El enfermo imaginario: la mejor versión de un gran clásico de Molière

Crédito: Carlos Furman
Susana Freire
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14 de junio de 2019  

Libro: Molière / Elenco: Michael Didym, Elizabeth Mazev, Pauline Huruguen, Catherine Matisse, Bruno Ricci, Léo Grange, Jean-Marie Frin, Barthélémy Meridjen y Didier Sauvegrain / Dirección: Michel Didym / Teatro: San Martín / Funciones: hasta el domingo 16 / Duración: 140 minutos / En francés, con subtítulos / Nuestra opinión: muy buena

Esta versión de El enfermo imaginario es una de las más completas que se han ofrecido en el Teatro San Martín y lo hace de la mano de actores franceses del Centre Dramatique Nacional Nancy-Lorraine, La manufacture; y de los teatros franceses de Estrasburgo, Lyon y Lieja (Bélgica).

El XVII francés fue un siglo que amó el teatro. Y Molière dominó el registro cómico de la escena en Francia durante ese siglo, como autor, como director y como actor, inventando procedimientos e introduciendo en los tres ámbitos modos de comicidad dispersos en otras tradiciones. Hasta este momento, las obras que se ponían en escena eran esencialmente tragedias y tragicomedias, y entre ellas brillaban las de Racine y Corneille. Molière mismo empezó representando tragedias con su primera compañía: El Ilustre Teatro. Pero hacia mediados de siglo, la influencia del teatro español de Tirso de Molina, Calderón y Lope de Vega se hizo sentir sobre la pluma de Molière.

De la comedia española, Molière incorporará sobre todo la figura del gracioso, ese criado que con sus ocurrencias complica tanto como ayuda a su señor. Molière es un catalizador de influencias y un crisol de ingredientes cómicos, pues en sus obras se suman procedimientos procedentes de la farsa y de la commedia dell'arte. De ambas fuentes se nutre El enfermo imaginario, que es, además, una comedia ballet. Argan es un gran hipocondríaco que vive pendiente de sus médicos, de los medicamentos y de los procedimientos invasivos que se le imponen para curar un problema del hígado. Esto sucede porque es un burgués muy rico, aunque no generoso, y su entorno vive de su peculio.

Fiel a sí mismo, Molière presenta a este enfermo imaginario con las mismas características maniáticas que caracterizan a otros viejos de las farsas del dramaturgo, con pinceladas de humor e ironía. En su delirio, este hombre cuidado por su esposa, Béline, una mujer deseosa de quedar viuda para poder disfrutar la herencia, acepta cualquier tipo de remedios y ordena con frecuencia que se le practiquen purgas y sangrías.

Es importante aclarar que el autor no se burla del miedo a la muerte o a la enfermedad que siente el protagonista, sino de su actitud obsesiva y de la ansiedad que lo conduce a una credulidad sin límites en lo que se refiere a los posibles remedios y tratamientos. En realidad, la intuición de Molière es que la enfermedad del viejo Argan es la neurosis obsesiva de la hipocondría. Con esa enfermedad psíquica y no física, el dramaturgo no tiene clemencia, hasta el punto de que parece incluso pensar que no es una enfermedad y sí una detestable manía.

Para desarrollar esta trama, el autor crea a un personaje ideal: Toinette, la criada, gran manipuladora e ingeniosa que logrará que el viejo tenga un momento de lucidez con respecto a su salud y pueda sacar de la angustia a una familia, sometida por sus caprichos, porque no se da cuenta de los engaños y las mentiras en los que se ve envuelto a causa de su obsesión.

En esta versión que presenta el director Michel Didym se acentúa el aspecto cómico de la trama y recurre a la farsa para dar énfasis a las características de algunos de sus personajes. Este recurso le da buenos resultados que se reflejan en la respuesta hilarante del público. En un marco escénico casi despojado, con muy poca utilería, se dispersa el matiz temporal, ayudado por un vestuario que combina la moda de antaño con la actual sin provocar distracciones. Enfatiza la categoría de comedia ballet con números musicales y de danza que tienen un valor semántico.

Finalmente, la actuación. Si bien el rango protagónico, a cargo de Didym, lleva el mayor peso, no se queda atrás Elizabeth Mazev, como Toinette, la criada, que lleva línea de acción hasta el límite que había sugerido Lope de Vega, el creador de Arte nuevo de hacer comedias. El resto del elenco responde a los lineamientos de los personajes, logrando composiciones muy convincentes y, en algunos casos, un alto grado de comicidad.

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