
El regreso sin gloria al pasado
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"Bienvenido, Sr. Mayer", de Juan Freund. Intérpretes: Roberto Ponce, Isaac Fain, Isabel Caban, Melisa Freund, Betty Dimov, Ester Fleischman, Julio Marticorena, Pablo Sorensen, Sammy Lerner, Eduardo Wigutow, Daniel Toppino, Arnoldo Schmidt, Horacio Minujen. Música original: Sergio Vainikoff. Diseño de escenografía y vestuario: Alberto Bellatti. Diseño de iluminación: Miguel Morales. Asistencia de movimiento: Laura Wigutow. Asistencia de dirección: Paola Figueroa. Dirección y puesta en escena: Daniel Marcove. En el IFT.
Diferentes tiempos históricos, diferentes realidades sociales se van cruzando en el texto de Juan Freund, con una única intención: tratar de encontrar la verdad sobre la propia identidad y a la vez reconocer el espíritu de un tiempo político conflictivo que, alguna vez, fue determinante para que esa identidad se trastocara y hasta se perdiera.
El nazismo en Alemania, la última dictadura militar en la Argentina. Un padre judío que llegó a este país huyendo de los campos de concentración y un hijo que en tiempos dictatoriales pierde la vida. Luego de ese hecho, el mayor, ya sin historia reconocible aquí, decide volver a la ciudad de su infancia. El pasado que recuerda y redescubre en Alemania se va mezclando con un presente inesperado. Entre uno y otro tiempo, el personaje -el Sr. Mayer- intenta ser algo más que un mero individuo que retorna a una sociedad que -de alguna manera- lo expulsó. ¡Qué difícil lograrlo!
Freund es muy fuerte en su cuestionamiento a la hora de marcar la verdad de un núcleo social que hoy recibe al que ha faltado durante tanto tiempo. Sus actitudes y conductas son reconocibles, aceptables y también pueden ser rechazadas de plano.
Mirada inquisidora
El autor es un observador agudo y crítico, aunque dramáticamente no profundiza lo suficiente como para conocer su opinión de manera determinante. Expone una realidad, unos personajes, un mundo contemporáneo contradictorio y lo hace con unas pinceladas muy firmes. Hay dolor en esos trazos y por eso el material trasciende una sensibilidad conmovedora.
En su puesta, el director Daniel Marcove acentúa ciertas contradicciones y a la vez construye un friso social muy firme que posibilita al espectador tomar contacto con esa realidad muy lentamente. Cada escena se desarrolla en un tiempo muy particular en el que, sobre todo, las palabras van conduciendo una trama compleja y por momentos muy cruel. Pero no hay efectismo en esa traslación de momentos a la escena.
Aunque un tanto heterogéneo el elenco da vida a una variada gama de personajes muy simbólicos, a veces, y lo hace con buenos logros. Cada uno de ellos aporta una segura intención, un rasgo sutil, una carga de verdad que hace crecer la historia.
Desde el comienzo, el marco escenográfico de Alberto Bellatti ubica al espectador en un tiempo que duele recordar y, de ahí en más, no hay posibilidad de escapar al pasado.





