El humor cínico de Dürrenmat
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"El desperfecto", de Friedrich Dürrenmatt. Adaptación y dirección: Fernando Medina. Intérpretes: Alejandro Borgatello, Guillermo Lemos Alen, Marcelo Luchetti, Ariel Osiris, Hilda Rivas y Daniel Silveira. Vestuario: Aníbal Duarte. Escenografía: Miriam González y Pascual Criniti. En El Vitral.
Nuestra opinión: regular.
Considerado uno de los autores suizos de lengua alemana más importantes del siglo pasado, Fiedrich Dürrenmatt es un autor cuya producción está marcada por fuertes influencias de la vanguardias de los años 20. Dürrenmatt comienza a escribir en la década del 40 y su estilo mezcla valores de la sátira macabra y el humor cínico con un fondo moralizador, que para su época resultaba muy efectivo.
El Grupo La Rueca rescata en esta temporada "El desperfecto", pieza en la que un grupo de ancianos enjuicia, en el marco de una comida, a un solitario y desprevenido huésped, hasta llevarlo al borde de la muerte. Pero, a la vez, el autor está enjuiciando a la burguesía de su tiempo, cuestiona duramente los mecanismos de la Justicia y hasta provoca una fuerte reflexión acerca de las muchísimas interpretaciones que puede sugerir el discurso de una persona.
Preocupaciones
Desde lo formal, el espectáculo busca rescatar a fondo los valores dramáticos que sostienen el texto. Hay una fuerte preocupación, además, por rescatar una estética ligada con el surrealismo. En un ámbito muy sombrío, esos seres despreciables hacen de las suyas sin importarles el destino de los otros. Ese mundo es rico en imágenes.
Pero este planteo no encuentra su correlato en la actuación. Los intérpretes no terminan de descubrir el mejor camino que les posibilite hacer de sus personajes hombres más intensos. Por momentos provocan situaciones donde estalla una fuerte exasperación que resulta tediosa y quiebra con una tensión lógica con la que está estructurada la pieza.
Así sólo aparece reconocible un argumento, pero no las conductas que lo van a desarrollar, que, de por sí, tienen cualidades muy especiales. Por otro lado, esta puesta demuestra a las claras que el texto está un tanto envejecido, porque el juego que se propone deja de lado la intriga y esto hace que, apenas comenzado el espectáculo, ya se reconozca el final. C. P.
Considerado uno de los autores suizos de lengua alemana más importantes del siglo pasado, Fiedrich Dürrenmatt es un autor cuya producción está marcada por fuertes influencias de la vanguardias de los años 20. Comienza a escribir en la década del 40 y su estilo mezcla valores de la sátira macabra y el humor cínico con un fondo moralizador, que para su época resultaba muy efectivo.
El Grupo La Rueca rescata en esta temporada "El desperfecto", pieza en la que un grupo de ancianos enjuicia, en el marco de una cena, a un solitario y desprevenido huésped, hasta forzarlo a la muerte.
Pero, a la vez, el autor está enjuiciando a la burguesía de su tiempo, cuestiona duramente los mecanismos de la justicia y hasta provoca una fuerte reflexión acerca de la miles interpretaciones que puede sugerir el discurso de una persona.
Preocupaciones
Desde lo formal, el espectáculo busca rescatar a fondo los valores dramáticos que sostienen el texto. Hay una fuerte preocupación, además, por rescatar una estética ligada con el surrealismo. En un ámbito muy sombrío esos seres despreciables hacen de las suyas sin importarles el destino de los otros. Ese mundo es rico en imágenes.
Pero este planteo no encuentra su correlato en la actuación. Los intérpretes no terminan de descubrir el mejor camino que les posibilite hacer de sus personajes hombres más intensos. Por momentos provocan situaciones donde estalla una fuerte exasperación que resulta tediosa y quiebra con una tensión lógica con la que está estructurada la pieza.
Así sólo aparece reconocible un argumento pero no las conductas que lo van a desarrollar, que de por sí tienen cualidades muy especiales. Por otro lado esta puesta demuestra a las claras que el texto está un tanto envejecido, porque el juego que se propone deja de lado la intriga y esto hace que a penas comenzado el espectáculo ya se reconozca el final.






