
El que vence a la muerte
"El resucitado", basado en el cuento "La mort d´Oliver Becaud", de Emile Zola, en versión libre de Roberto Villanueva. Con Lorenzo Quinteros y Daniel Zaballa. Reconstrucción escenográfica: Marta Albertinazzi. Dibujos proyectados: Eduardo Stupía. Banda de sonido: José Páez. Elementos escénicos: Carlos Del Giudice. Títeres: Graciela Casaball. Dirección: Roberto Villanueva. En Andamio 90, Paraná 660. Funciones: los sábados, a las 22.30, y los domingos, a las 19.30.
El cuento "La mort d´Oliver Becaud", en versión libre de Roberto Villanueva, desarrolla una de las pesadillas mejor "rankeadas": la de un hombre, un tal Oliver, que es enterrado cuando todavía está vivo. A lo largo del trabajo se va desplegando cada una de las situaciones con enorme contundencia hasta llegar al mismo martillazo que cierra el cajón, los tenues sollozos que vienen de un afuera cada vez más lejanos y el terrible silencio.
Pero en el relato de Emile Zola (1840-1902) el enterrado se toma revancha y no logra escapar de esa pesadilla. Claro que otra vez en el mundo (de los vivos) su propio mundo es otro. De alguna manera, es el muerto el que vence a la muerte, el que vence al dictamen científico. En la versión de Villanueva aparece un personaje, El Otro, que obliga a Oliver a contar esta historia en una feria de pueblo como una atracción más. El Otro le marcará los pasos como si fuera un apuntador casi macabro que lo hace evocar minuciosamente cada uno de los pasos. Allá está su esposa. En el otro rincón, su vecina. Y en un segundo plano un hombre que ocupará un lugar protagónico en la vida de su amada esposa.
Décadas después
"El resucitado" fue estrenada en España durante la temporada de 1981 por Roberto Villanueva, director y encargado de la versión, y Lorenzo Quinteros, como Oliver. Un año después volvían a Buenos Aires justamente con esta obra. Es de suponer que en aquel momento el espectáculo adquiría otras significaciones. De última, el país enterrado era el nuestro y los resucitados eran los que regresaban del destierro como ellos mismos, luego de los años de terror. Pero a la luz de este presente, los vínculos con la actual realidad parecen más difusos (aunque no existentes).
"El resucitado" es casi un espectáculo de valijas. No sólo porque ellas estén en escena apenas comienza el relato, sino también por la economía de recursos que hace suponer que todo entra en un baúl.
Villanueva pinta un escenario despojado y será el mismo Quinteros/Oliver quien irá poblándolo con sus propias vivencias ante la mirada atenta de esa especie de domador que terminará integrado al relato. Y si bien el asfixiante texto recrea un imaginario siempre latente en cualquier espectador, por momentos está tan al borde del registro dramático que habilita al humor negro.
Quinteros, como Oliver, carga con el peso central del montaje. Y sea por oficio o por el manejo de un texto que conoce desde hace años, habilita una amplia gama de recursos actorales.
Con menor exigencia, Daniel Zaballa, como El Otro, le sigue los pasos con convicción. Ellos serán los encargados de dar vida a una historia especial para oídos atentos.
En definitiva, "El resucitado" no es ni más ni menos que un excelente cuento y todo (la dirección, la puesta y las actuaciones) está puesto para que la historia de este resucitado se pueda escuchar con atención.







