El Odin, una usina para el nuevo teatro

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23 de enero de 2002  

HOLSTEBRO, Dinamarca (Especial).– Al noroeste de Copenhague, apenas a 300 kilómetros de la ciudad capital, está Holstebro, una ciudad que hace 37 años decidió invertir parte de su presupuesto en una iniciativa teatral que elaboró Eugenio Barba: un espacio dedicado al teatro comunitario, no sólo porque está cedido y subvencionado por la comunidad, sino también porque toda su concepción edilicia apunta a esa relación entre “el yo y los otros”.

El Odin Teatret es un conjunto de edificios construidos por los miembros del grupo, instalado sobre un terreno cedido por la ciudad, donde antes funcionaba un establo de vacas y un porquerizo, antecedente que se delata por los fuertes aromas en los días de calor. Hoy, además de las oficinas administrativas, el Odin Teatret cuenta con cuatro salas no convencionales de variadas dimensiones: a la blanca (la mayor) le siguen en tamaño la negra, la roja y la azul; además, un salón de música, una biblioteca, una salita de video, el vestuario, un taller y entre todos estos espacios, otros dedicados a la vivienda.

Organizado para recibir grupos o individuos de otros países, los dormitorios se dividen por la cantidad de camas: individuales, dobles y para grupos. Además, Eugenio Barba hizo construir una torre dedicada a la memoria de Sanjukta Panigrahi, lugar de reunión para la discusión y la reflexión.

Cada una de las habitaciones brilla por su austeridad. Casi con un concepto monacal, son ambientes reducidos con una cama y un escritorio, donde predomina el orden, la limpieza, la claridad y sobre todo el olor de la madera de pino, madera casi exclusiva en la construcción.

En la ordenada rutina escandinava se mezclan no sólo las voces, sino también los idiomas: danés, noruego, inglés, italiano, galés y por ahí resuena la voz de Rina Skeel, la argentina del grupo, que hace 16 años se instaló en este país y coordina las actividades del Odin.

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Los que trabajan en el Odin cuentan también con una cocina donde cada uno se prepara su almuerzo. La larga mesa de la biblioteca sirve para matizar la comida con el diálogo común. Pero Barba quiso intensificar aún más la idea de grupo. No pretendía que sólo fuera una suma de hechos artísticos, sino también un campo para desarrollar valores éticos, y esto se nota cuando se tiene la posibilidad de convivir con el grupo durante diez días.

Cada uno de los integrantes, actores, técnicos y administrativos tiene un sueldo que le paga la ciudad. Por lo tanto, además de la tarea creativa, deben asumir otra labor que cumplen dentro del horario de 8 a 14: administrar las actividades del Odin, organizar las actividades de la Ista (International School of Theatre Anthropology), que también dirige Barba, las giras internacionales. Además, cada uno tiene asignadas tareas diarias para la limpieza y mantenimiento de todas las instalaciones. El resto del día es para la actividad teatral.

En este sentido, no sólo el Odin Teatret prepara sus nuevas producciones sino que también recibe, como gentil anfitrión, a otras compañías. Así pasaron el Teatrolaboratorio de Grotowski, Dario Fo y Franca Rame, Los Hermanos Colombaioni, Madeleine Renaud y Jean-Louis Barrault, el Teatro Tascabile de Bergamo, Cuatrotablas de Perú, Sanjukta Panigrahi, el Teatro de Pekín, el Teatro Potlach, el Teatro Taller de Colombia, la Compagnie du Hazard, La Fanfarra de España, Yuyachkani de Perú, el Teatro Om, La Mamma USA, Candelaria de Colombia, Teatro Núcleo, Libre Teatro Libre, de la Argentina, a los que se sumaron elencos de Europa, Asia y América.

Así, el Odin se convierte en un crisol teatral donde cada individuo aporta sus experiencias y vivencias. Las variedad de regiones que se encuentran representadas en este complejo teatral sirve también para la comprensión de los pueblos.

Lo más importante es que el paso por el Odin Teatret refuerza la idea de que el teatro es la suma de todos los esfuerzos y que la disciplina y la solidaridad son monedas de alto valor que escapan de las cotizaciones mercantilistas para centrarse en un único interés: el enriquecimiento humano a partir del crecimiento artístico.

Un ejemplo que se imita

La creación del Odin Teatret en Holstebro sirve a su vez de ejemplo para otras comunidades danesas que se están esforzando por emular a esa ciudad: tener su propio elenco teatral. Y para facilitar el engranaje que ponga en marcha la creación de nuevos elencos, el Odin abre las puertas de su casa para recibir a grupos de ciudades cercanas, lo que a su vez permite tener una continuidad de espectáculos.

El Teatro Om, de la cercana población de Vinderup, a 15 kilómetros de Holstebro, tuvo la oportunidad de presentar durante tres noches “Memento”, una realización grupal dirigida por la serbia Jadranka Andjelic, con escenografía de la italiana Antonella Diana, vestuario de la galesa Judith Parson, e interpretada por Sandra Pasini (italiana), Ana Woolf (argentina), Hisako Miura (japonesa), María Mänty (finlandesa), Annemarie Waagepetersen e Ingrid Hvass (danesas).

En este grupo también predomina la fusión de lenguas: italiana, japonesa, danesa, serbia, finlandesa y castellana. Integrado por mujeres que interpretan en su idioma original, la agrupación busca en la preparación de la obra la forma de transmitir emociones que superen la barrera del idioma. Y lo logra, al encarar, cada quien desde su idiosincrasia, una problemática que si bien es particular llega a alcanzar una proyección universal.

La directora serbia Jadranka Andjelic desde hace diez años trabaja con cierta regularidad en Dinamarca, pero en los últimos tres años, por problemas políticos, está casi asentada en este país. El tema de la guerra, de la búsqueda de nuevos horizontes para vivir en paz y en libertad, es una constante en “Memento”.

“Pienso que mi situación actual –dice la directora–, conviviendo con otras personas de distintas nacionalidades me permite comprender que los problemas de los demás son situaciones similares a la mía. Recuerdo que hace diez años, cuando se inició la guerra en la ex Yugoslavia, fue un momento muy fuerte porque siempre pensábamos que la guerra era una cosa lejana. Lejana, lejana, pero llegó. Si bien esta es una problemática personal, en un mundo multicultural, es un peligro que puede acechar cualquiera. Esto se trata de reflejar en «Memento», aunque se hablen diferentes lenguas. Aunque el público no entienda el idioma, entiende perfectamente la situación que se vive.”

También el Odin acogió al grupo de danza teatro Ingrid Kristensen & Co., que presentó “Autolibido”. El grupo oriundo de Odense, ciudad donde nació Hans Christian Andersen, fue creado por la argentina, rionegrina para mayores datos, Ingrid Kristensen, radicada en Dinamarca desde 1987.

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