
El incidente Nora
Ambientada en los años 40, muestra un trozo de la historia argentina
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AUTOR: EDUARDO NARVAY DIRECCION: MARCELO VELAZQUEZ INTERPRETES: VALERIA DE LUQUE, ROMINA FERNANDES, CAROLINA TISERA, EMMA RIVERA, EDUARDO NARVAY, JULIETA SELEM, GUSTAVO PARDI, SERGIO FERREIRO ESCENOGRAFIA: ARIEL VACCARO ILUMINACION: ALEJANDRO LE ROUX VESTUARIO: CARLA DESIDERIO MUSICA ORIGINAL: DIEGO CENTURION ASISTENTE DE DIRECCION: AUGUSTO MARTINEZ SALA: DELBORDE (CHILE 630) FUNCIONES: SABADOS A LAS 20.30. DURACION: 60 MINUTOS.
Nuestra opinión:muy buena
La acción de esta pieza transcurre en la década del 40. De aquellos tiempos de la década infame, el autor Eduardo Narvay extrae situaciones y personajes y los aproxima al presente tratando de mantener, con vitalidad, el estilo de un drama muy propio de la época y lo hace con notable calidad.
De la trama participan seres reconocibles: un grupo de mujeres de la alta sociedad, que entre mohines y sonrisas esconden envidias y traiciones. Unos políticos capaces de cualquier cosa con el fin de sostenerse en el poder. Una vidente convocada por las mujeres anuncia una muerte. Una sirvienta, cuya oscura conducta no permite que se la reconozca a fondo, completa ese conjunto de seres nada transparentes.
El incidente Nora resulta una precisa investigación escénica sobre toda una época social y política, sus protagonistas y la forma en que, en aquel tiempo, ellos eran llevados a la escena. Sin duda con cierta picardía, algo de lo que no escapaban los autores, actores y directores. En ese sentido, es muy preciso el trabajo del director Marcelo Velázquez. Sabe construir muy bien esa pequeña porción de una realidad porteña que se afianzó a mediados del siglo pasado. Y encuentra en el diseño de esos personajes una forma casi perfecta a la hora de reconstruirlos. Tanto que, hasta exalta lo intrincado que resultan esos mecanismos que utilizan, no sólo para relacionarse sino para dar mayor entidad a sus personalidades.
El drama, la comedia y el policial se combinan de forma muy ajustada en esta obra, y la acción progresa a un ritmo preciso. La sorpresa está presente de continuo, lo que aporta una cuota de interés extra.
Un elenco muy homogéneo (sus personajes muestran construcciones muy sólidas en lo interno y también en lo formal) da vida a esos seres patéticos. Muy glamorosos y altivos en un comienzo, van perdiendo poco a poco sus rasgos, casi majestuosos, para transformarse en criaturas humilladas por sus propias acciones. Tan ridículos como enfermos, todos terminan develando la caída dolorosa de un mundo que crearon con prepotencia y muchas intrigas.
El vestuario de Carla Desiderio, la escenografía de Ariel Vaccaro y la iluminación de Alejandro Le Roux resultan aporten técnicos muy valorables para completar y potenciar esa escena que, en este 2011, reconstruye un pequeño trozo de la historia argentina. Y no sólo por los acontecimientos que muestra sino, además, por la forma de llevar a cabo su representación.





