El despertar sexual menos deseado
Cómo aprendí a manejar, con Gabriela Toscano
1 minuto de lectura'
Cómo aprendí a manejar, de Paula Vogel, en versión de Fernando Masllorens y Federico González del Pino. Intérpretes: Gabriela Toscano, Gustavo Garzón, María José Gabín, Abian Vainstein y Mariana Melinc. Diseño de escenografía: Carlos Rivas y Fernando Dopazo. Diseño de vestuario: Goga Dodero. Diseño de iluminación: Fernando Dopazo. Dirección: Carlos Rivas. En el Lorange. Duración: 110 minutos.
Nuestra opinión: buena
La estimulación de la sensualidad y el despertar sexual de una preadolescente es el planteo de esta propuesta de Paula Vogel, con el agravante de que es el propio entorno familiar el responsable de esta prematura iniciación erótica.
Chuchi es una niña que se ve agraviada por los comentarios que realiza su abuelo sobre sus atributos físicos, incomodidad que se ve agravada por los temores que le infunden sobre el sexo su madre, una mujer que quedó embarazada en una noche de placer, y su abuela, una anciana para quien el matrimonio es sólo un compromiso sin sentimientos. Junto con ellos, la tía, hermana de su madre, y su marido, Pico, que es el que se permite fantasear con la niña para alcanzar la categoría de coprotagonista.
El tema así planteado es ríspido y duro, y trata de buscarse en el humor de algunas situaciones, en muchas ocasiones ridículas, el paliativo a esta percepción. Pero se logra a medias si uno puede desprenderse de ese abuso psicológico al que se ve sometida Chuchi, situación que también se hace evidente entre sus compañeros de colegio.
Por eso no extraña que acepte la invitación de su tío para aprender a manejar, como si fuera una metáfora del aprendizaje vital que toda persona tiene que encarar, especialmente en la adolescencia. Muy especialmente, el texto escapa de situaciones abusivas explícitas, pero la perturbación infantil se hace patente en la interpretación de Gabriela Toscano.
Cuestión de estilos
Para desarrollar este tema, Paula Vogel elige un estilo que coloca a la obra más cerca de la novela que del hecho teatral.
Concebida como una narración, es poco lo que se resuelve como acción dramática, percepción acentuada cuando se convierte al espectador en el interlocutor del drama.
Dentro de la estructura, la autora recurre a saltos en el tiempo, hacia el pasado y hacia el futuro, lo que ayuda a crear confusiones con respecto a la cronología de la historia.
Este recurso de salir del personaje para dirigirse al público como narradora es realmente un factor de riesgo para la actuación. En este sentido, puede decirse que Gabriela Toscano, quien lleva el peso de la narración, sale airosa de igual manera que María José Gabín, secundadas eficientemente por Abian Vainstein y Mariana Melinc. En cambio, Gustavo Garzón cae en una interpretación que no ofrece matices, y se instala en una cuerda monótona.
Desde la dirección, Carlos Rivas resuelve la puesta con objetos imaginarios que se insertan apropiadamente, pero parece haber descuidado el ritmo de la obra que en varias ocasiones entra en mesetas discursivas que afectan la acción misma y que sólo la actuación puede sostener.






