El mundo emotivo infantil
"El niño en cuestión" , de Ciro Zorzoli. Con Paula Barrientos, Javier Lorenzo, María Merlino y Diego Velázquez. En el papel de El Niño, alternativamente actúan Valentino Alonso, Lucas Krourer, Kevin Melnizky y Nicolás Rodríguez Ciotti. Colaboración artística y psicopedagógica: Guillermo Cacace. Música: Marcelo Katz. Preparación física: Carlos Trunsky. Iluminación: Eli Sirlin. Vestuario: Marta Albertinazzi. Escenografía: Diego Siliano. Dirección: Ciro Zorzoli. Duración: 60 minutos. Teatro Sarmiento.
Nuestra opinión: muy bueno
"El niño en cuestión", el trabajo que el director Ciro Zorzoli estrenó recientemente en el marco del ciclo Biodrama, es uno de los montajes, intelectualmente hablando, más coherentes de este proyecto, que va por su novena prueba. Para poder explicar esta idea es necesario recordar el marco conceptual que dio vida a este ciclo y la premisa de trabajo que aplicó Zorzoli, uno de los directores más sólidos del panorama local.
Por lo pronto, para Biodrama, proyecto creado por Vivi Tellas, un director/dramaturgo debe contar la vida de un argentino vivo. Algo que de diversas y creativas maneras ya hicieron teatristas de la talla de Daniel Veronese, Mariana Obersztern, Beatriz Catani, Analía Couceyro o Alejandro Tantanian, por nombrar a algunos.
A partir de esa premisa y las preguntas sobre la representación que se abren, Ciro inmediatamente pensó en narrar la vida de un niño con todo lo que ello implica. Por ejemplo, y según explicó en una nota publicada en esta sección, "quería poner en cuestión qué es lo que narra una vida tan corta y, por otro lado, quería capturar algo de lo real y llevarlo al escenario".
En su decodificación escénica no cuenta la cronología del niño elegido, sino que monta algunos momentos de su encuentro con el chico que ofició de disparador del trabajo. Esa narración no sigue una línea cronológica ni crece dramáticamente. Ahí, en escena, se montan retazos de un aquí y un ahora evocado.
Para darle vida, convocó a cuatro actores de unos nueve años que alternativamente "prestan" sus cuerpos para sumarse al juego de esa representación/experimento. Claro que ellos no saben nada del niño en cuestión.
Según esas dos consignas, la labor de Ciro y todos los que lo rodean (desde los actores hasta los encargados de los llamados rubros artísticos) es de un rigor y una solidez impecables. Podrían haber apelado a algunos recursos más efectistas, pero no.
El autor del proyecto convocó a cuatro excelentes profesionales (Paula Barrientos, Javier Lorenzo, María Merlino y Diego Velázquez) que se convierten en los provocadores de la acción, en los que juegan con las consignas que le tiran al niño y los que observan, evocan y juzgan desde el mundo de la adultez.
Los únicos privilegiados
Pero "El niño en cuestión" dispara hacia otros sentidos. Inexorablemente, uno de ellos tiene que ver con el mundo de la infancia. En ese aspecto, el trabajo despliega una línea evocativa cargada de ternura y melancolía.
Allí, en escena, está un niño, pero también están los niños que fueron Barrientos, Lorenzo, Merlino, Vázquez y el mismo Ciro Zorzoli. Y esa evocación tiene disparadores tan abarcativos como el miedo a la oscuridad o la forma que tiene el niño en cuestión en resolver el saludo a los adultos. Situaciones que, seguramente, hacen aflorar los recuerdos de nuestra propia infancia. De producirse esa empatía, el espectáculo circula por situaciones de una sensibilidad conmovedora.
En ese punto, es llamativo y digno de elogio que un director, que en sus trabajos anteriores incursionó en mundos oscuros lindantes con lo macabro (recordar "Living, el último paisaje" o "Ars higiénica), haya adoptado una línea tan distinta.
De todos modos, luego de presenciar el trabajo de Ciro Zorzoli, queda flotando una duda: ¿qué pasa con un espectador que desconoce la línea de trabajo que sirvió de sustento a este atractivo proyecto? Quizá con el correr de las funciones se pueda arribar a una respuesta más clara. A lo sumo, cabe lamentar que en el programa de mano no se haya explicado más el entramado. Quizá de esa manera se hubiera ayudado al espectador a profundizar en las múltiples lecturas que dispara este trabajo de neto corte experimental. Pero eso es otra cuestión.
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