabra, dentro del Estado, causara escozor. ¡Si en el teatro lo que se hace son producciones! Si no llegamos a reglamentarlas como corresponde, siempre vamos a estar haciendo producciones por el lado donde no se puede. Producción implica inmediatez, necesidades imprevistas que no están consideradas. Hay que solucionar este tema. Hacen falta leyes especiales para que el desenvolvimiento sea efectivo. También es necesario hacer una reflexión profunda: hacia dónde se apunta con la cultura pública. Un teatro público debe brindar un servicio cultural: espectáculos de la mejor calidad con el menor valor de entrada. Esta es la clave y en esto estamos."
-¿Cómo responde el público?
-No tenemos un presupuesto para publicidad o promoción, entonces es muy difícil informar al público que con entradas de cuatro pesos se puede ver un buen espectáculo, con críticas elogiosas. De cualquier forma, con "El día que me quieras", de Cabrujas, e "Israfel", de Abelardo Castillo, hemos tenido público. Estoy luchando para tener un espacio en Canal 7, pero no es fácil.
-Para todos los directores que han pasado hay una preocupación constante: el estado edilicio.
-El Cervantes, desde 1996, es Monumento Histórico Nacional. Es bárbaro porque lo preserva, pero hay que asignarle una partida necesaria. Al declararlo en esta categoría, si hay algún problema no se puede arreglar, hay que restaurarlo, y son costos muy altos. Si hay decisión de declararlo monumento, a la par tiene que estar la decisión de preservarlo. Si no se produce el efecto contrario, casi es condenarlo. Una puerta no se puede barnizar o cambiar: tienen que trabajar los especialistas para restaurarla. El edificio se ha deteriorado y no hay que dejar que se deteriore más. Ahora depende de la Dirección Nacional de Patrimonio, Museo y Arte, a cargo de Liliana Barela, y de la Comisión Nacional del Museo. Todos tienen que tener una presencia activa. Estamos haciendo un relevamiento del estado del edificio, tanto de la estructura como de los ornamentos. Incluye la fachada que está en la avenida Córdoba, que está con arreglos interrumpidos, y la recuperación de espacios internos que están en desuso. Por ejemplo, el Patio Andaluz sufrió un incendio y es peligroso. Arreglado se podría habilitar para una nueva sala. Todo esto no se puede reparar con el presupuesto del Cervantes, que no tiene partida para mantenimiento. Liliana Barela nos está prestando atención y tenemos el proyecto de arreglar todos los espacios que dan a Córdoba. Luego trataremos de conseguir sponsors. También hay arreglos para hacer en el edificio nuevo, que no es monumento histórico, pero mantiene la infraestructura del teatro. La caldera no funcionaba; el aire acondicionado, tampoco; los escenarios estaban deteriorados; los ascensores, obsoletos. Con sacrificios, los hemos renovado. El sistema de iluminación es nuevo en la sala Orestes Caviglia y este año esperamos hacerlo en la sala grande (María Guerrero). Otra de las cosas que tenemos que arreglar son los ascensores técnicos, que no andan.
-¿Cómo los afecta el recorte?
-No sólo en los sueldos, sino también en los presupuestos de producción. Hubo que levantar algunas obras. Teníamos pensado traer al Piccolo de Milán, pero no lo podemos hacer. El encuentro regional que se hacía en diciembre lo pasamos a febrero para que no afecte la partida de este año. También hay ajustes en las producciones, pero de la programación oficial se mantiene todo.
-¿Qué pasará el año próximo?
-Estamos pensando. Tenemos un techo presupuestario, del cual debemos dejar un margen para no estar ahogados después. Si conseguimos producciones podremos seguir programando. Si no, va a ser muy difícil tener el telón alzado. Nadie desconoce que hay una crisis, pero hay que tener un piso, porque sin él no se puede proyectar.
Los amigos
El 19 de junio de 1984, por iniciativa del entonces secretario de Cultura de la Nación Carlos Gorostiza, se creó la Asociación Amigos del Teatro Nacional Cervantes, con objeto de poder dar cumplimiento a iniciativas que no encontraban eco en los cauces naturales. Algunas de las concreciones fueron las obras de reconstrucción en la sala Orestes Caviglia y el Salón Dorado, pudiendo sortear las complejas estructuras burocráticas del Estado. Asimismo, se creó el premio María Guerrero para distinguir la actividad teatral, emprendimiento al que se sumó la embajada de España.
Diez fechas cruciales en una larga historia
9 de enero de 1920
El Concejo Deliberante, después de nueve meses de deliberaciones, autoriza la construcción del Teatro Cervantes en el predio de Córdoba y Libertad.
5 de septiembre de 1921
Se inaugura el Teatro Cervantes, propiedad de María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza.
1926
Enrique García Velloso propone al Estado argentino, bajo la presidencia de Marcelo Torcuato de Alvear, la compra del edificio.
1936
Se crea el Teatro Nacional de Comedia.
1956
Se crea la Comedia Nacional Argentina
10 de junio de 1961
Un incendio destruyó gran parte del teatro. La sala se salvó porque pudo ser accionado el telón de amianto, sólo se aumó la tela pintada del techo.
31 de agosto de 1961
La Comedia Nacional Argentina pasa a representar en la sala del Teatro General San Martín.
17 de agosto de 1968
Totalmente restaurado, se reabre el teatro Nacional Cervantes.
26 de octubre de 1995
Es declarado Monumento Histórico Nacional.
1° de enero de 1997
El Teatro Nacional Cervantes -por iniciativa de Pacho O´Donnell, entonces secretario de Cultura de la Nación- obtiene la autarquía.




