
El método Stanislavsky tiene sus bemoles
La columna del sábado pasado se ocupó brevemente de las objeciones formuladas al famoso método Stanislavsky de actuación, a raíz de una nueva traducción al inglés de El trabajo del actor sobre sí mismo, diario de un estudiante , donde el maestro ruso expone sus teorías. Esas objeciones parecen haber levantado una polvareda entre partidarios y adversarios del método en nuestro medio, donde fue aplicado y difundido sobre todo por Galina Tolmacheva -discípula predilecta de Stanislavsky y actriz de su compañía- desde su cátedra en la Universidad de Cuyo. Por eso, parece conveniente insistir en el tema, desde otro ángulo. En las mismas páginas del Times Literary Supplement del 12 de diciembre último, en el que se comenta la nueva traducción, se reseña otro libro, The Stanislavsky System of Acting , de Rose Whyman, especialista en el tema, del que Donald Rayfield, comentarista de ambos libros, suministra esta síntesis: "Un tercio del libro de Whyman es un excelente resumen de los principales conceptos del método. Otro tercio examina a los tres grandes directores y teóricos de la actuación que se apartaron de él: Vsevolod Meyerhold, Mijail Chejov y Evgeny Vajtangov". El resto es, al parecer, pura oratoria académica.
* * *
"Lo particularmente fascinante -opina Rayfield- es que esos tres rebeldes tuvieron la misma actitud totalitaria de Stanislavsky frente al elenco, en tanto adoptaban, sobre todo en el caso de Meyerhold, una filosofía teatral diametralmente opuesta. La fertilidad de Stanislavsky, al parecer, no está tanto en la perpetuación de su escuela, sino en su capacidad para generar escuelas antitéticas". El aserto contiene un ingrediente irónico, sin duda, al que habría que agregar otro: el hecho curioso de que el método (basado sobre la "memoria emotiva") recibiera, a fines de los años cuarenta, un formidable impulso en los Estados Unidos, a través del Actors Studio y, sobre todo, de sus egresados, que se dedicaron al cine. Fueron las imágenes de Marlon Brando, James Dean, Paul Newman, entre otros, las que incitaron a jóvenes aprendices de actores, en todo el mundo, a internarse en los complejos vericuetos del método.
* * *
El método no es, en modo alguno, desdeñable. Pero su exageración arriesga el ridículo. La más lúcida observación que escuchamos al respecto, ha sido la de Norma Aleandro: "Si cada vez que debo expresar una emoción recurro a mi memoria personal, a la larga estaré haciendo siempre lo mismo y privando al personaje de sus propios recuerdos".



